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Chester Nez, último superviviente de los ‘windtalkers’ originales

EL PAÍS EL PAÍS 15/06/2014 Jacinto Antón
Chester Nez, durante una operación militar en la II Guerra Mundial. © Proporcionado por ElPais Chester Nez, durante una operación militar en la II Guerra Mundial.

En marzo de 2011 despedíamos en estas mismas páginas a Lloyd Olivier, el penúltimo del grupo original de 29 navajos reclutados como codificadores de mensajes y radiofonistas por el Ejército de EE UU durante la II Guerra Mundial y galardonados colectivamente con la Medalla de Oro del Congreso en 2001 en reconocimiento a su colaboración a la victoria. Pues bien, la vida ha seguido su inexorable curso y hoy tenemos que deplorar la muerte del último de esos valientes indios del Pelotón 382 de los marines, Chester Nez, que falleció mientras dormía el pasado 4 de junio a los 93 años en su residencia de Albuquerque (Nuevo México) a causa de un fallo renal. Veterano de la sangrienta campaña del Pacífico, Nez estuvo en Guadalcanal, Guam, Peleliu, Saipán y Bougainville. Su primer mensaje enviado desde primera línea es significativo de lo que fue su experiencia: “Ametralladora japonesa en su flanco derecho, destrúyala”.

Desmovilizado con el rango de cabo al final de la guerra en 1945, se reenganchó para la de Corea. Las banderas han ondeado a media asta en la Nación Navajo durante tres días por decisión de su presidente Ben Shelly, mostrando el profundo respeto por un hombre que ha sido un orgullo para su pueblo (“un tesoro viviente”) como lo fueron todos y cada uno de esos 29 navajos de la primera promoción de codificadores (luego siguieron unos 400, de los que viven una treintena) protagonistas de una vivieron una de las aventuras más curiosas de la guerra. Su peripecia fue plasmada en el cine de Hollywood por la popular película de John Woo Windtalkers (2002), en la que Nicholas Cage interpretaba a un marine con la misión de evitar por todos los medios, incluida la eliminación, que su camarada navajo radiofonista cayera en manos de los japoneses. La existencia de personal y órdenes encaminados a liquidar a los codificadores navajos en un aprieto parece ser un mito.

El ejército estadounidense echó mano de los navajos con el fin de elaborar un código de comunicaciones militares que el enemigo no pudiera romper. Y lo consiguió: los japoneses nunca descifraron la clave, que no solamente aprovechaba la natural dificultad de la lengua navajo, cuya sintaxis y características tonales son casi imposibles para los no navajos, sino que daba otra vuelta de tuerca criptográfica utilizando palabras tradicionales para describir términos militares inexistentes en el idioma original. “Avión torpedero”, por ejemplo, era tass-chizzle, “golondrina”. Es como para compadecer a los radioescuchas nipones, que debían imaginar que aquellos chasquidos guturales eran interferencias.

Chester Nez, un hombre modesto y poco hablador —su conversación abundaba en silencios y hows— pero encantador según los que le conocieron íntimamente, se mostraba muy orgulloso de su papel en la guerra mundial: “Nunca consiguieron romper nuestro código”, decía, y añadía con una curiosa propensión al drama en una persona tan lacónica: “Si nos hubieran atrapado, los japoneses nos habrían torturado y cortado la lengua” (lo último que probablemente hubieran hecho). Nez recordaba la paradoja de que EE UU se sirvió de su idioma cuando muchos navajos como él habían sufrido los intentos gubernamentales para erradicarla. Explicaba que en el colegio les frotaban la boca con jabón cuando hablaban en navajo.

A Chester Nez lo reclutó en un instituto de Flagstaff (Arizona) el veterano de la I Guerra Mundial Philip Johnston, que fue el que tuvo la idea de desarrollar el código navajo en 1941. El destino de los voluntarios era secreto hasta para sus familias, como contó Nez en sus memorias (2011). Recordó que los marines los trataban bien y hasta los admiraban como guerreros, aunque en realidad solo murió uno en combate. Tras su paso por el Ejército, el navajo trabajó como pintor.

Con motivo del fallecimiento del último codificador, el Cuerpo de Marines ha emitido un comunicado en el que señala que lloran su pérdida pero honran y celebran en el fallecido "el indomable espíritu y compromiso de los codificadores navajos.

Han deplorado especialmente la muerte de Nez los Red Sox, equipo de béisbol al que estaba muy vinculado pues se considera que les dio buena suerte para ganar las series mundiales en 2004, cuando hizo el primer saque y una ceremonia propiciatoria, ayudado por su bolsa de poder, para conjurar la supuesta vieja maldición por la venta de Babe Ruth a los Yankees en 1920.

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