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Casa-estudio-calle...

Notodo Notodo hace 2 días Irene Galicia
Imagen principal del artículo "Casa-estudio-calle..." © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Casa-estudio-calle..."

El arte es una actividad humana esencial y no puede ser encerrado en una definición o abarcado desde una mirada global que pretenda explicar su totalidad. La tarea del artista, según Hegel, consiste en hacer que la idea sea accesible a nuestra contemplación bajo una forma sensible; lo que está claro es que el arte es un lenguaje con el que el artista expresa la realidad nutriéndose de lo exterior e interiorizándolo, para luego devolverlo al exterior desde su libertad creadora. Representa esa subjetividad que, al igual que todo ser humano, se encuentra determinada por su contexto histórico. Y nadie puede huir de su propia época.

Es por eso que Casa-Estudio-Calle-Barrio tiene como objetivo mostrar cómo viven y trabajan los artistas hoy en día, cómo se relacionan con lo que les rodea y su cotidianeidad y qué influencia tiene sobre su obra el contexto en el que desarrollan su trabajo, que es casi siempre urbano. Una muestra que pretende arrojar luz sobre algunas de las cuestiones fundamentales del arte: la necesidad del mismo, el artista, su mundo y las circunstancias de las dependen el proceso creador y la obra para comprender la esencia de esta actividad humana tan especial. El título, ya de por sí bastante ilustrativo, nos indica por dónde van los tiros. ¿Dónde desarrolla su actividad un artista? ¿Cómo lo hace? ¿Cuál es su relación con el entorno?



Doce artistas, que son también ciudadanos, han sido invitados a contar desde esa doble vertiente y a partir de su perspectiva y experiencia personal, cómo compaginan actividad laboral y vida cotidiana, sus intereses, reivindicaciones y preocupaciones, para que el público pueda conocer lo que hay detrás de la obra, la trayectoria vital del artista y su relación con el espacio urbano. A través del dibujo como formato principal, podremos contemplar obras que van desde el retrato de los colegas de estudio a la pancarta de protesta callejera, pasando por un salón habilitado como estudio en una casa o la reivindicación de la calle como espacio para el arte.

Interesante reflejo de una cuestión que une lo personal con lo creativo, pero que parte de una idea un tanto victimista: la vida del artista es frágil, precaria, sin garantías de conservación y necesitada de extremos cuidados; esta afirmación parte de aceptar que el trabajo creativo debe tener el lucro como objetivo; asumimos que, como en el caso de los actores, este oficio debe sobredimensionarse. Pero lo cierto es que los artistas no tienen por qué ser millonarios, ni hacer millonarios a otros. Por supuesto que hay que apoyar la cultura y un artista debe ver retribuido su trabajo, pero en la misma medida que quien desempeña cualquier otro oficio. Como decía Agustín García Calvo: “el precio del bollo en el bollo, lo cambia al bollo de gusto”, y es ese “gusto” sobre el que vale la pena reflexionar desde casa, desde el estudio, la calle y el barrio.









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