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Chester Brown

Notodo Notodo 17/05/2016 José Angel Sanz
Imagen principal del artículo "Chester Brown" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Chester Brown"

Durante la adolescencia, la tenencia de revistas para adultos es una de esas primeras zozobras que conllevan más pesadumbre y miedo en el que comete el ‘delito’ que en el que descubridor del secreto, en el caso de que eso llegue a suceder alguna vez. Antes de internet, el comprador tenía que, cual furtivo, acercarse sigiloso a un quiosco, elegir, susurrar el nombre de la revista en cuestión y deslizar el dinero del precio en el menor tiempo posible. Pero eso era solo el principio; la verdadera desazón comenzaba cuando había que ocultar el objeto de los ojos de padres o hermanos. Primero, porque el cuerpo del delito solía costar unas monedas de las que el adolescente no solía andar sobrado y, segundo, porque eran objetos destinados a la larga duración y a los muchos usos.

Todo esto nos los recuerda Chester Brown en El Playboy, la novela gráfica en la que el dibujante de Pagando por ello o Louis Riel rememora sus primeros encuentros -en papel tintado- con las exuberantes mujeres que ocupaban las portadas y el interior de la popular revista estadounidense. Brown relata cómo y cuándo compró el primer número de su vida y recrea el camino que le llevó, años después, a convertirse en casi un erudito de la publicación, capaz de recordar el nombre de la playmate correspondiente a cualquier número de cualquier año por el que fuera preguntado.



No es, sin embargo, la historia de ninguna obsesión. El dibujante tuvo, de hecho, etapas de alejamiento de la revista y fases de su vida en la que prefirió explorar el mundo de las mujeres reales, las que no mostraban sus enormes pechos en ninguna revista y que, en su mayoría, ni podían ni querían competir con ninguna otra en atractivo físico.

Brown se decanta por una escenificación de sus sentimientos de sucesiva culpa, vergüenza o escasa desinhibición con respecto a su gran hobbie. Eso sí, ni la culpabilidad ni la vergüenza le abandonan, al menos, hasta 1990, fecha en la que las historias que reúne el libro se fueron publicando en tres entregas, y que en 1992 vieron la luz por primera vez en forma de volumen unificado.

El apartado de notas, a modo de corolario, insufla mucha sustancia a las viñetas porque las contextualiza y aporta un asombroso torrente de datos sobre Chicas Playboy, años de publicación y numerosos detalles. Así que sirve, de paso, como catálogo para coleccionistas. Ah, según el libro, a Chester nunca le pillaron.
El Playboy - AvancePublish at Calameo

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