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Comienza la última cumbre del clima, y España aún tiene los deberes por hacer

El Confidencial El Confidencial 06/11/2016 Rocío P. Benavente

Parece que fue ayer, pero hace ya casi un año de la cumbre del Clima de París, la COP21, en la que se alcanzó un acuerdo global considerado histórico. Por primera vez desde que las negociaciones descarrilasen en la cumbre de Copenhague de 2009, el diálogo y las negociaciones para frenar el cambio climático se convertían en un compromiso colectivo basado en "el mejor equilibrio posible, potente pero delicado", aseguraba Lauren Fabius, ministro de Exteriores francés y líder de la cumbre. 

Los principales logros de ese tratado (que entraba en vigor precisamente este viernes, un mes después de que fuese ratificado por un número de países que supusiesen, al menos el 55% de las emisiones globales) fueron dos: por un lado que se tratase de un texto jurídicamente vinculante para los países que lo adoptasen, y por otro, fijar en 2 grados centígrados como máximo el aumento de la temperatura global, reduciéndolo incluso a 1,5 grados. 

La COP21 se convirtió en el objeto de todas las miradas durante las dos semanas de su celebración. Este lunes comienza en Marrakesch la COP22, con muchos menos focos sobre ella y menos expectación, pero con una tarea igual de importante: la de ir determinando cómo se van a cumplir los objetivos anteriormente marcados. Se celebrarán varias mesas de trabajo, así como días temáticos dedicados a asuntos como la agricultura y la seguridad alimentaria, ciudades, energía, transporte, agua y género.

¿De dónde sacamos 100.000 millones al año?

Una de las cuestiones sobre las que se debatirá en Marrakesch es cómo reunir los 100.000 millones de dólares anuales que nutrirán el Fondo Verde para el Clima de la ONU, encargado de apoyar a los países en vías de desarrollo, principales víctimas de las causas del cambio climático. La cuestión es que recaudar esos fondos no es el único punto delicado. 

También es importante determinar en qué se van a emplear esos fondos. Isabel Kreisler, experta de Oxfam en políticas del cambio climático y asesora de la ONU en negociaciones del clima, señala que solo el 16% de la financiación se está destinando actualmente a medidas de adaptación a los efectos del cambio climático en los países en vías de desarrollo, necesarias para proteger las vidas de sus habitantes y sus modos de subsistencia. 

"El huracán Matthew ha dejado en Haití más de 900 muertos porque el país carece de medidas de adaptación que sí tienen otros países", señala Kresiler.

El problema es que invertir en medidas de adaptación en países en desarrollo es menos atractivo para los países desarrollados que invertir en otro tipo de planes. "Los planes de mitigación, como construir parques de energías renovables en Latinoamérica, también son necesarios, pero no pueden ser los únicos que hagamos", señala, aunque de ellos se extraiga una rentabilidad que es mucho menor, o inexistente, en las medidas de adaptación. Estas últimas también son necesarias. 

La reducciones planteadas no son suficientes

Por otro lado, apremia la necesidad de reevaluar y replantear los objetivos de reducción de emisiones que las partes asumieron durante la Cumbre de París. Parte del éxito de esta cumbre se basó en la aportación voluntaria de los países participantes: en vez imponer un límite en las emisiones y repartir la reducción en base a determinados criterios, se pidió a las partes que pusiesen sobre la mesa sus planes voluntarios de recorte de emisiones, así como los medios para alcanzarlos y el presupuesto destinado a ello. 

Los líderes de la COP21 festejan el acuerdo final © Proporcionado por El Confidencial Los líderes de la COP21 festejan el acuerdo final

"La suma resultante de estos planes es un avance: las proyecciones de aumento de temperatura global asociadas a estas emisiones bajan de 4 grados centígrados a 3. El problema es que esta cifra sigue siendo inmanejable, y no son los 2 grados máximos que se firmaron en el acuerdo final", explica Kreisler. Es un avance, pero no es suficiente. Por eso apuesta porque no se espere a 2020, como está previsto, para revisarlos, sino que se empiece ya mismo. "Si esperamos, llegaremos tarde". 

España, con los deberes pendientes

En noviembre de 2015, un mes antes de la COP21, el gobierno español dirigido por Mariano Rajoy anunciaba una aportación de 120 millones de euros (160,5 millones de dólares) al Fondo Verde para el Clima. A día de hoy, aunque el compromiso ha sido firmado, solo uno de esos millones ha sido desembolsado según consta en la documentación del organismo de la ONU. "Ha sido un año de parálisis gubernamental, y eso hay que tenerlo en cuenta, pero hasta ahora hay poco que celebrar".

Kreisler recuerda que la aportación de estos fondos por parte de España no es una cuestión caritativa o de buena voluntad. "Hay un principio internacional reconocido que establece que el que contamina y ha contaminado históricamente, y en parte debe a ello su actual desarrollo, como es el caso de España, debe hacerse responsable de los efectos de su contaminación". 

Menos emisiones, pero por la crisis

En lo que se refiere a las reducciones de emisiones, es difícil analizar los objetivos y el cumplimiento por parte de España al detalle puesto que es la Unión Europea en bloque quien negocia en nombre de los estados miembros. "Pero los planes de la UE no están a la altura de lo esperado para una de las partes más contaminantes", asegura Kreisler, que denuncia que Europa está incidiendo más en reducir las emisiones de combustible fuera del continente que en promoverlas dentro a base de eficiencia energética y fuentes renovables.

"Si, por ejemplo, promueves la generación de biocombustibles en países en desarrollo, no es que esto sea malo, pero lo que estás haciendo es trasladar el impacto y la responsabilidad a otros actores. Es pretender un cambio sin que eso tenga impacto en tu país, y lo único que estás haciendo es retrasar una toma de decisiones problemática pero que vas a tener que tomar de todas formas", explica.

España sí puede presumir de haber reducido sus emisiones contaminantes en algunos años. Concretamente de 2007 a 2014, las reducciones del 7 o el 9% eran habituales año tras año. Pero la causa fue el cese de actividad económica e industrial por la crisis, y la recuperación trajo consigo nuevos aumentos en las emisiones: en 2014 aumentaron un 0,5% y en 2015 un 3,2%. "España no puede presumir de ningún plan que haya hecho caer las emisiones contaminantes", zanja Kreisler. 

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