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Codicia, petróleo y asesinatos en la Amazonía ecuatoriana

El Mundo El Mundo 08/06/2014 INGRID DOS SANTOS

Daboka tiene sólo tres años de edad y vive con los asesinos de sus padres en la Amazonía ecuatoriana. Ella y su hermana, Konta, de siete, fueron secuestradas por una tribu enemiga que mató a sus familiares. Konta ya fue rescatada y llevada a otra aldea, mientras la más joven todavía se encuentra con las personas que la raptaron. Estas dos niñas pueden ser la única prueba de la existencia de los Taromename, una tribu no contactada que sufrió un genocidio en marzo de 2013 motivado por la venganza de los Huaorani, tras la muerte de una pareja de este grupo indígena. El escenario de todo este conflicto es Yasuní, una región rica en madera y petróleo, que atrae muchos intereses económicos. Esta compleja historia es contada por David Beriain en el documental Yasuní, genocidio en la selva, que Discovery Max estrena el lunes a las 22.30 horas.

© Proporcionado por elmundo.es

Periodista con experiencia en las guerras de Irak y Afganistán y del conflicto con las FARC en Colombia, David Beriain se interesó por la historia de Yasuní después de descubrir imágenes de Youtube de una pareja de indígenas perteneciente a la etnia Huaorani que tenían sus cuerpos atravesados por unas lanzas. El vídeo lo grabaron sus familiares, cuando los encontraron agonizando tras el ataque cometido por los Taromename -una tribu sometida a un aislamiento voluntario y cuya existencia es puesta en duda por muchos-.

Para vengar los asesinatos, los Huaorani entraron en la selva el 30 de marzo de 2013, -25 días después del crimen-, mataron a alrededor de 20 personas de la etnia Taromename y raptaron a dos niñas, Konta y Daboka. Estas niñas podrían cambiar los planes de expansión de las compañías petroleras y madereras en la zona, ya que de demostrarse su existencia, habría que frenar la explotación en la región. "Éste es el quid de la cuestión. ¿Por qué no sabemos más de los Taromenane, quiénes son, cuántos son? La ley dice que el Estado debe proteger a los pueblos no contactados, que se garantizará la vida y la integridad del territorio, y que en esta zona no se podrán llevar a cabo labores extractivas como la madera, el petróleo, la minería. Pero no sabemos cuál es su territorio porque no se averigua dónde están. No queremos saberlo, porque mientras no lo sepamos, podemos seguir sacando el petróleo", explica Beriain.

El Parque Nacional y Reserva de la Biosfera de Yasuní, que forma parte de la Amazonía, ocupa casi 10.000 kilómetros cuadrados y es una zona rica en biodiversidad y recursos naturales, además de abrigar a diferentes tribus. Tras el descubrimiento de petróleo bajo el ecosistema, la región adquirió importancia para Ecuador. "Los recursos están en el suelo de Ecuador, este pueblo necesita el dinero del petróleo para prosperar, no es fácil de resolver la cuestión. No hay buenos y malos, pero en esta complejidad los que van a morir son los Taromename", cree el periodista.

Con sensibilidad y equilibrio, Beriain empezó el documental en busca de respuestas para entender la multiplicidad de intereses y conflictos que hay en la región, escuchando a todos los que querían dar su versión. "Ha habido una serie de tensiones, a los Huaorani se les acusa de genocidio, pero hay un problema: ¿frente a esta tribu que ha cometido las matanzas sobre los Taromename, qué tipo de legislación tenemos que aplicar? La legislación indígena es diferente. La costumbre indígena obliga a la venganza", observó. "En los ocho meses que siguieron a la matanza no se detuvo a nadie y no se hizo un levantamiento de cadáveres. Durante un tiempo la matanza hasta se puso en duda. Sólo tiempo después se admitió y se detuvo a siete de los 13 supuestos participantes".

Entre investigaciones de las matanzas, intereses económicos y la supervivencia de etnias indígenas en Yasuní, el lado más frágil de toda la cuestión es el de las niñas secuestradas. "Daboka todavía vive con los asesinos de sus padres y no pudimos llegar a ella. Konta ha sido llevada a otra aldea que es Huaorani, pero que tiene una forma de vida mucho más cercana a la Taromenane. Ahora mismo no se la puede devolver porque ha sido inoculada ya con los antivirus, podría matar a su gente si es devuelta. ¿Al margen de que no se sabe cómo reaccionarían, a quién la devuelves, a los Taromenane, que creemos que están en algún lugar de la selva? Si la dejamos en la selva se puede morir, puede que llegue a un grupo que no es el suyo. No es fácil», explica Beriain. «Mi forma de hacer periodismo no es decirle a la gente lo que tiene que pensar, no es darle una respuesta. Yo quiero que me den los elementos, ya pensaré yo lo que quiera. Intento hacer lo mismo con la gente", concluye.

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