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Como un pulpo en un garaje: perdidos por culpa de Google Maps

El Confidencial El Confidencial 30/03/2016 S. F.

Una historia recurrente, a medio camino entre la verdad y la leyenda urbana. Conductores que acaban en un río por obedecer demasiado a su GPS. Senderistas perdidos al quedarse sin batería en sus 'smartphones'. Los sistemas de navegación han evolucionado tanto que todos disponemos de uno en el bolsillo, el problema llega cuando se olvidan las limitaciones y consecuencias de estas tecnologías. Un artículo publicado hoy en la revista 'Nature' señala el riesgo de que los seres humanos, absortos en Google Maps, puedan llegar incluso a perder sus capacidades innatas de orientación.

"La navegación es más que saber tu posición. El sentido de dirección, de escala y un mapa son esenciales", escribe el experto en comunicaciones por satélite y expresidente del Instituto Real de Navegación, Roger McKinlay. En su opinión, la movilidad no será 'inteligente' hasta que el ser humano no haga un mejor uso de sus capacidades innatas. "Las máquinas saben dónde están, no la mejor forma de llegar a un destino", escribe.

Como la mayoría de animales, el ser humano dispone de un 'GPS' interno. Nuestros ojos, sumados a la memoria espacial, dan un resultado que McKinlay define como "espectacular". Pero, como sucede con un músculo que no se utiliza, el experto teme que la excesiva confianza en sistemas como Google Maps pueda hacernos perder unas habilidades que han sido vitales para nuestra supervivencia desde el nacimiento de la especie.

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"La navegación es una habilidad de 'usar o perder'", asegura McKinlay. Así lo señalan también los estudios que demuestran que los conductores que siguen las indicaciones por satélite tienen más difícil calcular dónde han estado que los que emplean mapas. También les cuesta más saber si el GPS les ha hecho pasar dos veces por el mismo punto.

Depender más de la tecnología no tiene por qué ser malo, a menos que la pérdida de estas capacidades afecte a nuestro cerebro. No son pocos los estudios que aseguran que la pérdida de orientación espacial, algo normal con la edad, puede ser un indicativo temprano de demencia. De forma opuesta, los taxistas londinenses que conocen al dedillo las calles de su ciudad tienen un hipocampo mayor que la media.

La guinda del pastel la pone la falibilidad de estas tecnologías. McKinlay explica que, igual que el ser humano no puede guiarse de noche o en medio de la niebla, todo sistema de navegación tiene su propia 'niebla'. "A la hora de escoger una ruta, el ser humano supera a la máquina", comenta el ingeniero. Esto no impide que se hayan desarrollado métodos 'conscientes' del tráfico y los atascos, o que se esté trabajando en sistema de superposición cuántica con una sensibilidad mayor.

Para salir de este laberinto, McKinlay propone una triple solución. Por un lado, los gobiernos deben invertir en ciencia para mejorar estos sistemas. También es necesario comprender su complejidad y en qué contextos resultan inútiles. Por último, pero no menos importante, defiende la inversión en educación: "Los colegios deberían enseñar navegación y a orientarse con un mapa".

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