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Cabo Verde, la cuna de los huracanes más temibles

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 03/10/2017
Mapa que muestra la situación del huracán Irma fechas atrás, ya formado como huracán al oeste de las islas de Cabo Verde © Image LaVanguardia.com Mapa que muestra la situación del huracán Irma fechas atrás, ya formado como huracán al oeste de las islas de Cabo Verde

Este verano ha sido intenso por lo que respecta a huracanes en el Atlántico norte. Y no por el número de ciclones que han circulado por esas latitudes, sino por la intensidad de los mismos. Sólo hay que recordar la cantidad de muertos y los innumerables daños que los monstruosos Irma y María, por citar algunos, han dejado a su paso por la zona del Caribe y en algunos estados norteamericanos.

Pero, ¿qué tienen en común estos dos enormes ciclones tropicales más allá de que han sembrado el caos y la destrucción por allí donde han pasado? Entre otras cosas, su procedencia. Ambos tuvieron su génesis al oeste de las islas de Cabo Verde, un archipiélago situado frente a las costas africanas. Es tan común que estos monstruos de la naturaleza tengan su origen en este punto del planeta que incluso existe el tipo de huracán llamado Cabo Verde.

Imagen de satélite del huracán Irma © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Imagen de satélite del huracán Irma Imagen de satélite del huracán Irma(Noaa Handout / EFE)

Los ciclones tropicales del tipo Cabo Verde son aquellos que han nacido como depresión tropical a menos de 1.000 kilómetros de estas islas y que en su viaje hacia el Caribe se convierten en huracanes. Esto es lo que ocurrió de manera inequívoca con Irma. En el caso de María, parece que su origen como depresión tropical también se situó cerca de Cabo Verde aunque, a diferencia de Irma, acabó convirtiéndose en huracán mucho más al oeste.

Según explica la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera norteamericana (NOAA, por sus siglas en inglés), se pueden forman al año unos cinco huracanes procedentes de África, y lo suelen hacer en los meses de agosto y septiembre (aunque ha habido años en los que se ha generado alguno a finales de julio o principios de octubre).

Ecosistema propicio

Hay varios aspectos que hacen de Cabo Verde un enclave ideal para la formación de estos fenómenos meteorológicos extremos. Entre ellos, las llamadas ondas tropicales del este. “Justo en la época de la temporada de huracanes, la zona tropical y subtropical de África se encuentra en la estación de lluvias. Y las ondas del este transportan mucha humedad hacia el Atlántico”, explica a La Vanguardia José Miguel Viñas, físico del aire y consultor de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Cabe tener en cuenta que, a diferencia de nuestras latitudes, en esa zona del globo terráqueo los vientos en altura soplan de este a oeste, lo que permite que “los restos de estas tormentas se muevan hacia el oeste convirtiendo Cabo Verde en la zona de salida de estas perturbaciones”, apunta Romu Romero, físico e investigador de la Universitat de les Illes Balears (UIB).

Zona que abarca la trayectoria de los grandes huracanes del Atlántico norte © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Zona que abarca la trayectoria de los grandes huracanes del Atlántico norte Zona que abarca la trayectoria de los grandes huracanes del Atlántico norte(NOAA)

Según Romero, “un huracán no es un proceso espontáneo que aparezca de la nada, necesita de una perturbación inicial”. Y es esa pequeña zona de baja presión la que tenderá a introducirse en el Atlántico e irá ganando intensidad con el paso de los días al ir encontrándose en su camino con aguas calientes. “El potencial de captación de vapor de agua aumenta de forma exponencial cuando las aguas que sobrevuela la tormenta está a 30 grados o más”, puntualiza José Miguel Viñas.

Hay cuatro factores básicos para la generación de un huracán: la existencia de aguas muy cálidas, que son la fuente de energía principal; algo que desencadene el proceso, como una pequeña depresión; que los vientos sean débiles en altura, porque de lo contrario se generaría el fenómeno llamado de cizalladura (si hay diferencias de velocidad del viento y cambios de dirección entre capas altas y bajas se produce un efecto tijera que corta el huracán); y finalmente que la atmósfera esté muy húmeda a todos los niveles.

La trayectoria de Irma, desde que 'nació' hasta que se disipó © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. La trayectoria de Irma, desde que 'nació' hasta que se disipó La trayectoria de Irma, desde que 'nació' hasta que se disipó(Wikipedia / OverlordQ)

La zona de Cabo verde también es un punto geográfico en la que convergen los vientos alisios, que transportan aire cálido del Sáhara, y vientos más fríos que provienen del sur. “Efectivamente, hay un choque de masas de aire distintas”, señala Viñas, “pero la clave del proceso [que se genere una pequeña depresión que acabe convirtiéndose en un huracán en su camino hacia el Caribe] está en la inyección de humedad que aportan las ondas del este”, subraya.

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención a este físico del aire y consultor de la OMM es que huracanes como Irma –el mayor ciclón tropical jamás registrado en el Atlántico norte- haya alcanzado la categoría máxima en la escala Saffir-Simpson “a mitad de camino entre Cabo Verde y las Antillas Menores”. “Eso es poco habitual”, afirma. Lo normal, esgrime, es que llegase a esas primeras islas “como un categoría 2, y una vez que se introdujera en el Caribe, con aguas más cálidas, alcanzara categorías de 4 o 5”.

“Es muy llamativo”, prosigue Viñas, quien vincula esta realidad con el cambio climático. “En este nuevo escenario climatológico, los huracanes se están encontrando con mayor frecuencia con zonas favorables de aguas más cálidas”. Esto hace que los pronósticos para los próximos años apunten a la generación de ciclones tropicales de mayor intensidad. “Parece que el número de huracanes no está cambiando, pero sí la proporción de los más violentos”, apunta Romu Romero. “La frecuencia parece bastante insensible al cambio climático, pero la intensidad y el poder destructivo de estos huracanes se está viendo incrementado”, agrega.

El fenómeno de los ‘medicanes’

El cambio climático también influirá en la intensidad de los medicanes, pequeños huracanes que se forman en el Mediterráneo y que son objeto de estudio de este físico e investigador de la UIB. Curiosamente, estos fenómenos –que se dan en dos o tres ocasiones al año en todo el Mediterráneo- guardan similitudes “en el funcionamiento físico del sistema” con los grandes huracanes que azotan el Atlántico norte.

“Son sistemas que también se fundamentan en gran parte en el calor acumulado en el mar y que, a través de una intensa evaporación, pueden organizar un núcleo tormentoso que suele presentar un ojo en medio y bandas en espiral”, arguye Romero. Aunque poco tienen que ver en capacidad destructiva con los huracanes del Atlántico, son también “impactantes”. “No son una tormenta típica”, apunta este físico, “se han observado ‘medicanes’ con vientos por encima de los 100/150 km/h”, agrega.

Imagen de satélite de un 'medicane' © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Imagen de satélite de un 'medicane' Imagen de satélite de un 'medicane'(Meteosat / Grupo de Meteorología de la UIB)

Estos ciclones cuasi-tropicales (que es el nombre que reciben) quedan enmarcados dentro de la categoría, previa a huracán, de tempestad tropical. Pero el cambio climático podría hacer que “a finales de siglo tuviéramos ‘medicanes’ de categoría 2 ó 3”, sentencia Romero.

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