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Carla Bruni: "La gente no viene a verme porque sea una 'celebrity'"

La Vanguardia La Vanguardia 12/06/2014 Esteban Linés

Su vida privada era un tabú, un telón de acero, que no había que franquear bajo ningún concepto. La condición para poder hablar con Carla Bruni, en este caso a través de la rácana línea telefónica, era que se obviara cualquier referencia o pregunta sobre cuestiones extramusicales. Vaya tentación: top model, sensible cantante y compositora, ex primera dama de Francia, presencia siempre atractiva. La cantante de origen italiano acabará hablando de lo que desee, lo que demuestra su inteligencia y control de timings y situaciones. El próximo jueves se la podrá ver y escuchar en el Festival Jardins de Pedralbes, en el que será el primer concierto español de su vida. Todo un acierto de un festival que hoy arranca con otra perla en forma de concierto de Zubin Mehta dirigiendo la orquesta del Maggio Musicale Florentino (22 h).

"Tenemos un día tormentoso en París, horrible, lluvia", dice.


Pues aquí en Barcelona hace un día soleado, ninguna nube y un calor veraniego. Por cierto, ¿por qué ha elegido Barcelona para cerrar la gira de presentación de su nuevo disco?
Me invitaron y me picó la curiosidad, y como es un país que me encanta, y además nunca he actuado antes en España, pues me dije, ¿por qué no?


Ha recorrido países muy diferentes, desde Rusia hasta Israel, pasando por Alemania o EE.UU. ¿Cómo la han acogido?
Notas muchas diferencias entre los públicos de países tan diferentes, pero la conclusión es que en todos esos sitios han sido fantásticos y muy calurosos. En el concierto que daremos en su ciudad, estaré acompañada por los dos músicos que me han estado arropando durante todo este tiempo, Cyril Barbessol al piano y el clarín, y Taofik Farah, que toca la guitarra. Con ellos he conseguido ofrecer mi música de la manera que me interesa: mis canciones son muy simples, mi música también lo es, no es muy complicado.


¿Qué quiere expresar cuando se pone a cantar ante el público?
Esencialmente, una emoción. Es la única cosa que quiero expresar, de verdad. Nada más.


¿A qué emociones se refiere?
Básicamente, a la emoción que sentía cuando componía esa canción o la otra. Cada composición tiene su momento, hay una que te lleva a la felicidad, la otra a la melancolía, la otra al humor... no son las emociones del momento, del que tengo yo en el momento de interpretarlas.


¿Cuándo compuso esas canciones?
El álbum salió en abril del año pasado, así que las escribí en el año y medio previo a su publicación, alguna de ellas se escribió antes, pero excepcionalmente.


Así que esperó a publicar el disco cuando ya no tenía obligaciones oficiales, ¿no?
Fueron varias cosas. Por una parte, efectivamente, esperé a que mi hombre ya no fuera presidente de Francia, pero luego también tuve que esperar porque había nacido mi hija, y está claro que eso era lo prioritario. Y así fue como el disco se fue haciendo prácticamente trozo a trozo: primero lo escribí, más tardé se grabó y más tarde se publicó. Es otro timing, nada más.


¿Qué siente como cantante cuando ofrece uno de estos conciertos y una parte del público quizás haya venido sólo a ver a la celebrity?
Sinceramente, creo que es muy difícil sacar a alguien de su casa y que compre una entrada de sesenta euros solo para ver a una celebrity durante una hora y media, que además está cantando sus cosas. No creo que las cosas funcionen así, no. Creo que el noventa y nueve por ciento de la gente que viene a mis conciertos conoce mi música y mis canciones. Puede ser que en un concierto de Nueva York alguien se lleve a sus cinco amigos al concierto para ver a Carla Bruni, pero en un aforo de casi 2.000 personas, cinco no son nada, es una insignificancia.


Su último disco se titula Little french songs y ¿su concierto estará basado en él?
El repertorio ha sido invariable en toda esta gira, y quizás en futuros tours habría que ajustarlo al tipo de público. Porque en Rusia o en Estados Unidos, me cuentan que el sesenta o el setenta por ciento del público de mis conciertos no entendía ninguna palabra de francés, y hay que corregir el repertorio porque no tiene sentido. En cualquier caso, en los 60 recitales que hemos hecho hasta ahora la mitad de la canciones proceden de mi último álbum y el resto, de mi obra anterior.


¿Qué opina usted personalmente de su nuevo disco? ¿Lee las críticas que se publican?
No leo nunca las críticas. Las buenas críticas no hacen ningún bien y las malas, tampoco. Es un trabajo muy complicado ser crítico, sin duda. Es mucho más sencillo el mío, escritora de canciones; para mí sería muy difícil enjuiciar a otra persona. Pero lo que sí me hizo muy feliz es que de este Little french songs hemos llegado a vender 200.000 copias, cien mil de ellas en países fuera de Francia. Esto me hace sentir muy orgullosa porque es un álbum compuesto solo de canciones interpretadas en francés. Para mí esto es un milagro, y me hace muy feliz comprobar como mi música puede llegar a países tan lejanos y diferentes. Pero a lo que iba con su pregunta, no hay que leer las críticas porque hay artistas que viven pendientes de ellas y eso no es buena para nadie.


