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Cesc Fábregas: "A mí el 'Cholo' me fascina, pero no existe la fórmula del fútbol"

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 EDUARDO J. CASTELAO

El Hotel Crewe Hall es una enorme mansión del Siglo XVII en mitad de la campiña de Cheshire, corazón de Inglaterra. Desde 2013 es un hotel de lujo y en la habitación 4110, el viernes por la noche, un futbolista descuelga el teléfono. ¿Dónde está? "¿Le digo la verdad? No tengo ni idea. A estas alturas ya me pongo en el bus y donde me deje me bajo", responde Cesc Fábregas (Barcelona, 30 años), que atiende a este periódico, aunque él en ese momento no lo sepa, a pocos kilómetros del estadio del Stoke City, donde el sábado jugó la última media hora de la victoria (0-4) del Chelsea, donde además golearon Morata (3) y Pedro.

Más allá de la fama, justificadísima, que gasta de despistado, un dato le da la razón. "Desde que debuté, con 16 años, calculo que habré jugado más de 700 partidos, no sé exactamente, y de esos, ponle que 400 hayan sido viajando. Al final desconectas", explica con pausa.

¿Qué es de su vida? Hace mucho que no sabemos nada más allá de lo que se ve en el campo. ¡Uf! Ahora la verdad es que muy bien, sobre todo, comparado con un año atrás. Me encuentro muy bien, estoy jugando todos los partidos... Y luego a nivel familiar he tenido al tercer niño y nada, muy casero, muy familiar. ¿Qué queda del Cesc Fábregas de los comienzos? Sinceramente, queda la misma ilusión por este deporte, por luchar cada día. Sigo disfrutando, parece mentira pero sigo teniendo mariposas en el estómago antes de los partidos. Obviamente maduras, tienes más experiencia, pero a la hora de entrenar, de jugar, todo es igual. ¿Disfruta más porque intuye la cercanía del final? Quizá inconscientemente sí. Pero mire, tengo 30 años y no me los noto. No sé cómo explicarlo, me noto fuerte, me siento joven y espero seguir jugando al fútbol muchos años más. El cuerpo dura lo que dura, pero si tengo que analizar lo que siento es que estoy muy bien. Eso en el campo. ¿Y fuera? En esto sí que he notado un cambio fuerte en mí. Yo, cuando perdíamos, o cuando no me salían las cosas, llegaba a casa y me lo comía yo solo, me encerraba en la habitación y lo pagaba luego con mis padres, con mi novia... Pero ahora, al tener hijos, cuando llegas a casa y les ves la cara, y vienen corriendo a darte un beso y preguntarte cómo te ha ido... No sé, son sensaciones muy especiales. Mis hijos me suben la moral. ¡Aunque ojo, sigo siendo un rabioso cuando pierdo, eh! Pero ya no es lo mismo. ¿Qué Chelsea vamos a ver en el Wanda Metropolitano? Un equipo parecido al del año pasado, pero intentando mejorar, crecer. No empezamos muy bien porque tuvimos muchas lesiones y los fichajes llegaron tarde, pero entrenamos muy fuerte. Este año, además, el mister quiere que tengamos más el balón, más posesión, etc... Al final es evolucionar. A usted le ha cambiado la vida con Conte. El año pasado empezó sin entrar en sus planes y este año ha empezado siendo un fijo. A mí me costó mucho, sí. Yo no contaba para casi nada. Luego además me lesioné y tuve que trabajar mucho, ser paciente, comerme muchas cosas y esperar mi oportunidad para demostrarle al entrenador que podía estar. Yo creo que como en Navidades llegó ese momento y desde ese día hasta hoy creo que he participado en todos los partidos, ya al final del año pasado y este muchos como titular. Yo me encuentro bien. Sé lo que soy, sé lo que piensan y esperan de mí mis compañeros y eso me hace más fuerte, más feliz.

La madurez. En 2006, días antes de la final de Champions contra el Barça en París, Cesc recién estrenaba su Audi A3, estrenaba también su carnet de conducir y atendía a toda la prensa española desplazada a Londres en un restaurante-discoteca del centro. Contaba, divertido, cómo siempre le pillaba el toro antes de salir a jugar porque en pocos minutos tenía que ponerse las espinilleras y, sobre todo, la gomina y la cinta en el pelo. Aquel muchacho despreocupado es hoy el padre de Lia (cuatro años), Capri (dos) y Leonardo (cinco meses), un tipo que, además, analiza el fútbol de un modo relajado, dejando atrás los dogmas.

