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Cataluña, Madrid y la urgencia de ser escuchados

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 28/09/2017 José Andrés Rojo
El escritor y periodista Josep Pla. © Proporcionado por ElPais El escritor y periodista Josep Pla.

En una anotación de El quadern gris del 2 de abril de 1918, Josep Pla recoge una de esas tantas conversaciones que se tienen en un café donde se habla de lo divino y lo humano. El comentario con el que arranca es de uno de los contertulios: “Como siempre he sido pobre he pasado muchos ratos de mi vida escuchando a la gente...”.

Un poco más adelante, el escritor de Palafrugell incorpora una larga perorata de otro de los presentes, un tipo que hablaba deprisa, dice, “con algún temblor en las manos”, un poco ruborizado: “El arte de escuchar es terriblemente cansado y vale realmente la pena poseer una renta para ahorrarse tener que practicarlo. A mi entender, la forma más concreta y agradable de la independencia es poder vivir sin necesidad de escuchar a nadie”.

Conviene frenar e imaginar la escena. Unos cuantos amigos charlando, que afinan sus argumentos, que tiran a ratos de alguna hipérbole, que manejan la ironía. Los hombres que no suelen escuchar nunca a nadie, continúa el de los temblores, “se lanzan a hacer las cosas a ciegas, sin meditarlas, contando sólo con sus instintos, con sus personalísimos cálculos desprovistos de claridad, sin hacer nunca caso de los demás”. Y, poco después, su indiscutible conclusión: “Es impresionante la cantidad de inconsciencia y de locura que entra en la producción de las acciones humanas tenidas por importantes...”.

La traducción citada de El quadern gris la hicieron Dionisio Ridruejo y su mujer, Gloria de Ros. “Mi casa en Madrid tiene un pasillo muy largo, y durante cinco meses mi mujer y yo lo hemos recorrido no sé cuántas veces al día —papeles en mano— para consultarnos dificultades de esas que los diccionarios añaden más que solucionan”, comenta Ridruejo en el texto que sirve de prólogo.

Ridruejo empezó como falangista al lado de Franco durante la Guerra Civil y se fue a Rusia con la División Azul. Con el tiempo supo cambiar y terminó batallando contra la dictadura. Las largas caminatas de un lado a otro para traducir a Pla los obligaron, a él y a su mujer, a realizar “un ejercicio muy saludable para el aparato circulatorio”. Pero hicieron también otro ejercicio, acaso más importante: el de conectar Madrid con Cataluña. Bueno es acordarse de estas cosas, que son las que importan, cuando estamos en medio de este barullo tan grande, y tan cansino, de la independencia de Cataluña.

El amigo de Pla decía también en aquel café que cuando alguien se siente escuchado pierde un tanto su dureza y que sólo entonces “puede desprenderse un grano de generosidad del granito humano”. Escuchar y ser escuchado es la única tarea que toca tras el 1 de octubre.

En otra anotación de El quaderngris, del 28 de febrero de 1919, Pla dice al hilo de su relación con otra persona. “Me considera un hombre sin construir porque me falta un punto de escepticismo amable”. Es también lo que ha faltado desde hace tiempo en la política de este país, tan henchida de importancia: un punto de escepticismo amable. Ha llegado la hora.

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