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Borja Cobeaga y Diego San José: "La película respeta y alivia el dolor de las víctimas

Logotipo de El Mundo El Mundo 30/09/2017 LUIS MARTÍNEZ

Borja Cobeaga y Diego San José son los responsables de que nos riamos de ETA. O con ETA, o por ETA, o ante ETA. Con una semana marcada por la polémica alrededor del anuncio de Fe de etarras y con una carta del propio ministro de Interior a la productora Netflix pidiendo respeto a las víctimas, el estreno de la película ha despejado por fin unas cuantas incógnitas y espantado algún que otro miedo. Lo que se ve es lo contrario a lo que alguno se había empeñado en suponer. Sí, es comedia, pero duele. Sí, gran parte de su humor bebe de la ligereza de Vaya semanita, pero todo pesa más. La idea no es tanto hablar de la banda terrorista (que también) como de lo otro; de ese espacio necesariamente oscuro en el que el patriotismo, las banderas, el sentimiento y los pisos francos derivan en algo básicamente ridículo. Además de brutal y despiadado.

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¿Cómo han vivido la polémica del anuncio y la carta del ministro? Borja Cobeaga. Estábamos convencidos de que todas las polémicas desaparecerían en cuanto se viera la película porque no tiene ninguna intención transgresora. ¿Por qué ahora? ¿Es ya el momento de tratar según qué temas? Diego San José. Era un proyecto muy anhelado, se abrió una ventana y nos lanzamos. Lo que sí creemos es que la película es oportuna porque más allá del fin de ETA, habla de los nacionalismos, de la extrema pasión a los símbolos propios, del extremo asco a los símbolos ajenos... Y todo eso es, en efecto, lo estamos viviendo ahora.B.C.- El guión ha ido cambiando porque ha ido cambiando la actualidad. De lo que habla la película ahora es de la decadencia de la banda. Diego lo ha dicho esta mañana: en cuanto los terroristas prueban el jamón bueno, se dan cuenta del error. El ministro Juan Ignacio Zoido pedía respeto para las víctimas... B.C.- Y la película es respetuosa. Primero porque no habla de ellas directamente. La manera en como ellas aparecen es al ridiculizar el motivo por el que son precisamente víctimas. Si ridiculizas las supuestas grandes causas que mueven a un terrorista, creo que las víctimas se pueden sentir aliviadas al ver claro que los que estaban en frente eran los que eran.D.S.J.- Además, cuando haces comedia de un hecho importante o doloroso, eso no implica que la comedia le esté quitando ni importancia ni dolor. Haces otro tipo de reflexión complementaria al drama. Es mentira que la comedia banaliza siempre un tema. Un drama puede banalizar tanto o más. No puede ser que el humor quede para los temas poco importantes... Tiene que haber un humor al borde del precipicio con una patita en el desastre. Por ejemplo, la única arma de defensa contra un yihadista que nos amenaza es reírnos de él. No podemos luchar contra él, pero si podemos desautorizarle con una carcajada. Él quiere aterrorizarme y yo me río. Eso es una pequeña victoria.B.C.- Creo que el problema de toda la polémica es el resultado de la sociedad en la que vivimos. Es tal la pornografía opinitiva en la que vivimos que siempre te exigen estar en una posición, en un bando. Yo creo que no hay que opinar de todo. ¿Hay temas de los que no nos podemos reír nunca? B.C.- Siempre acabamos hablando de los límites del humor, pero nunca de los límites de la ofensa. Damos por hecho que el humorista tiene que tener unos límites, pero nunca nos planteamos lo mismo por parte del receptor que, a lo mejor, se indigna por cosas absurdas.D.S.J.- Creo también que hay que valorar la intención de ofensa. Todos podemos ofendernos por todos los chistes del mundo. En el caso del cartel, no basta con que uno vaya ofendido a denunciar, es necesario que se identifique que ha habido una intención premeditada. Además, como la ofensa es un sentimiento, no se puede establecer un debate de ideas porque es una sensación.B.C.- Yo pensaba en todas las películas que hablan de distopías. Nos imaginamos un mundo mecánico y frío, y no. La distopía real es la dictadura de los sentimientos. ¿Cómo os imagináis una comedia del 'procés'? D.S.J.- Es difícil superar a la realidad. Yo no utilizaría jamás el barco de Piolín. Sería una broma demasiado burda.B.C.- Tendría que poner a Leslie Nielsen como Trapero al frente de los Mossos.D.S.J.- O a Chiquito de Puigdemont.B.C.- Merece una película más realista, más berlanguiana.

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