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Hábleme de Conte. Es un entrenador que sabe lo que quiere, que tiene una idea muy personal del fútbol. Es una filosofía muy equilibrada, tanto en lo ofensivo como en lo defensivo. Y, sobre todo, es un amante del entrenamiento. Para él es sagrado. Entrenar al 200% cada día y estar bien físicamente es prioritario. Él, con esto, nos quiere transmitir que cada segundo de un partido es importante. Y es una de las cosas que ahora estoy empezando a valorar, el hecho de estar bien físicamente. Cuando llegó, los jugadores pensábamos: 'este ritmo de entrenos no lo vamos aguantar', pero luego ves que estás bien y eso te refuerza. ¿Cree que se parece en algunos aspectos a Simeone? Creo que sí, aunque obviamente no he trabajado con Simeone. Pero hablo mucho con Filipe y él me cuenta cómo trabaja. El Cholo me fascina y creo que sí, que se parecen. Por cómo viven los partidos en la banda, que no paran, porque sé que en el Atlético también trabajan muy fuerte, porque el Profe y el Cholo les meten mucha caña. Más allá de dar 50 o 100 toques en una jugada, hay síntomas futbolísticos, y más allá del fútbol, que me dan a entender que se parecen. Así que da igual dar 50 que 100 toques. Llamativo. Es que cada día me doy más cuenta de que nadie tiene la fórmula del fútbol. Te decía que El Cholo me fascina, pero nadie tiene la fórmula. Tú ves al Madrid de Zidane, que a mí me encanta cómo juega, y a lo mejor no entrenan tanto tácticamente como nosotros o el Atlético, pero luego dan 400 pases y ganan. Al tiempo, nosotros, con nuestras armas, ganamos la Premier. El Barça siempre tiene la posesión, pero en los dos últimos años no ha ganado tanto. No hay una fórmula única para jugar y ganar. Así que le fascina Simeone. Sí sí. Mira cómo ha transformado al Atlético. Yo estaba en el Barça cuando llegó, y antes de que él llegara, hombre, no te diré que ganábamos fácil, pero sí, era un partido con el que contabas ganar. Y cuando llegó él se empezaron a complicar las cosas, veías que el equipo tácticamente te complicaba, que luchaban cada balón, que sabían cómo presionar... El miércoles todavía no puede jugar su amigo Diego Costa. Diego lo que más ha mejorado en estos tres años en Inglaterra es el juego a nivel colectivo, recibiendo de espaldas, el juego de asociación. En los entrenamientos, yo le mandaba unos melones que no veas y le decía: '¡a ver cómo estás hoy!'. Lo buscaba siempre. Es un nueve puro. Es el delantero con el que mejor me he entendido con diferencia. Sobre todo para jugar en largo. Además tenemos amistad fuera del campo, yo he sabido todo este verano, que no lo estaba pasando bien, que la situación era muy incómoda y bueno, al final se ha solucionado. Le deseo lo mejor. ¿Cómo recuerda su paso por el Barcelona? Con mucho cariño. Quizá la gente lo recuerde mal por el final. Me fui en un momento de bajón del club, pero bueno, si analizas los tres años, hubo partidos buenísimos a nivel individual y colectivo, marqué 43 goles y dí 50 asistencias, jugando en una posición que apenas conocía. ¿Cómo es su relación con Guardiola? Prefiero no hablar de eso. ¿Volver a la selección? Es una ilusión más que se añade al momento que vivo. Sería un premio brutal. Estoy trabajando muchísimo y tratando de jugar muy muy bien para que algún día pueda volver a vestir esa camiseta. Y la situación en Cataluña, ¿cómo la vive? Lo vivo desde lejos, y desde lejos es difícil poder participar, poder hablar. No soy mucho de mezclarme en estas cosas porque una cosa es el deporte y otra cosa es lo que pueda pasar en la calle. Yo quiero siempre lo mejor para todos y ojalá que no haya que lamentar nada y que todo se encamine hacia la normalidad.

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