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Cómo el zoo de Madrid ha conseguido un bebé panda (solo copulan una vez al año)

El Confidencial El Confidencial 10/09/2016 Sergio Ferrer

Hoy pesa menos que una manzana, pero en unos años superará los ochenta kilogramos. La cría de oso panda que nació la semana pasada en el Zoo Aquarium de Madrid solo tiene diez días y ya es una estrella. La celebración es doble: no solo es la primera hembra de este animal que nace en España, sino que su especie deja de estar en peligro de extinción por primera vez en casi treinta años, según la última edición de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Este oso —los últimos estudios genéticos indican que sí, que es primo de Yogui— se muestra poco o nada interesado en tener familia lejos de las montañas de su China natal. Pero en el zoológico de Madrid lo han logrado, y no es la primera vez. Nos hemos acercado hasta allí para saludar a la pequeña y, de paso, averiguar cómo se consigue traer al mundo un bebé panda y qué ha hecho posible su recuperación en libertad.

Llegamos minutos antes de que el zoológico abra sus puertas. El hermano mayor de la recién nacida, Xing Bao, se agita nervioso en su recinto, climatizado para soportar mejor el calor de estos días. Sabe que es hora de que le abran para salir a desayunar su bambú, del que puede comer hasta 40 kilogramos al día. Al otro lado, separado por un muro, su padre Bing Xing se hace el remolón, medio dormido. La pequeña y su madre, Hua Zui Ba, se encuentran en aislamiento, solo visibles para las dos cuidadoras chinas que han venido adrede desde la base de Chengdú con el único objetivo de ayudarlas durante las primeras semanas.

Para Agustín López, director biológico del Zoo Aquarium de Madrid, ni el nacimiento del cachorro ni el aumento de las poblaciones son "fruto de la casualidad". Por un lado "el Gobierno chino lleva 25 años recuperando su hábitat", creando santuarios en las zonas donde antaño vivían estos animales. Por el otro, ha investigado a conciencia cómo reproducir de manera artificial al panda gigante. Y no ha sido fácil. Xing Bao, ajeno al milagro de su existencia, sale escopeteado al exterior, selecciona con cuidado una rama de bambú y se repantiga para mordisquearla.

El nacimiento de la diminuta cría sin nombre solo se aprecia si comprendemos su dificultad. "La hembra es susceptible de ser fecundada por el macho un solo día al año", comenta López. A esto hay que sumar que libido y cautividad no se llevan bien en el caso de los pandas gigantes, que pierden todo interés por reproducirse fuera de su hogar debido a la falta de privacidad y a las interferencias con su sensible olfato. El reto es tal que los investigadores de algunos zoológicos han optado por originales medidas como el porno para pandas y la viagra, aunque López duda de su eficacia.

La cría de panda con ocho días de vida. (Zoo Aquarium de Madrid) © Proporcionado por El Confidencial La cría de panda con ocho días de vida. (Zoo Aquarium de Madrid)

A los pandas madrileños tampoco les interesa el sexo si no es en libertad, pero esto no ha impedido que la cría sin nombre sea la quinta en nacer en el Zoo Aquarium. La primera de ellas fue Chu-Lin, cuya fama en los ochenta y noventa solo fue comparable a la de Copito de Nieve. La solución en todos los casos fue la misma: la inseminación artificial. Esta tuvo lugar a comienzos de abril de este año, coincidiendo con la estrechísima ventana de reproducción de esta especie: primero se extrajo semen del macho Bing Xing y luego se introdujo en la hembra.

Para detectar esas pocas horas de fertilidad anual, los técnicos observan cuándo la hembra mantiene una actividad más alta de lo habitual, acompaña de una pérdida de apetito y balidos característicos, similares al relincho de un caballo. Los test hormonales confirman —o disipan— las sospechas. El sistema funciona, y gracias a él se ha producido un 'baby boom' de bebés panda en cautividad en la última década: solo en Europa hay 15 individuos. Entre 90 y 160 días después nace una única cría. En casos excepcionales pueden nacer dos, pero en ese caso la madre abandona a la más débil.

"Perdonen, ¿la cría se puede ver?". Unos curiosos nos interrumpen mientras Xing Bao, el hermano mayor que acaba de cumplir tres años, desayuna su bambú con toda la calma del mundo, como si no existiéramos. La respuesta es negativa: el cachorro pasará las primeras semanas aislada junto a su madre Hua Zui Ba, que ya ha tenido otros cuatro hijos. Los pandas viven unos doce años, aunque en cautividad algunos ejemplares han sobrepasado las dos décadas.

La cría, cuyo nombre votarán los visitantes cuando cumpla 100 días, nació el pasado 30 de agosto —igual que su hermano en 2013— a las 5:37 de la madrugada. Llegó al mundo como todos los cachorros de panda: ciega, casi sin pelo y de color rosa debido a la saliva de la madre. La diferencia de tamaño y aspecto respecto a Xing Bao es impresionante: "Quien no lo sepa no lo identifica como un panda. Su peso es el 0,001% del de un adulto". Es pequeña pero ruidosa, y sus potentes gritos permiten a su madre, de la que dependerá durante un par de años, localizarla.

