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Cómo comprar una serie de éxito

EL PAÍS EL PAÍS 17/06/2014 Miguel Salvat
© Proporcionado por ElPais

Cada mes de mayo tienen lugar en Los Ángeles los LA Screenings. Durante algo más de una semana, los grandes estudios de Hollywood y los pequeños enseñan unos setenta pilotos de las series de televisión de la nueva temporada a más de 1.500 compradores de televisiones de todo el mundo.

Soy un privilegiado por poder pegar la nariz a este escaparate descomunal, pero seguro que es una pesadilla para aquellos que no vivan la ficción televisiva con verdadera pasión.

Y cada mes de mayo me enfrento al mismo axioma: como en el cine, el mundo de las series es un territorio sin reglas, en el que nadie sabe nada y en el que todos (productores, programadores, guionistas y compradores) se niegan a reconocerlo. Más bien lo contrario. Lo único garantizado son las sorpresas y los batacazos.

Además es para mí una lucha contra el cambio horario en sesiones interminables en los estudios o en hoteles, a base de aire acondicionado a temperatura polar y sonido muy alto para tapar los ronquidos, pero también con butacas peligrosamente cómodas. A veces te dan una manta, no sé si para protegerte del frío o para que duermas a gusto.

Muy pocas series pasan el corte. La mayoría son canceladas al cumplir apenas unos pocos episodios o una temporada. Su supervivencia en las pantallas de todo el mundo depende básicamente de la audiencia estadounidense y los dólares que ingresan allí por publicidad.

¿Es necesaria tanta inversión en guiones, actores, productores ejecutivos, marketing, luces, carpintería y efectos visuales para que sólo unos pocos títulos sobrevivan? Aparentemente sí, porque repito que nadie sabe cuáles pasarán el examen de la audiencia, y en treinta años no han sabido encontrar un modelo más eficaz. Quien tenga la fórmula mágica, que lo cuente, y ahorrará a esta industria unos trescientos millones de dólares al año.

El dinero de las cadenas de otros países es cada día más necesario para la producción americana de series. Ellos lo saben bien y cuentan con él, invirtiendo mucho en la venta en sí, en acuerdos preestablecidos y en el fomento de la competencia entre sus clientes.

Los compradores (españoles, pongamos por caso) coincidimos en algunos de los visionados, y seamos o no competidores, comentamos la jugada. Ya sea porque nos conocemos desde hace tiempo o porque nos acabamos de conocer, tengamos intereses comunes o enfrentados, o estemos bajo el influjo reciente de ocho horas seguidas de pilotos, lo sincero o lo explícito de cada comentario varía según la empresa en la que trabaje el interlocutor.

En uno de estos visionados a primera hora de la mañana me sorprendió un alto directivo español agitando los brazos y dando brincos en su butaca. Creía que era un repentino entusiasmo por el nuevo CSI, pero era Godín, que acababa de marcar en el Camp Nou un gol para el Atlético de Madrid.

Los episodios se proyectan en inglés, por lo que es importante dominarlo aceptablemente. Y todas las valoraciones y chascarrillos posteriores entre castellano parlantes se ven trufados de varios anglicismos. Es muy común el uso frecuente e indiscriminado de las palabras single camera, showrunner y procedural.

Pues este año, mucho procedural, grandes papeles femeninos, mucha investigación sobre niños asesinados, mucho embarazo inexplicable, la ya habitual y comentada participación de Zeljko Ivanek en varios de los pilotos, la adaptación de Los misterios de Laura y Polseres vermelles, y la omnipresencia de actorazos ingleses haciendo de americanos en muchísimas series, como si la industria estadounidense ya no pudiera vivir sin ellos.

Los compradores (españoles, pongamos por caso) no dejamos de sorprendernos y comentar la enorme inversión en premisas inverosímiles, sospechosas coincidencias en tramas y personajes, y la libre circulación de grandes secretos en un mundo supercompetitivo. Todo fruto de la endogamia y la incertidumbre.

Durante esa semana los compradores luchamos contra el sueño al volante de coches de alquiler entre el hotel y las atracciones de Parque Jurásico, la Bronson Gate de Paramount, el rascacielos de La jungla de cristal, el plató de Spiderman, las calles de Gotham y el edificio de los siete enanitos de Buena Vista, donde conviven el pasado del cine y el presente de la televisión.

Es difícil hacer una mala serie. Hacer una buena está más allá de la proeza.

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