Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Carlos Montes, la leyenda del ‘Saltamontes’

EL PAÍS EL PAÍS 08/06/2014 Nacho Azofra

Era Carlitos Montes, Saltamontes. El apodo se lo puso la Demencia y nosotros lo mantuvimos con cariño en el vestuario. Era de los pocos aleros españoles capaces de machacar el aro, en unos tiempos en los que solo los americanos la metían para abajo. Destacaba por su fortaleza física y por sus piernas largas. Era de esos jugadores a los que les gustaba más sentirse útiles que importantes. Tenía muy claro el baloncesto que podía dar y era un luchador, en los partidos y en los entrenamientos. Sonreía mucho, pero era muy serio en el juego.

Su orgullo, bien entendido, le hizo permanecer tanto tiempo en la élite sin ser un jugador con un talento extraordinario. Eso sí, tenía innumerables virtudes y siempre acababa ganándose la confianza de todos los entrenadores que tuvo a base de trabajo y constancia. Estaban encantados con él porque en el día a día lo daba todo y siempre jugaba concentradísimo. Era un jugador defensivo muy bueno, un gran pasador, muy listo recuperando balones. Tenía muchas tablas y una gran ética del trabajo. No se limitaba a hacer lo suyo sino que conocía el juego y sus circunstancias. Anotaba poco pero jugaba muchísimos minutos, se hacía necesario.

Vivió en primera persona el cambio del amateurismo al profesionalismo y fue de los primeros en tomar conciencia de esa transformación del baloncesto español. Se cuidaba mucho y sabía que su condición física le daba de comer. Venía de una familia humilde y nunca se olvidó de eso. Sabía que el trabajo le daba el pan y su carrera fue un ejemplo de humildad. Otros con más talento no aguantaron tanto al máximo nivel. [Durante 18 temporadas, Montes disputó 605 partidos, convirtiéndose en el octavo jugador de la historia con más encuentros en ACB. Fue leyenda en el Estudiantes (1984-1991) y en el Baloncesto Sevilla (1991-1996), además de militar en el Granada (1996-1998), Cáceres (1998-2001) y Valladolid donde se retiró en 2002].

Era el compañero por excelencia, el que hacía vestuario y con el que te ibas a tomar la caña tras el partido o el entrenamiento. Siempre con una sonrisa. Siempre dando ejemplo con su rendimiento y su esfuerzo. Allá donde fue creó buen ambiente.

Se crió en el baloncesto de toda la vida, en el baloncesto de equipo. El del grupo por encima de las individualidades. Sabía que no era la estrella del equipo y era generoso en eso. Desde la disciplina, jugaba para que se la jugaran los buenos, las estrellas. Por eso a lo mejor lucía menos en la estadística, pero si hacía falta tiraba del equipo como nadie en aquellas tardes épicas en el Magariños. Era muy valiente.

Era uno de los jugadores con recorrido en el equipo ACB cuando yo era un juvenil del Estudiantes y comenzaba a entrenar con el primer equipo y siempre nos echó una mano a los jóvenes porque se sentía uno de los nuestros. Estaba Pinone, los americanos, Vicente Gil, gente más veterana y él era por edad un referente para nosotros. Un ejemplo a seguir. Admirábamos su fuerza, sus ‘patas’ imponentes, sus finalizaciones de aro a aro, sus tapones en carrera. Jugaba con Javi García Coll y después con la llegada de Alberto Herreros le tocó participar menos minutos. Pero el asumió con mucha profesionalidad que un chaval de 19 o 20 años le restara tiempo en la pista. Sabía que Alberto tenía un talento especial y le ayudó en todo lo que pudo, pero también le luchó los minutos desde el compañerismo.

Para nosotros fue un hito su tercer puesto en el concurso de mates de 1985 en Don Benito, donde quedó tercero por detrás de David Russell y Wayne Robinson. Los aleros de entonces no tenían su estatura (1,94) y su fortaleza. Ponía los codos en el aro. Fue un pionero en eso. Con los años además compensó la inevitable pérdida de facultades en lo físico con su profundo conocimiento del juego.

Tenía algo de entrenador. Hablaba mucho con los compañeros, en el vestuario y en la pista y tenía peso por su visión de los partidos y los rivales. Una visión global que ya anunciaba su gusto por la formación. En la actualidad estaba vinculado al baloncesto de base madrileño y entrenaba en las categorías inferiores del colegio Joyfe. Un buen sitio para seguir cerca del baloncesto. Su mundo. Para nosotros siempre fue Carlitos. Nuestro Saltamontes.

Nacho Azofra jugó con Carlos Montes tres temporadas en el Estudiantes entre 1988 y 1989 y dos más en el Caja San Fernando de Sevilla entre 1993 y 1995.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon