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Ceremonia para una España distinta

EL PAÍS EL PAÍS 07/06/2014 Natalia Junquera

El día de su proclamación, el 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte del dictador, la bandera de las Cortes ondeaba a media asta. El Monarca juraba ante una Cámara franquista para la que era un absoluto enigma. Don Felipe lo hará ante un Parlamento elegido en las urnas, que conoce y le conoce bien. La democracia es la principal diferencia entre ambas ceremonias, separadas por 39 años y una Constitución. Pero hay más.

Los padres. Días antes de su proclamación, había llegado a manos de don Juan Carlos el borrador de una declaración de su padre que no le reconocía como rey, sino como heredero, y se presentaba a sí mismo como “jefe de la Casa Real española”. Don Juan no renunció a sus derechos dinásticos hasta mayo de 1977, 18 meses después de la proclamación de su hijo. Don Juan Carlos anunció en un mensaje de vídeo, 37 años después, que cedía el trono a don Felipe convencido de que “el mejor servicio” que podía prestar a España era dejar “la primera línea a una generación más joven”. Según fuentes de La Zarzuela, no está decidido aún si don Juan Carlos y doña Sofía asistirán a la proclamación de su hijo, al que no quieren restar protagonismo.

Los protagonistas. Don Juan Carlos tenía 37 años y aquel día, tras una ceremonia que duró apenas 36 minutos (15 de su discurso), se convirtió en el Monarca más joven de Europa. Don Felipe será proclamado rey con 46. El 22 de noviembre de 1975, sentado entre doña Sofía y sus hermanas, doña Cristina y doña Elena, tenía siete años, uno menos que su hija Leonor, que será princesa de Asturias. Con él estará el próximo 19 de junio la nueva reina, doña Letizia, periodista y divorciada. Junto a don Juan Carlos estaba una hija de Reyes, Sofía de Grecia.

Las Cortes.  Un auditorio de corbatas negras, de luto por Franco, escrutaba a don Juan Carlos el día de su proclamación en 1975. Lo más aplaudido de su discurso fue su recuerdo al dictador: “Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón en el acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse. (...) Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la patria”, dijo. Pero no fue suficiente para tranquilizar a los franquistas, que se tomaron muy mal que don Juan Carlos no hiciera ninguna referencia al 18 de julio, el día del golpe militar que dio lugar a la Guerra Civil, y a los que inquietaron especialmente otras dos alusiones. La que homenajeaba a su padre, quien le había enseñado, dijo, que “el cumplimiento del deber está por encima de cualquier otra circunstancia”, y la que anunciaba, para disgusto de los que deseaban la continuidad del régimen, “una nueva etapa”. “Soy plenamente consciente de que un gran pueblo como el nuestro, en pleno desarrollo cultural, de cambio generacional y crecimiento material pide perfeccionamientos profundos. Escuchar y estimular estas demandas es para mí un deber”, dijo. Para calmar los ánimos, como recuerda Paul Preston en su biografía del Rey, 30 minutos después, don Juan Carlos estaba ante el cuerpo de Franco.

Don Felipe tendrá delante a 350 diputados y 263 senadores de todos los partidos políticos, salvo Amaiur, que ha anunciado que no estará. Está previsto que el 90% de las Cortes apoye la abdicación, cuya votación será por llamamiento: todos tendrán que levantarse y decir qué quieren. Don Felipe lleva varias semanas preparando con su equipo el discurso que pronunciará. El Gobierno supervisará el texto, en el que expondrá la hoja de ruta de su reinado. El Rey elaboró el suyo la misma tarde de la muerte de Franco.

La escenografía. “Pido ayuda a Dios para acertar”. Don Juan Carlos juró “por Dios y sobre los santos evangelios cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del reino y guardar lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional”. Tenía delante la corona de plata, de 1775, el cetro, del siglo XVII, y un crucifijo. Durante su discurso hizo, además, múltiples referencias religiosas: “Pido a Dios su ayuda para acertar siempre en las difíciles decisiones que, sin duda, el destino alzará ante nosotros. (...) El Rey, que es y se siente profundamente católico, expresa su más respetuosa consideración para la Iglesia. La doctrina católica, singularmente enraizada en nuestro pueblo, conforta a los católicos con la luz de su magisterio...”

Don Felipe jurará “cumplir y hacer cumplir la Constitución” aprobada tres años después de la proclamación de su padre. Y ha decidido, además, no celebrar una misa posterior, como hizo su padre, para respetar, como jefe de Estado, la aconfesionalidad de este, según explican fuentes de La Zarzuela. El próximo rey es católico.

Los invitados. Ningún jefe de Estado ni casa real extranjera asistirá a la proclamación de Felipe VI. “No hay tiempo ni espacio”, justifica la Casa del Rey. A la de don Juan Carlos asistieron el general chileno Augusto Pinochet, Hussein de Jordania, Rainiero de Mónaco, el duque de Edimburgo e Imelda Marcos, ente otros. Y a la misa especial, cinco días después, los presidentes de Francia, Giscard d’Estaing; de Alemania, Walter Scheel, y el vicepresidente estadounidense, Nelson Rockefeller. A la proclamación del Rey también acudieron, en 1975, la hija de Franco y la duquesa de Alba. A la de don Felipe irán los tres expresidentes, José Luis Rodríguez Zapatero, José María Aznar y Felipe González. Ese 22 de noviembre se declaró festivo por la proclamación de don Juan Carlos. El próximo 19 ya lo es, la fiesta del Corpus.

En 1975, las calles próximas al Congreso se llenaron de gente para ver al nuevo rey, que recorrió Madrid en un coche descubierto. La Zarzuela no ha aclarado aún si Felipe VI hará algo similar. El formato que buscan es un término medio entre los festejos y pompa de la entronización de Guillermo de Holanda, que costó 10 millones de euros, y el discreto relevo real en Bélgica.

De qué se hablaba. La muerte de Franco acaparaba casi todo el espacio mediático en noviembre de 1975. Al día siguiente de la proclamación de don Juan Carlos fue noticia la anulación de las multas a los sacerdotes navarros que se habían opuesto a la alianza entre la Iglesia y el dictador. Ahora, 39 años después, la noticia del último mes en España ha sido el resultado de las elecciones europeas, en las que PP y PSOE perdieron cinco millones de votos y un partido, Podemos, con solo tres meses de vida, obtuvo más de un millón.

El 22 de noviembre de 1975, según contaba Abc, se habían agotado los televisores en color para ver la proclamación de don Juan Carlos. En aquel momento, uno de 26 pulgadas costaba 75.000 pesetas. Los periódicos anunciaban el estreno en España de La naranja mecánica, “¡el film que mayor impacto ha causado en toda la historia del cine!”.

39 años después, han sido convocadas manifestaciones contra la Monarquía. Y una comedia que explota con humor tópicos de Andalucía y Euskadi, Ocho apellidos vascos, se ha convertido en la película española más vista de la historia.

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