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Cinco inventos geniales ya olvidados que crearon inventores famosos

El Confidencial El Confidencial 16/07/2016 R. Pérez

Benjamín Franklin inventó el pararrayos, Alexander Graham Bell el teléfono y James Watt la máquina de vapor. Aunque algunos famosos inventores, como Leonardo da Vinci han pasado a la historia por su increíble versatilidad, la mayoría son conocidos por su gran obra, el ingenio que llegó a marcar las vidas cotidianas de la gente (aun lo hacen hoy) y pusieron sus nombres en los libros de historia.

Pero es raro el inventor que se dedicó a una sola cosa en toda su vida, y la mayoría trabajaron el otros proyectos además de en aquel que le dio fama. La mayoría tienen en su haber otros avances que quedaron en un modesto segundo plano y que pocos recuerdan. 

Alexander Graham Bell y su detector de metales

El 2 de julio de 1881, el presidente de Estados Unidos James Garfield sufrió un atentado en el que recibió un disparo. La bala se quedó dentro, así que los mejores médicos de la época se pasaron horas planteándose cómo proceder para extraerla sin causar más daño al paciente. La mayoría, sin embargo, proponían distintas variantes de hurgar en su cuerpo hasta extraerla. 

Bell intentando localizar la bala (Periódico ilustrado de Frank Leslie, 1881, Biblioteca del Congreso de EEUU) © Proporcionado por El Confidencial Bell intentando localizar la bala (Periódico ilustrado de Frank Leslie, 1881, Biblioteca del Congreso de EEUU)

Bell propuso utilizar un dispositivo que generaba un campo electromagnético que se vería alterado por la presencia de un objeto metálico, produciendo un leve sonido que permitiría detectar la bala, y así los cirujanos no tendrían que proceder a ciegas, sino que sabrían con bastante precisión dónde estaba la bala. 

El científico llevó a cabo una serie de pruebas, en las que el dispositivo funcionó tal y como estaba previsto. Sin embargo, al utilizarlo sobre el cuerpo del herido presidente, el invento comenzó a sonar continuamente, sin control. Bell se lo llevó para revisarlo y no encontró ningún fallo, pero en un segundo intento ocurrió lo mismo. Siendo Bell una eminencia en este campo, se considera que pudo haber un motivo para en fallo de su idea: el primero, que el hilo metálico del colchón del presidente interfiriese con la señal de la bala y que no lo tuviese en cuenta porque se trataba de una costumbre relativamente nueva.

Garfield finalmente murió, convirtiéndose, después de Abraham Lincoln, en el segundo presidente de Estados Unidos asesinado. Cuando murió, solo llevaba seis meses y quince días en el cargo.

Benjamin Franklin y sus aletas de buceo

Cuando pensamos en Franklin le imaginamos como un hombre mayor, un sabio siempre pegado a una cometa. Pero cuando solo era un crío, a Franklin le gustaba mucho nadar y ya le sobraba ingenio, que dedicaba a buscar formas de mejorar sus marcas. 

Así que uno de sus primeros intentos fueron unas aletas de madera, que se colocaban en las manos y no en los pies, para aumentar la potencia de cada brazada. Según su propia descripción, se parecían a la paleta de un pintor, de unos 25 centímetros de largo y 15 de ancho y con agujeros para los pulgares. Al parecer no tuvieron un gran éxito en cuanto a la expansión de su uso, pero sí que le ayudaron a nadar considerablemente más rápido. Eso sí, usarlas hacía que se resintiesen sus muñecas. 

Aunque ha pasado a la historia por otros méritos, la habilidad de Franklin como nadador también es recordada, y desde 1968 forma parte del Salón de la Fama Internacional de la Natación

Walther Nernst y el piano eléctrico

Es conocido por su trabajo como químico, especialmente por la tercera ley de la termodinámica, con la que obtuvo el premio Nobel de Química en 1920. Pero es menos sabido que unos años después, el científico alemán colaboró con dos empresas para desarrollar el que sería el primer piano eléctrico de la historia, que no tenía caja de resonancia y que usaba una serie de cuerdas muy finas y un pequeño martillo para generar el sonido.

Walther Nernst trabajando con sus dispositivos audioeléctricos © Proporcionado por El Confidencial Walther Nernst trabajando con sus dispositivos audioeléctricos

Era la época de la fiebre por la radio, que se iba colando poco a poco en los hogares. Este piano incorporaba un receptor de ondas de radio, y también un reproductor para grabaciones. Todas estas funciones se podían utilizar a la vez o activar de una en una, y a pesar de su avanzada tecnología para la época, el invento era más barato que un piano tradicional. 

Aún así, fue un chasco comercial. Ni siquiera recibió el apoyo de pianistas profesionales, algo con lo que contaban sus desarrolladores. Esto, unido a los problemas económicos de Bechstein, una de las empresas impulsoras, hizo que el invento fuese eliminado pronto del mercado, aunque algunos de los principios con los que funcionaba todavía hoy se encuentran en las guitarras eléctricas. 

Thomas Edison y la muñeca parlante

Empresario y prolífico inventor (autor de más de mil patentes), Edison será siempre recordado por sus avances en el campo de la electricidad. Es también reconocido por su habilidad para sacar rendimiento económico a sus inventos, algo en lo que muchos otros creadores en la historia fallaron y terminó llevándoles a la ruina. 

© Proporcionado por El Confidencial

Uno de sus inventos, el fonógrafo, fue un gran éxito comercial en su época, así que Edison fue probando a incorporarlo a distintos objetos. Entre otros, unas muñecas que de esta forma podrían cantar y recitar distintas frases. 

Eso sí, en la época no había forma de copair automáticamente la misma grabación en distintos soportes, así que Edison contrató a una mujer para que entonase la misma nana decenas de veces y así crear las grabaciones para cada muñeca. Por suerte para ella, aunque no para Edison, las muñecas parlantes no tuvieron mucho éxito y solo se vendieron durante unas semanas de 1890. 

James Watt y su copiadora

Es uno de los padres de la revolución industrial, autor de la máquina de vapor tal y como la conocemos y que hizo arrancar las industrias del siglo XIX primero en Reino Unido, luego en Europa y finalmente en todo el mundo. Pero su interés por las mejoras industriales no se quedó ahí. En 1780 inventó una máquina para copiar documentos.

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Su invento prensaba el documento a copiar contra una fina lámina de papel, creando una huella inversa del original y facilitanto el proceso de crear muchos ejemplares de un texto o cartel. Era un aparato relativamente pequeño, transportable y sencillo, y fue un éxito de ventas: unas 600 unidades en un año.

Esto animo a Watt a seguir trabajando con distintas maquinarias. Su idea, en distintas versiones, siguió perfeccionándose y utilizándose hasta la aparición de las fotocopiadoras modernas. 

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