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Bipartidismo escamochado

EL PAÍS EL PAÍS 25/05/2014 Joaquín Prieto

La suma de los partidos que se han alternado en el poder en España, PP y PSOE, no alcanza ya el 50% del voto emitido en las elecciones europeas celebradas ayer. Es verdad que faltaron a la cita con las urnas la mayoría de los electores convocados, pero eso no resta valor político al castigo sufrido por las dos fuerzas principales por su gestión sucesiva de cinco años de crisis económica, convertida ya en abierta crisis política. El PP salva aparentemente los muebles, al quedarse como la minoría más votada, pero con una enorme pérdida de votos que sancionan la política de austeridad del Gobierno de Rajoy; mientras que los resultados del partido socialista colocan en situación comprometida al equipo de Alfredo Pérez Rubalcaba de cara a la batalla interna y a su futuro como partido de izquierda.

Es verdad que la alternativa a ese bipartidismo tan debilitado sigue siendo confusa. El voto crítico continúa muy disperso. Como las plantas a las que se les quitan las hojas inservibles o malbaratadas, los votantes escamochan cada vez más el sistema bipartidista, pero el electorado se muestra demasiado indeciso como para dar su aval a un sistema alternativo de partidos.

Tanto Izquierda Unida como UPyD continúan lejos de las dos principales, PP y PSOE. La significativa irrupción de formaciones hasta ahora extraparlamentarias, principalmente Podemos, traduce la rebelión de franjas crecientes de la opinión pública que no se reconocen en los partidos clásicos. Afortunadamente España no es Francia, y el voto de castigo por la gestión de la crisis no ha ido aquí al extremismo antieuropeísta.

El valor de estas interpretaciones hacia el futuro queda matizado por la baja participación. En realidad, el partido más grande de las europeas del 25 de mayo ha sido el de los que eluden las urnas, compuesto por los que creen que no había nada decisivo en juego —ahí se ve la fatal campaña electoral conducida por las formaciones en competencia, ajena a los problemas de Europa— y los que son escépticos sobre el valor del sufragio. Por eso la participación apenas ha superado por décimas la de 2009, que fue la más baja de la historia. Cuando esté en juego el poder del Estado, los electores probablemente acudirán en un número mucho mayor a las urnas, pero el toque de atención es fuerte. De momento, solo Cataluña se sale de la regla general: sus ciudadanos sí creen que ahí se juega algo importante, y lo han demostrado al hilo de una dinámica soberanista que impulsa el independentismo y destroza al Partido Socialista de Cataluña.

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