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Ciclismo apátrida

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 CARLOS TORO

Los Campeonatos del Mundo de ciclismo en ruta, que concluyeron ayer en Bergen (Noruega), nos han ofrecido durante toda la semana un rosario de pruebas individuales de distinto orden y categorías. Y, además, dos contrarreloj por equipos, hombres y mujeres, sin límite de edad (élite). Por equipos... comerciales.

Aislados en un denso, profuso calendario sin concesiones al romanticismo, los Mundiales, como los Juegos Olímpicos y los jóvenes Campeonatos de Europa, son una competición por naciones. Los corredores, en su filiación personal con nombres y apellidos, representan en ella a su país. Pasan de mercenarios todo el año a patriotas por un día. Y, a tal efecto, visten unos uniformes únicos para la ocasión. Sin embargo, desde 2012, en la contrarreloj por equipos, representan a las empresas que les pagan. En Bergen no estaban ni España, ni Italia, ni Australia..., sino Movistar, Astaná, Trek, etcétera.

© Proporcionado por elmundo.es

En un evento por países no parece justificada una prueba por marcas. Ni siquiera por razones publicitarias: los ciclistas, al igual que en las carreras individuales del programa, podían llevar bien visible el nombre del equipo en cualquier parte del uniforme nacional. Los símbolos y los anuncios no se desautorizarían mutuamente.

Tampoco se justifica esa concesión a las marcas en nombre del espectáculo: ya disfrutamos de esas formaciones, sucursales ciclistas de la ONU, en las rondas por etapas. El espectáculo, en todo caso, y gracias a la novedad, residiría en la reunión de los mejores contrarrelojistas de cada país, aunque algunos tuvieran que desplazarse ex profeso y no surtirse el grupo de los inscritos en las distintas categorías, especialmente élite y sub-23, del Campeonato. Gente unida por la misma bandera y no por el mismo patrocinador.

La prueba masculina la ganó el Sunweb, con tres holandeses, un danés, un alemán y un australiano en sus filas. El BMC, segundo, contó con dos australianos, dos suizos, un italiano y un estadounidense. El Sky, tercero, con tres británicos, un bielorruso, un polaco y un italiano. En suma: 18 corredores y 10 nacionalidades.

Globalización es la figura. Pero, si el sueño de la razón produce monstruos, el exceso de internacionalización fabrica apátridas.

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