¿Hay que ver este disco como su homenaje a la chanson?
Es un homenaje a la chanson en un sentido clásico. Adoro todo tipo de canción. la francesa, por supuesto, pero también la italiana, española, y también escucho mucho música clásica y música folk, y puedo decir lo mismo del blues, del soul, del rock. pero en esta ocasión quise hacer un disco en donde de alguna manera recuerdo y rindo un pequeño homenaje a una de las músicas que me acompañan desde que era muy pequeña.


Hay algunos temas interesantes en el álbum. En uno de ellos colabora el cantante Julien Clercq, toda una gloria.
Sí, fantástico. Le conozco desde hace quince años, escribimos juntos uno de sus álbumes, y desde entonces no hemos dejado de colaborar. Él pone la música y yo le paso las letras, o yo le paso la letra y después él escribe las notas. Para mi álbum hemos utilizado una de las tres canciones nuevas que hemos compuesto, las otras dos aparecerán en un disco suyo que está grabando en Inglaterra.


Hay otra canción, Chez Keith et Anita, que nos lleva a los tiempos de los Rolling Stones, de cuando Keith Richards salía con Anita Pallenberg.
Sí, es un tema muy entrañable para mí. Todo nace de cuando los Rolling Stones grabaron en el sur de Francia el disco Exile on main street, en la casa que Keith y Anita tenían allí, a comienzos de los setenta. Si se acuerda del disco, hay toda una serie de fotos realizadas por Dominique Tarle que reflejan maravillosamente la atmósfera que allí se debía respirar. No es un recuerdo personal, claro está, porque yo debía ser muy pequeña, pero viendo esas fotos, me imaginaba tal paz, tal libertad. Y he querido reflejar aquel espíritu, aquel look, que contienen esas fotos, todo el mundo era joven, era guapo, parecía un sueño. Un espíritu que, por cierto, ahora nadie parece recordar. Bueno, nos queda la música de los Stones, que tampoco está nada mal.


Ahora acaba en Barcelona esta gira y... ¿cómo prevé su futuro en la música?
Básicamente trato de cantar y actuar hasta que me muera. Realmente no sé hacer otra cosa, en serio. Lo que nadie sabe es que mi única obsesión real es escribir música y cantarla. Esa es y no otra, y espero hacerlo hasta que yo sea muy, muy anciana, cantaré hasta los 85 años, o quizás me muera antes, tampoco lo sé.


Ser madre también debe ser una gran prioridad para usted.
Por supuesto. Traer niños al mundo y verlos crecer es otra cosa, y que no tiene nada que ver con el trabajo. Adoro cuidar y ver crecer a mi niña, pero hay pocas cosas más grandes que escribir y ponerte cada día ante un micrófono y cantar tus temas.


¿Es fácil combinar el ser madre y dedicarse a su trabajo, que en este caso es su pasión?
No, no lo es. Pero no lo es para cualquier mujer que trabaje. La mayoría de mujeres trabajadoras que también son madres se encuentran con el mismo reto.


Explíqueme su fórmula para conseguirlo.
¡Ah! muy fácil: correr, correr y correr. Otras mujeres lo hacen. Por cierto, Esteban, ¿tiene usted hijos?


Sí, un hija, ya es mayor y se vale muy bien por sí misma.
Maravilloso, ya ha crecido... ya no tiene que llevarla más al colegio... Siempre dan alegrías ¿no?


En septiembre me hará abuelo.
Fantástico, realmente maravilloso. Mire, mi hombre es un gran abuelo; tiene un hijo de 28 años que tiene a sus vez dos maravillosos niños, así que es abuelo por partida doble, y eso me ha convertido a mí también en abuela. ¡Quien me lo iba decir!


¿Es un buen abuelo?
Yo creo sinceramente que es el mejor del mundo; de todos modos, en condiciones normales no es una tarea muy complicada porque ya no tienes las responsabilidades de estar encima de los niños, velar por su educación día a día, con quien van, qué comen y todas esas cosas. ¿Me permite ser curiosa? ¿Será niño o niña?


Una niña que se llamará Carlota. Pero, oiga, no quiero quitarle protagonismo, que usted es la entrevistada.
Qué bonito, qué bonito, de verdad. Tiene usted mucha suerte, porque creo que pocas cosas más bonitas debe haber en esta situación que ser un abuelo joven.


Sí, usted es doble abuela y es más joven que yo...
Exacto, no tiene nada que ver. Lo importante es el espíritu que tiene uno o una, joven con iniciativa y criterio propio, y eso lo podemos aplicar tanto a la vida familiar, como a la vida cotidiana y al trabajo. Y es eso lo que he querido y quiero no perder nunca.

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