Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Cabezas cortadas

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 01/10/2017 Juan Tallón
Ancelotti abandona la ciudad deportiva del Bayern después de firmar el finiquito. © Sebastian Widmann Ancelotti abandona la ciudad deportiva del Bayern después de firmar el finiquito.

Nos apasiona El Mundo Today porque somete a la realidad, y no al revés. Sus mentiras poseen tanto estilo, agudeza y, vamos decirlo, a menudo verdad literaria, que al acabar de leer firmaríamos debajo. En un relato perfecto de la vida de entrenador, hace cuatro años publicó que Gerardo TataMartino acababa de saber, a las dos horas de ser presentado como nuevo entrenador del Barça, que la junta directiva lo había despedido. No había accedido a las instalaciones por falta de tiempo, así que a muchos jugadores no pudo ni conocerlos. Después de cinco horas de estancia en Barcelona, Sandro Rossell comunicó que los resultados del nuevo técnico al frente del equipo eran demasiado pobres, recordando que a sus órdenes el Barça no había logrado ni un solo título. “Lo bueno es que no deshice la maleta”, comentó el entrenador argentino, a quien el mismo día que llegó a la ciudad condal se le vio de nuevo en El Prat tratando de comprar un vuelo barato de regreso a su país.

MÁS INFORMACIÓN

  • El Bayern Múnich despide a Carlo Ancelotti tras perder 3-0 con el PSG
  • El Alavés despide a Luis Zubeldía

La vida de entrenador admite todas las exageraciones, como la de Martino, con el que la realidad fue aún más cruel que El Mundo Today, pues permaneció una temporada entera y agónica en el Barça, donde se vio apartado de todos los títulos por Real Madrid y Atlético, y al final también lo echaron. Los técnicos están condenados a marcharse antes de poder decir adiós con la mano o lanzar besitos en la punta de los dedos. En agosto, el UD Ibiza, de Tercera División, prescindió de David Porras tras perder en la primera jornada; en División de honor el Alavés despidió a Luis Zubeldía al cuarto partido. Habrá más casos.

El cargo de entrenador exige vencer secretos inaccesibles. No basta entrenar. En un vestuario plagado de estrellas o en un palco lleno de excéntricos, a veces saber de fútbol no es tan prioritario como entender de egos o psiquiatría. Carlo Ancelotti sumó resultados nefastos a su mala relación con los jugadores, y el Bayern de Múnich lo despidió la semana pasada. Ya ven. Todas las historias de entrenadores se parecen. En el fondo, nadie sabe qué es ser entrenador exactamente, por eso cuando te nombran de alguna manera ya te están indicando el camino de salida. El proceso se parece al preámbulo de aquellas instrucciones para dar cuerda a un reloj de Julio Cortázar, que sostenía que cuando te regalaban un reloj te entregaban también un “pequeño infierno florido”. La cesión del reloj lleva implícita la entrega del “miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa”. Al final, no te regalaban un reloj, sino que tú eras el regalado.

En un vestuario plagado de estrellas, a veces saber de fútbol no es tan prioritario como entender de egos

El entrenador será siempre el elemento sacrificado porque se encuentra solo. En cuanto algo se tuerce, su cabeza sale rodando, casi futbolísticamente. La vida demanda continuamente sacrificios sangrientos, cabelleras, como aquel día que El Mundo Today publicó que la infanta Leonor exigía, al estilo de las antiguas monarquías, que le cortasen la cabeza a un niño de su clase porque no dejaba de fastidiarla.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon