Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Clinton prepara su gran momento

EL PAÍS EL PAÍS 17/05/2014 Marc Bassets
© Proporcionado por El Pais

Hillary Clinton lo habla con pocas personas. Con Bill, su marido, con Chelsea, su hija, y con pocas más. Entre amigos y conocidos, es casi un tabú. Aquello en lo que todos piensan pero que pocos se atreven a preguntar.

“Es muy discreta con esto. Es algo entre ella, su marido y su hija”, decía hace unos días, en Washington, la periodista y empresaria Tina Brown.

Brown acababa de participar con ella en una entrega de premios a proyectos para la infancia en la sede del Banco Internamericano de Desarrollo (BID). El discurso de la ex primera dama, exsenadora y ex secretaria de Estado estuvo dedicado a la educación infantil. Ni una palabra de política. Ni una palabra de lo que todos los asistentes tenían en mente: que allí, en aquel escenario, se encontraba la persona que en menos de tres años puede convertirse en la primera mujer presidenta de Estados Unidos.

Cuando acabó el acto, Clinton desapareció en seguida. En un corrillo del cóctel posterior, Brown explicó que ella no sabía nada, que los Clinton no abrían la boca sobre el tema, pero que no dudaba de que Hillary Clinton —derrotada por al actual presidente, Barack Obama, en las primarias demócratas de 2008— sería candidata a la Casa Blanca en las elecciones de 2016.

—¿Se presentará?

—Ya se ha presentado, sonrió Brown.

Es decir, aunque oficialmente no se haya presentado, todas sus palabras y gestos —incluso aquel anodino discurso en la sede del BID— indican que ella será la candidata del Partido Demócrata para relevar al primer presidente negro de EE UU. Ella ya está en campaña. Siempre lo está.

La respuesta de Brown no es insólita. Otras personas que la conocen coinciden.

Desde California, habla Chris Lehane, pieza clave en las batallas que Bill y Hillary libraron en los años noventa del pasado siglo contra lo que la entonces primera dama llamó la “vasta conspiración de la extrema derecha”. Aquella era una Casa Blanca asediada por los escándalos y con un dramatismo que, en los tiempos de la disciplinada Casa Blanca de Obama, provoca nostalgia.

“¿Está haciendo todo lo que tú harías si estuvieses presentándote a la presidencia? Sin duda”, dice Lehane.

Desde Pakistán, lo corrobora Kim Ghattas, autora del libro The Secretary (La secretaria), una crónica personal sobre su etapa como secretaria de Estado de la Administración Obama:

“A menos que ocurra algo imprevisto, estoy bastante segura de que se presentará. Diría que hay un 80% de posibilidades de que lo haga”, dice Ghattas, corresponsal de la BBC para el Departamento de Estado. Ghattas entrevistó 15 veces a Clinton en sus años de secretaria de Estado, entre 2009 y 2012.

Puede parecer precipitado contemplar una candidatura presidencial cuando, primero, deben celebrarse las elecciones legislativas, en noviembre, y cuando queda más de un año medio para que arranque el proceso de primarias que decidirá el candidato de cada partido a la Casa Blanca en 2016. Antes de las presidenciales de 2008 Clinton, como ahora, era la candidata inevitable y el novato Obama la derrotó. Pero en la actualidad, con el Congreso paralizado por la polarización entre demócratas y republicanos, las posibilidades de una segunda presidencia Clinton monopolizan la atención de periodistas y políticos en EE UU.

Hillary Clinton publicará en junio un libro que la llevará de gira por todo EE UU (en 2006 la gira de presentación del libro La audacia de la esperanza fue, para Obama, un anticipo de lo que sería su campaña triunfal). Amigos y seguidores han puesto en marcha grupos para recaudar fondos y responder a los ataques de la derecha. The Washington Post ha proclamado esta semana en portada que Bill y Hillary “han entrado en el combate partidista”. Bienvenidos.

Los Clinton han empezado a replicar a los ataques de la derecha, que se han redoblado en los últimos días. “Esto no ha hecho más que empezar”, vaticinó Bill.

La Cámara de Representantes, en manos del Partido Republicano, ha creado un comité para investigar el ataque en Bengasi (Libia), en septiembre de 2012, en el que murió el embajador de EE UU, Chris Stevens. Clinton era entonces secretaria de Estado y responsable de la protección de los diplomáticos norteamericanos en el extranjero y de la respuesta oficial al atentado, que en los primeros días fue confusa.

Karl Rove, cerebro de la Casa Blanca del republicano George W. Bush, ha insinuado que Hillary Clinton esconde algo, que el golpe que sufrió en la cabeza en 2012 le ha dejado secuelas. Rove ha puesto en circulación dos cuestiones delicadas: su salud y edad —tendrá 69 años en el momento de las elecciones— y la tendencia, durante la presidencia de su marido, al secretismo y a la manipulación.

“El plan de los republicanos es el regreso al futuro”, se queja Lehane en alusión a la película de los años ochenta. “No tienen nada que ofrecer para el futuro. Ninguna visión, ninguna idea. Lo único que se les ocurre es reciclar ataques de los noventa”.

Incluso Monica Lewinsky, la mujer que mantuvo una relación con el presidente Clinton, ha reparecido en escena, con un artículo en la revista Vanity Fair.

Algunos sondeos registran una caída de los niveles de apoyo popular, elevados durante su etapa de secretaria de Estado, un cargo que suele ser inmune a la pelea partidista. La incógnita es si el paso por el Departamento de Estado la ha cambiado.

“La cambió porque le permitió apartarse de la politiquería, alejarse de los focos de los medios de comunicación nacional de EE UU y rodearse de periodistas centrados en los detalles más técnicos de la política exterior”, dice Ghattas. Hillary Clinton adoptó una actitud más relajada, cálida y amable. El cambio le ayudó a “restaurar” su imagen, dañada tras la dura campaña contra Obama en 2008.

Pese a los escasos logros tangibles, Clinton realzó en el Departamento de Estado la imagen de estadista como representante de EE UU en el mundo y adquirió un conocimiento profundo sobre qué representa su país en el mundo. También dejó definitivamente de ser la mujer de.

Bill y Chelsea quieren que sea candidata, cree Tina Brown. “Si no se presenta”, añade, “será un desastre para América y para los demócratas”.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon