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Compañero de mierda

Logotipo de Notodo Notodo 14/12/2016 José Angel Sanz

Todo piso compartido tiene un compañero de piso de mierda. Y si crees que el tuyo no, es que eres tú. Esta es una de las máximas, y vaya si se cumple, de este libro-guía-manual de supervivencia. Todo aquél que no haya compartido piso creerá que estas páginas son de ficción pura y dura. El que lo ha hecho, el que sabe lo que es vivir pared con pared con desconocidos con los que se comparte el papel higiénico, identificará situaciones y se dirá para sí mismo que sí, que claro que es posible, y que hasta le parece poco.

Coinquilino di merda, un blog y una fanpage de Facebook que comenzaron como colectores de anécdotas y se convirtieron en una enorme bola de nieve que no paró de crecer, a la que todo el mundo sumaba sus experiencias, es el origen de este desternillante libro. Casi 200 páginas en las que se narran situaciones y peripecias veraces, en las que se retrata un estilo de vida en la mayoría de las ocasiones ominoso y bastante chusco. En cuatro años se superaron las 40.000 entradas publicadas, por lo que se decidió seleccionar las mejores anécdotas e imágenes para pasarlas a papel.

El porrero, el viejoven, el niño de mamá, el borrachuzo, la tiquismiquis… una completa fauna cuya condición tarda poco en aflorar cuando llega el turno de desarrollar tareas tan básicas como la limpieza o el uso del cuarto de baño. O de pagar los gastos comunes. Por no hablar de la propiedad ajena, ese bien siempre precario cuando se comparte piso, o la relación con los vecinos.


“Mi compañero de mierda (CDM) estuvo secándose un año con la misma toalla. Lo sé porque era la mía”. Solo es un ejemplo de los cientos que ilustran la obra. Por cierto, que también puede leerse a modo de aviso. Para aprender de los errores ajenos, que la vida es muy corta para aprender de los propios. Así, sabemos que, a la pregunta de si uno de os inquilinos puede traer a su novio/a para pasar unos días, la respuesta debe ser un rotundo “no”, porque ello supone la llegada de un nuevo habitante de la casa por un tiempo ilimitado y que, además, jamás, contribuirá a las mínimas tareas de limpieza.

"Recién llegada a mi nueva casa conozco a mis dos compañeras. Son muy agradables y simpáticas, pero cuando les pregunto cómo suelen organizarse para la limpieza, me responden: 'No te preocupes, el baño no lo limpiamos nunca porque qué más da, ¡somos todo chicas!'". La vida, junto a uno o varios CDM, ya no vuelve a ser la misma.


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