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Chinchón, de plató a coso gourmet

El Mundo El Mundo 27/04/2014 Isabel García
Chinchón, de plató a coso gourmet © Unidad Editorial, S.A. Chinchón, de plató a coso gourmet

Tenía que durar un mes y se alargó medio año. La culpa la tuvo el anís. O mejor, la afición que le cogió al espiritoso elemento John Wayne, quien, noche tras noche, se despachaba a gusto en los bares de la Plaza Mayor. Claro, por la mañana a ver quién le levantaba... Era 1963 y allí estaba el duro de Wayne junto a Rita Hayworth para filmar El fabuloso mundo del circo. Allí es Chinchón, ciudad (el título se lo dio Alfonso XIII en 1916) a 45 kilómetros al sureste de Madrid. Y desde allí se haría mandar Wayne arsenales de anís a Hollywood después del rodaje...

Un año después, llegó Orson Welles con sus Campanadas a medianoche. Esta vez, al orondo cineasta le conquistaron las judías chinchoneras. Hasta el punto de que el dueño del mesón Cuevas del Vino, su favorito, tuvo que sacar un butacón de su casa para el americano. En ninguna silla del restaurante cabía. Y es que al medio kilo de alubias diarias añadía Welles otro de carne típica. A saber, cabrito, cochinillo o cordero asado. Repitiría menú años más tarde, cuando volvió para filmar Una historia inmortal. Hasta dicen que pidió ser enterrado en Chinchón, aunque donde reposa es en Ronda, en una finca del torero (y amigo) Antonio Ordóñez.

La visita de Tina Turner

Son algunas de las historias con tintes cinéfilos que aún rulan por los balcones verdes de la Plaza Mayor, la misma en la que se sentó Tina Turner tras un concierto en Madrid (luego durmió en el parador). También ejerció de plató en Rey de reyes, La vuelta al mundo en 80 días o el anuncio Generaciones de Coca-Cola para el Mundial de 2002, con Luis Figo, Forlán y Luis Aragonés. Por algo la plaza, medieval, asimétrica y de arena, está catalogada como una de las maravillas naturales de la Comunidad de Madrid. La cuarta.

Pero su principal función es la de coso taurino. Y eso que también ha sido corral de comedias y escenario de ferias de ganado, autos sacramentales y juegos de cañas. Sin embargo, la afición torera es tanta que muchas familias pudientes venidas a menos tuvieron que vender sus casas de la plaza para subsistir, pero mantuvieron sus balcones (claros) para ver los toros y, lo más importante, ser vistos. Cosas del petardeo social. Echen cuentas: hay 234 balcones (casas) y 400 dueños. Algo no cuadra. Hasta el escritor Luis Quiñones de Benavente dijo: «Qué triste es vivir en una plaza tan bella, pues llega la fiesta y te echan de ella».

Por eso, muchos lugareños aún recuerdan al simpático (o no) de Fulanito, dueño de un balcón, pasando por su salón como si tal cosa para llegar a su propiedad con vistas. Si no, siempre quedará el Balcón de las lagartijas, en la zona alta de la ciudad y donde se acodan los mirones que no quieren pagar entrada para el festival que se celebra cada octubre desde 1923. Esto ha ocurrido siempre, ya perteneciese Chinchón al dominio musulmán (que perteneció) o al concejo de Segovia (que también). Luego llegarían los Reyes Católicos. Y Carlos I de España y V de Alemania, que se inventó el primer título de Conde de Chinchón.

La casa de Goya

Siguiente parada histórica: Guerra de la Independencia. Y con ella, un vecino ilustre: Francisco de Goya. Hasta casa tuvo el pintor en la calle de la Iglesia, donde pasaba jugosas temporadas. Motivo: su estrecha relación con el infante don Luis y Conde de Chinchón. ¿Se acuerdan del archifamoso cuadro La Condesa de Chinchón? Era su hija, la que tuvo con una mujer de sangre no azul. Resultado: el destierro de la Corte. Y buena parte lo pasó en Chinchón.

Además, Camilo, hermano de Goya, era capellán de la Iglesia de la Asunción. Y total, desde Madrid sólo se tardaban seis horas en coche de caballos... Luego llegó la guerra y el asedio. La noche del 29 de diciembre de 1808, 103 vecinos murieron a manos francesas tras un chivatazo, dicen, de uno de Colmenar de Oreja. Goya lo plasmó en su grabado 37: El de Chinchón.

Tras la guerra, al maño le encargaron un cuadro para recuperarse de sus cornazos. Pintó La Asunción de la Virgen (ver álbum) para el altar de la iglesia del mismo nombre. Las malas lenguas sueltan que una de sus amantes chinchoneras, La Graja, fue la modelo... Justo al lado, descubra el teatro Lope de Vega, neoclásico y sobrio a más no poder por fuera, pero de (encantador) estilo corrala por dentro. Razón del nombre: en Chinchón firmó Lope de Vega su comedia El Blasón de los Chaves de Villalba. En concreto, en el Palacio de los Condes de Chinchón. ¿Se puede pedir más? Gastronomía pura y dura.

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