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Cinco horas con Mario

Notodo Notodo 16/06/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Cinco horas con Mario" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Cinco horas con Mario"

Hay ocasiones excepcionales, imperdibles (qué poco me gusta esta expresión de todas formas) que hay que aprovechar si o sí en caso de ser un amante del teatro en todas sus vertientes. Y la vuelta al ruedo de Lola Herrera como la mítica Menchu del Cinco horas con Mario de Miguel Delibes es una de ellas.

Y es que, celebrando los cincuenta años de la publicación de la novela, se repone este montaje clásico (pero imperecedero) que nos habla de la España de antaño que renquea todavía y que ofrece una lección de interpretación inolvidable con múltiples detalles que disfrutar en sus cinco horas de velatorio condensadas en apenas una y media de mítica función.

Hora uno
Josefina Molina dirige con sutileza y dejando el protagonismo total y absoluto a Herrera y la palabra de Delibes. Ése es su pilar (tremenda base por otra parte) en un ejercicio de contención y sobriedad canónico que viene desde su primera representación en 1979. Mario es un catedrático intelectual y progresista (cierto que algo frío en la cama, pero puede ser que sólo con su mujer). Carmen Sotillo, su mujer, una ejemplo perfecto de la época franquista, con sus frases hechas, impulsos reprimidos, reflexiones prestadas y dogmas reaccionarios, perlas que va soltando ante el cuerpo insepulto que vela durante la última noche.


Hora dos
Delibes dibuja con perfección de cirujano a esta mujer, y Lola Herrero le pone cuerpo y voz de una manera tan natural y perfecta que da miedo. Para todos aquellos que por edad no llegamos a verla en sus momentos (porque fueron varios), la de Lola Herrera era una de esas interpretaciones míticas de corren de boca en boca pero que creíamos nunca veríamos. Pero no. Y, la verdad, una vez presenciado, Lola se tiene todos los halagos bien ganados. Una lección de interpretación la de esta actriz, un prodigio de ritmo y contención. Su caminar por la escena, su control, su sutileza en las transiciones entre estados de ánimo...

Todo conforma una intepretación sencilamente perfecta que nos lleva por los caminos de esta mujer insufrible pero llevando también a cierta compasión y comprensión de un entorno de cierat época oscura. Transmitiendo esa insatisfacción crónica y esa culpa que lleva dentro y que necesita dejar salir en un grito desgarrador al pie del ataúd. Y cierto es que la edad del original (44 años) ya no cuadra evidentemente con la de la Herrera. Pero qué quieres que te diga, funciona a la perfección y casi me gusta que esta Menchu sea un poco más mayorcita.

Hora tres
Y además, para los más críticos y reticentes: ¿Qué os creíais, que esto iba a ser un dramón desaforado? Pues nada más lejos de la realidad. Porque las frases que escupe la Menchu son de órdago, y resultan tan reconocibles o tan negras otras, que las risas aparecen en no pocas ocasiones en el patio de butacas. Un equilibrio perfecto entre drama y tono cómico que Josefina Molina y Herrera manejan a la perfección. Tiene tantos momentos que es imposible destacar alguno, pero cuando la Herrera repite cómo le lanzan piropos los señores así como indignada pero dejando entrever de forma tan magnífica que en el fondo le encanta que le digan "Qué pechos tienes", no tiene precio.


Hora cuatro
En definitiva: maravilloso un texto doloroso y reflejo de la sociedad una época, pero también irónico y divertido. Elegante, casi invisible (con unos cambios de luz sutiles y graduales, casi imperceptibles para crear ambientes) y minimalista la dirección de Josefina Molina. Y sencillamente extraordinaria (y merecedora de ese halo mítico) la interpretación de Lola Herrera. Por favor, ya sé que parece poco moderno, pero corred, corred al Teatro Reina Victoria. Y así podréis decir: yo vi a Lola Herrera en Cinco horas con Mario.

Hora cinco
Y no se os olvide: "Rogad a Dios en caridad por el alma de D. Mario Díaz Collado" (que pobre vida debió pasar).

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