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Buster Keaton y su criada Coppelia

EL PAÍS EL PAÍS 06/06/2014 Javier Vallejo

Un vodevil mudo chispeante, agilísimo, conciso, inspirado en El espantapájaros (1920), corto de veinte minutos en el que Buster Keaton y Eddie Cline conviven en una casa minúscula y compiten por una bailarina incipiente. Su título alude a la lucha por el espacio vital, sea a escala geopolítica o doméstica (como en Tres hermanas, donde la cuñada se va apropiando paso a paso de la casa de sus anfitrionas). En Lebensraum, Buster y mister Keaton (o Keaton y su doble), interpretados acrobáticamente por Reinier Schimmel y Jakop Ahlbom, entran, salen, reaparecen y desaparecen como por ensalmo de un salón-cocina-cuarto de baño (todo en uno) cuasi idéntico al de la película, hasta que uno de ellos vuelve cargado con una muñeca a escala humana, que, cual Coppelia, cobra vida en cuanto la dejan sola.

ficha técnica

LEBENSRAUM

Idea original: Jakop Ahlbom. Dramaturgia: Judith Wendel. Intérpretes: Reinier Schimmel, J. Ahlbom, Silke Hundertmark, Leonard Lucieer y Empee Holwerda. Luz: Yuri Schreuders. Música: Alamo Race Track. Escenografía: Douwe Hibma y J. Ahlbom. Teatro de la Abadía. Del 5 al 8 de junio.

Suceda lo que suceda en escena, Schimmel y Ahlbom mantienen esa perplejidad impasible característica del Gran Cara de Palo. En su pantomima genial, los objetos se personifican y las personas se cosifican: la muñeca, de faz color carne, parece más humana que sus enharinados anfitriones, que pronto le endosan cubo y fregona, por si no tenía claro lo que esperan de ella. Poco a poco, el protagonismo se va desplazando hacia el personaje femenino, interpretado por la bailarina Silke Hundertmark con un virtuosismo que evoca a la protagonista del mencionado ballet de Saint-Léon y Nuittier con música de Delibes, al trío de Muñecos (coreografía de Alberto Méndez), a las marionetas humanas de Ariane Mnouchkine y la transustanciación profana de Sonja, relatada por Tatiana Tolstaya (nieta de Tolstoi) y el director letón Alvin Hermanis.

En Lebensraum, Jakop Ahlbom, su director e ideólogo, recupera y renueva una tradición orillada: la del teatro físico y de variedades, mejor conocida hoy por el público español a través del cine mudo que del espectáculo en vivo. La música de inspiración folk de la Alamo Race Track, interpretada en escena por Leonard Lucieer y Empee Holwerda, conduce la acción como una seda, mientras sus compañeros actores se prodigan en piruetas dadaístas, quiebros humorísticos y golpes de magia. El público de anoche gozó de lo lindo con todo ello.

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