El padre de la nueva cría durante el desayuno. (Sergio Ferrer) © Proporcionado por El Confidencial El padre de la nueva cría durante el desayuno. (Sergio Ferrer)

Bing Xing tiene un despertar más lento que su hijo y, con minutos de diferencia, inicia la misma rutina pausada. Privados por efecto de la cautividad del placer del sexo, los pandas se dedican a sus otras dos principales aficiones: comer bambú y dormir. Y son expertos en ello. "Son muy sibaritas. Se alimentan de unas 20 especies diferentes y según el momento del año prefieren unas u otras. Les encantan los brotes tiernos o recién cortados y a veces cogen uno, no les gusta, lo dejan y cogen otro".

Mientras el macho coge su segundo brote, vemos durante un momento el famoso 'pulgar del panda'. Este falso sexto dedo, al que el paleontólogo y divulgador Stephen Jay Gould dedicó un ensayo, ha sido esgrimido por creacionistas como prueba irrefutable de la existencia de un diseño divino. Los pandas no deberían tener seis dedos. Y no los tienen: la extremidad de la discordia es en realidad una prolongación del hueso sesamoideo de la muñeca. A Bin Xing se la trae floja, su única función es —adivinen— sostener mejor el bambú.

'Haters' de los pandas

Es difícil ser un peluche viviente sin granjearte algunos enemigos. Algunas voces se preguntan por qué dedicar tanto dinero a salvar a una especie que parece empeñada en extinguirse. No solo por su desinterés en el sexo, su estrecha ventana reproductiva o que las crías estén indefensas durante tanto tiempo. Estos animales tan grandes se alimentan casi en exclusiva de bambú, por lo que la desaparición de esta planta les afecta directamente. Además, debido a su pasado carnívoro como osos que son, no lo digieren bien; para compensar este problema metabólico pasan hasta catorce horas al día comiendo. Bing Xing coge otra rama.

Pero López asegura que a los pandas les ha ido muy bien durante miles de años en sus bosques de bambú, y allí seguirían "si no hubiera intervenido el ser humano". Es una postura que también sostiene el zoólogo británico Jules Howard. En su columna titulada 'Dejemos de difamar a los pandas: los osos no crían para nuestro placer' publicada en 'The Guardian', el investigador defiende a estos animales frente a calumnias que los definen como "accidentes evolutivos" y "metabólicamente ridículos".

Porque la mera existencia de los pandas ya demuestra su eficacia biológica. En caso contrario la selección natural los habría borrado del planeta hace miles de años. Estos animales, como todos, están adaptados a su entorno a la perfección. "Las hembras evolucionaron para tener una ventana reproductiva tan estrecha 'precisamente' porque son muy buenas echando polvos", explica Howard con su característica prosa. El esperma de los machos contiene una cantidad elevadísima de espermatozoides en comparación con otros osos y son capaces de encontrar hembras situadas a kilómetros a la redonda. Sin esta limitación biólogica habrían conquistado ya Asia: lejos de estereotipos, en la naturaleza estos osos son fornicadores consumados.

Xing Bao, con cero estrés. (Sergio Ferrer) © Proporcionado por El Confidencial Xing Bao, con cero estrés. (Sergio Ferrer)

¿Especie bandera o negocio?

El panda gigante se ha convertido en símbolo internacional de la conservación desde que en 1961 el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) lo adoptara como logo —al igual que el zoo de Madrid—. Por ello se critica que reciba más atención por su condición achuchable, mientras anfibios y plantas se enfrentan en silencio a la extinción.

Pero la fama del panda gigante favorece a su entorno. Es lo que en ecología se conoce como 'especies bandera', seleccionadas por su carisma para que lideren la protección de todo su ecosistema. El ejemplo más cercano es el lince ibérico ('Lynx pardinus'), cuya conservación ayuda en parte a salvar Doñana, desde la rana más pequeña al alcornoque más viejo. Sin saber la responsabilidad que recae sobre sus peludas espaldas, Bing Xing coge su siguiente brote de bambú.

China también ha recibido críticas por "hacer negocio" con estos animales, que alquila a zoológicos de todo el mundo, una política con la que Howard se muestra muy crítico. La cesión por animal cuesta un millón de dólares al año al zoo de Madrid, pero López defiende el sistema a la vista de los resultados ofrecidos por la UICN. "El dinero lo reinvierten en crear santuarios para pandas, donde los animales son reintroducidos una vez las crías alcanzan cierta edad". En ese sentido, parques como el de Madrid ayudan a que la especie "sea genéticamente viable durante 80 o 100 años". En unos años la cría sin nombre podrá regresar al país de sus antepasados.

No todo son buenas noticias para estos simpáticos animales. Según la UICN, el cambio climático podría eliminar más del 35% del bambú en los próximos 80 años: "Se espera que las poblaciones disminuyan, dando marcha atrás a los esfuerzos de las últimas dos décadas". Nos despedimos de Xing Bao y Bing Xing, que siguen absortos en su bambú. Al salir observamos la estatua en memoria de Chu-Lin, que tras su fallecimiento en 1996 dejó a España sin pandas durante una década. Hoy, la pequeña cría sin nombre tiene por delante un futuro más optimista que su antecesor.

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