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Cinco experimentos caseros para entretener a los niños que ya están de vacaciones

El Confidencial El Confidencial 21/06/2016 R. Pérez

Desde esta semana hasta septiembre, miles de niños españoles disfrutan de unas largas, largas vacaciones. Largas, almenos, para sus padres, que se las ven y se las desean para encontrar modos de entretenerles. Y si además de pasar un buen rato, aprenden algo, mejor que mejor. 

Lea aquí: Ciencia casera: el líquido que a veces se comporta como un sólido

Desde Teknautas, recomendamos a los padres en busca de actividades que se den un paseo por la web ScienceBob, que recoge todo tipo experimentos y entretenimientos relacionados con la ciencia, perfectamente explicados para que los padres asombren y enseñen a sus hijos con unos cuantos trucos seguros, sencillos y con ingredientes al alcance de cualquiera. 

Geodas en cáscaras de huevo

© Proporcionado por El Confidencial

¿Qué necesitas? Cáscaras de huevo limpias, agua, sólidos solubles (azúcar blanca, azúcar moreno, sal, bicarbonato...), colorante alimenticio.

¿Sabes esas preciosas rocas de cristales de colores que se compran en las tiendas de minerales? Vamos a hacer una versión casera. Solo tienes que disolver cada uno de los sólidos que has elegido en una taza con agua caliente y añadir colorante alimenticio. Por cada unidad de agua, añade media de azúcar, por ejemplo, para que la concentración sea bastante alta.

Coge las cáscaras de huevo (cuanto más enteras, mejor), y límpialas cuidadosamente para que no se rompan. Asegúrate de que quitas la membrana interior entera, para que no se quede dentro, se pudra y las geodas terminen de un feo color negro. Una vez limpias, colócalas boca arriba (en un cartón de huevos se sujetarán bien, por ejemplo) y vierte el agua coloreada y con azúcar (o sal, o lo que sea). Utiliza distintos colores para cada sólido y cada huevo.

Busca un lugar seguro y tranquilo para dejarlas reposar hasta que el agua se haya evaporado, y enseña a tus hijos como cada una de las geodas tiene un color y sus cristales, una forma diferente.

¿Cómo se lo explicas? Al disolver los cristales de sal, azúcar o lo que sea en el agua, hemos creado una solución supersaturada. Esto significa que la sal se ha aprovechado de la energía del calor del agua para disvolverse hasra que ya no quedaba espacio en la solución para seguir haciéndolo. A medida que el agua se enfriaba, el agua perdía su energía y los cristales volvían a convertirse en sólidos de nuevo. Esto, que hemos hecho con sal y huevos, lo hace el agua cargada de minerales que crea las auténticas geodas.

Un barco impulsado por detergente

¿Qué necesitas? Una bandeja de poliespán (como las que te dan en el mercado con el pollo o la carne), un barreño, detergente líquido, un palillo de dientes.

© Proporcionado por El Confidencial

Recorta con unas tijeras la bandeja de poliespán en forma de barco, como el que aparece en la imagen. El tamaño ideal son unos 5 centímetros. Coge un palillo, pringa uno de sus extremos con detergente (el jabón con el que friegas los platos servirá) y úntalo en los lados del triángulo interior.

Y ya está. Llena el barreño de agua y deposita el barco enjabonado con cuidado sobre la superficie y verás como se impulsa hacia delante durante unos segundos. Para volver a intentarlo, tendrás que deshacerte del agua y asegurarte de que no queda ningún rastro de detergente cuando vuelvas a llenarlo. 

¿Cómo se lo explicas? Diles que el detergente es lo que se llama un surgactante, una sustancia que rompe la tensión superficial del agua, y que al hacerlo, general la suficiente energía como para impulsar al ligerísimo barquito por la superficie. 

Fantasía de colores

¿Qué necesitas? Repetimos con el detergente como ingrediente. Además, necesitarás leche entera (la desnatada no servirá), colorante alimenticio de varios colores y una bandeja grande y baja, como las del horno.

© Proporcionado por El Confidencial

Vierte la leche en la bandeja, de forma que cubra todo el fondo (no necesitas mucha profundidad, con medio centímetro es más que suficiente. Coge el colorante y deja caer una gota de cada color en puntos alejados entre sí. Luego, deja caer unas gotas de detergente en cada una de las gotas de colorante que ahora flotan sobre la leche, y mira cómo se forman distintos dibujos con cada color. Puedes repetir el experimento tantas veces como quieras, simplemente vaciando la bandeja y volviéndola a llenar de leche.

¿Cómo se lo explicas? El detergente funciona deshaciendo la grasa, normalmente de los platos sucios pero en este caso de la que se encuentra en la leche entera. En su camino, ha dispersado y mezclado los colores. 

Un inflador de globos

¿Qué necesitas? Media taza de vinagre, bicarbonato, una botella de plástico vacía, un globo, un embudo.

© Proporcionado por El Confidencial

Vierte media taza de vinagre en la botella vacía. Afloja un poco la boquilla del globo y echa en su interior suficiente bicarbonato como para notar que se llena hasta la mitad. Si necesitas ayuda para hacerlo, utiliza un embudo. Con cuidado de que no caiga en la botella con el vinagre, ajusta la boquilla del globo en la de la botella. 

Cuando lo tengas todo asegurado, entonces sí: endereza el globo para que el bicarbonato caiga sobre el vinagre y ¡listo! Verás como las burbujas sisean hinchando el globo

¿Cómo se lo explicas? El vinagre y el bicarbonato son una combinación de ácido y base. El resultado al juntar ambos es una reacción que da como resultado un gas, dióxido de carbono. Los gas se expanden todo lo que pueden, así que el dióxido de carbono quiere salir de la botella, y así se introduce dentro del globo. 

Dobla un hueso con vinagre

¿Qué necesitas? Un tarro en el que quepa el hueso de un muslito de pollo, el hueso de un muslito de pollo y vinagre.

© Proporcionado por El Confidencial

La próxima vez que cenéis pollo, guardad el hueso de un muslito. Límpialo bien para que no queden restos de la carne pegados, y comprueba con tus hijos lo duro que está. Podrías partirlo, pero tendrías que usar bastante fuerza.

Ahora introduce el hueso en un tarro, cúbrelo con vinagre y tápalo. Déjalo reposar durante tres días. Sácalo, enjuágalo y prueba de nuevo a doblarlo. Verás como ahora sí que puedes.

¿Cómo se lo explicas? Los huesos del pollo son ricos en calcio, como los nuestros, y eso es lo que los hace tan duros. El vinagre es un ácido capaz de disolver el calcio, así que lo único que queda después de tenerlo tres días sumergido en él es tejido óseo más blando. 

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