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Cenizas

Notodo Notodo 09/03/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Cenizas" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Cenizas"

"¿Cómo te olvidas de la muerte de tu padre? ¿Cómo te olvidas de eso?", le dice una hermana a su hermano. Este es el punto de partida de Cenizas, de la compañía Arcàdia, una función escrita por Llàtzer García que con el nombre original de La pols recorrió Barcelona con éxito (Premio de la crítica Serra D’Or 2015 y el Premio de la Crítica de Barcelona 2014) y que ahora llega en castellano a Madrid.

Un padre muere. Y uno de sus hijos decide evitar todos los pasos relacionados con velar el cadáver de su progenitor. O incluso con sentir pena. Cenizas habla sobre las convenciones sociales (está bien no sentir las cosas si uno no quiere, pero no decirlo), la familia y la soledad jugando con tres personajes: el hijo, la hermana y la novia del hermano en discordia (al que nunca se ve). Tres personajes cuyos comportamientos no llegarían a integrarse dentro de los parámetros normales de la sociedad (por mucho que alguno lo intente). Ni falta que hace. Una función, la verdad, con cierto aire de familia a las películas de Todd Solondz (piropazo). Y es que por toda la función corre un tono que descoloca y resulta cercano y extraño a la vez.

Y no sé si es por eso, o por las expectativas de lo que se oía desde Barcelona, que la función acaba por parecer irregular. El punto de partida es muy interesante, pero el desarrollo resulta algo repetitivo. La realista puesta en escena tampoco permite aportar extra alguno y el ritmo tiene sus momentos críticos que ponen en peligro la función. Sin embargo, ese extraño tono también tiene su punto de atracción y, sobre todo, los tres intérpretes (Marta Aran, Laura López y Guillem Motos) realizan una labor entregadísima: Guillem Motos resulta un protagonista atípico y curiosísimo al que dan ganas de mandarle a tomar viento y de abrazarle a la vez; Marta Aran juega con su locura y ternura de forma envidiable, haciendo atractivísimo a su personaje (que podría resultar repelente hasta decir basta); y Laura López consigue la misión imposible de que su muy odiable (a priori) hermana acabe revelándose sin forzarlo y calando muy hondo. Los tres luchan contra viento y marea, sin desfallecer un instante frente a un duro público que (por ejemplo la noche en particular que vi la función) tenían delante. Ellos respiran verdad. Y se agradece.

Y aunque haya algo que no llega a encajar (tal vez también influye ese cambio al castellano, quién sabe) y uno no llegue a saber muy bien qué es lo que ha sucedido para que actúen así los personajes, la función tiene momentos muy buenos y el tema que trata es, cuanto menos, curioso de partida (y eso pesar de de encuadrarse dentro de la muy manida temática familiar). Ah, la música es de The New Raemon, que también es un plus. Si bien cuesta un poco, al final de la función la verdad es que uno le ha cogido cariño a estos personajes, la ternura se despliega y acabas por sentirte un poco parte de esta disfuncional familia.

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