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China alienta la edificación ‘express’

EL PAÍS EL PAÍS 07/06/2014 Zigor Aldama

En pocos lugares se construye peor que en China. No solo en lo estético, que también, sino en lo relativo a la calidad de las edificaciones. La avaricia de promotores y de constructores, la falta de una regulación precisa, la corrupción de las autoridades y una mano de obra nada cualificada son los ingredientes de un explosivo cóctel que da como resultado chapuzas épicas. Buen ejemplo de ello es el bloque de edificios de 13 plantas que, en junio de 2009, dejó al mundo atónito cuando se tumbó intacto en Shanghái nada más ser construido. A la vista quedaron los deficientes cimientos que provocaron el accidente, tras el cual se llevó a cabo una larga sucesión de detenciones.

Desafortunadamente, sirvió de poco. En noviembre de 2010, la negligencia fue más allá y acabó en tragedia: un rascacielos de 28 plantas que estaba siendo renovado en la capital económica de China se convirtió en un infierno de fuego y acabó con la vida de 53 personas. El aislamiento térmico altamente inflamable que recubría el edificio se había dejado al descubierto, y las chispas provocadas por unos soldadores sin licencia, que trabajaban en una de las plantas inferiores, desencadenaron el peor incendio de Shanghái en décadas.

Estos dos ejemplos se han convertido en paradigma de todos los males de un sector cuyo desmesurado crecimiento ha creado la mayor burbuja inmobiliaria de la historia. No obstante, sin llegar a tal extremo, el uso de materiales de mala calidad y la abundancia de diseños incongruentes se cobran un continuo goteo de vidas en decenas de derrumbes por todo el país, y el desastroso resultado lo pagan también los usuarios de las viviendas, ya que las construcciones chinas se encuentran entre las de menor eficiencia energética.

Los vídeos que muestra el proceso acelerado de construcción tienen millones de visitas en YouTube

Pero esta situación podría dar un vuelco si dos empresas chinas que han apostado por nuevas técnicas de arquitectura prefabricada tienen éxito a gran escala. La más importante de las dos, Broad Sustainable Group (BSB), ya ha demostrado su valía: ha erigido más de 40 edificios de sus modelos S30 y T30 —de 30 pisos—, cuyas piezas se construyen en serie en la impresionante fábrica que la empresa tiene a las afueras de Changsha, capital de la provincia central de Hunan, y se ensamblan en tiempo récord en su ubicación definitiva.

Los vídeos que condensan en YouTube el proceso por el que BSB consiguió levantar el hotel Ark —de 15 plantas— en solo seis días y el T30 en dos semanas suman más de 12 millones de visitas y han despertado el interés de todo el mundo, sobre todo del que está en vías de desarrollo.

“Comparado con el sistema de construcción tradicional, el nuestro es mucho más rápido, más sostenible, de más calidad, más seguro y, sobre todo, más barato”, enumera Zhang Yue, que fundó BSB en 1992 con un capital de 3.000 dólares y que ya emplea a más de 5.000 trabajadores.

“Según nuestros cálculos, el ahorro en la construcción oscila entre el 10% y el 30% en China, pero en países como Brasil o Arabia Saudí puede alcanzar hasta el 50%”, presume. Y eso no es todo, porque el mantenimiento resulta también mucho más económico. “Utilizamos el mejor sistema de aislamiento existente y nuestra propia tecnología de purificación y climatización del aire, que funciona con gas natural. Así, el T30 utiliza en torno al 10% de la electricidad que consume un edificio tradicional equivalente”.

Zhang, además, asegura que sus construcciones son mucho más seguras. “El T30 ha superado los exámenes correspondientes a un terremoto de fuerza 9 y no hemos tenido ninguna víctima mortal durante el ensamblaje de los edificios”, apunta. “Por otro lado, como subcontratamos muy poco trabajo durante todo el proceso, la posibilidad de que surjan casos de corrupción son mucho menores”, sentencia el presidente de BSB, cuya ambición es hacerse con el 30% del mercado mundial de nueva vivienda en 2020 a través del establecimiento de 50 franquicias en China y otras 100 en el resto del mundo.

Construir en tres dimensiones ahorra un 70% en tiempo y un 50% en presupuesto, según la empresa

No obstante, el suyo no va a ser un camino de rosas. Se ha demostrado con el proyecto estrella de la empresa. En junio del año pasado, con un presupuesto de unos 1.100 millones de euros, comenzó a construir la torre Sky City (Ciudad en el Cielo). Se trata del mayor rascacielos del planeta, una mole de 832 metros de altura repartidos en 202 pisos que albergarán una ciudad vertical sin precedentes: 30.000 personas podrán vivir en su millón de metros cuadrados, y los apartamentos tendrán un precio muy inferior al que marca el mercado de Changsha. Por si fuera poco, una vez que los cimientos estén preparados, BSB asegura que tardará solo siete meses en levantar este edificio de récord.

Si es que finalmente recibe el permiso para hacerlo, claro. Porque el proyecto, que ha estado envuelto desde el inicio en polémica, está paralizado ante la falta del visto bueno de las autoridades. Zhang prefiere contestar con una sonrisa maliciosa a la pregunta de por qué, pero otros directivos de BSB reconocen, bajo condición de anonimato, que el sistema que plantea la empresa choca directamente con los intereses de políticos y promotores corruptos y supone una amenaza para empresas gigantescas. “La proliferación de nuestros edificios sería una gran noticia para la población que no puede acceder a una vivienda, pero asestaría un duro golpe a quienes se lucran con las adjudicaciones y las subcontratas”, explican. El Gobierno provincial ha rehusado responder a las preguntas planteadas por EL PAÍS sobre el caso.

Algo parecido sufren en Winsun New Materials, una empresa de Shanghái que se ha propuesto reinventar la arquitectura mediante la innovación tecnológica. En su caso, el sistema ideado utiliza una gigantesca impresora 3D para imprimir viviendas partiendo de planos o de modelos a escala escaneados con todo lujo de detalles. Y también resulta mucho más económico y ecológico que el tradicional: la construcción ahorra un 70% en tiempo y un 50% en presupuesto, la impresión de las piezas se lleva a cabo en las instalaciones que la compañía tiene en Suzhou con una mezcla de materiales reciclados reforzada con fibra de vidrio, y su ensamblaje requiere un 20% menos de obreros.

Aunque Winsun ya ha demostrado que su sistema puede crear hasta una decena de pequeños edificios de una y dos plantas en el transcurso de un solo fin de semana, el Gobierno chino tampoco parece especialmente interesado. “Es lógico recelar de una tecnología disruptiva, pero la situación contrasta con la de los líderes extranjeros. Barack Obama, por ejemplo, se interesó por el proyecto de la empresa holandesa que está imprimiendo una casa en Ámsterdam y dio su apoyo visitándola. A nosotros, sin embargo, nos niegan ayudas y permisos”, se queja el presidente de Winsun e inventor del sistema, Ma Yihe.

Por todo ello, las dos empresas consideran que muchas oportunidades de negocio pueden estar fuera de sus fronteras. “Estamos convencidos de que la nuestra puede ser una gran solución para proporcionar viviendas de calidad a la población más desfavorecida”, asegura Ma.

“Líderes como el mexicano Felipe Calderón ya se han interesado por nuestra tecnología y, aunque continuaremos abriendo camino en China, estamos en conversaciones para llevarla a diferentes países”, añade Zhang. Ambos empresarios coinciden también en un punto que explica el presidente de Winsun: “Somos el ejemplo de que China ha dejado de copiar para dar el salto a la innovación, el único camino que le puede llevar ahora al éxito”.

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