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Casting porno en un centro comercial de Madrid

ABC ABC 12/07/2015 M. R. Domingo

Decenas de jóvenes «amateur» son convocadas a una supuesta prueba de selección para protagonizar una película X. © Diario ABC Decenas de jóvenes «amateur» son convocadas a una supuesta prueba de selección para protagonizar una película X. «¿Con cuantos chicos te has acostado? ¿unos 80? ¿Alguna vez has tenido sexo con varias personas?». Lucía colgó el teléfono con una mezcla de estupor e incredulidad tras escuchar estas y otras truculentas preguntas. Un supuesto «profesional del sector porno» se había «fijado en ella» mientras trabajaba en una conocida tienda de moda de un centro comercial madrileño. El «cazatalentos» trataba de persuadir a la joven para que se presentara a un casting con el fin de protagonizar una serie X destinada al público estadounidense.

Durante toda la tarde estuvo pensando en la conversación que había mantenido con el «headhunter». Había muchas piezas que no encajaban en la historia que le había contado. «Le dije que era una chica normal, que no tenía experiencia en el sector. Me contestó que precisamente estaban preparando una gran producción y que necesitaban, sobre todo, chicas noveles porque era un nicho que les proporcionaba muchos ingresos», relata a ABC la joven, aún perpleja por la morbosa situación que vivió. «Después me explicó que yo daba el perfil que buscaban, pero que tendría que hacer una prueba para ver cómo reaccionaba ante las cámaras», prosigue Lucía.

Le prometieron dinero rápido y fácil, solo por presentarse al casting. Y si salía elegida, los ingresos podrían sobrepasar el millón de euros. Esa cifra le dejó perpleja y levantó su recelo. En cuanto llegó a casa, decidió comprobar todos los datos que le había proporcionado con el fin de ganarse su confianza: un número de móvil, la dirección de la sede, un correo electrónico e incluso una web. «Para que veas que vamos en serio, es una propuesta real», le insistió.

Para reforzar su veracidad, le aseguró que representaba a «una importante empresa» del sector. El argumentario del supuesto productor incluía excusas como que habían creado una delegación en Madrid «gracias al auge pornográfico que está viviendo la capital».

Lucía sospechó desde el principio y rechazó la propuesta, pero no denunció. En general, las afectadas tampoco lo suelen hacer. El perfil de las víctimas que caen en la trampa son chicas jóvenes, sin estudios superiores. El material que consiguen de ellas termina en páginas porno de internet no profesionales, en la sección que denominan «teens» (adolescentes, en inglés) o «amateur». Después de logarlo, no queda ni rastro. Los móviles de contacto no dan señal. Nadie contesta a los correos electrónicos. Y el local donde se desarrolla la prueba, vacío. Como si todo hubiera sido atrezo.

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