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Compromiso intelectual

EL PAÍS EL PAÍS 17/06/2014 Javier Zamora Bonilla

Julián Marías, español eminente, estudió Filosofía durante los años de la Segunda República. Entre sus profesores, José Ortega y Gasset y Xavier Zubiri fueron los que mayor influencia ejercieron en su vocación. Terminó la carrera pocos días antes de que Franco diese un cruel golpe de Estado. La Guerra Civil marcó para siempre su vida.

Fiel a la República, fue un colaborador aplicado del líder socialista y ugetista Julián Besteiro, con el que estuvo hasta el final, incluso cuando este buscó articular ingenuamente una incruenta paz pactada con las autoridades franquistas a través del Consejo Nacional de Defensa del coronel Casado. Marías pasó por la cárcel y sufrió la persecución académica de una universidad que había decaído en la neoescolástica más tradicionalista. Su tesis sobre el padre Gratry fue suspendida y no se le permitió dar clases en la universidad española. En su “exilio interior”, tuvo que ganarse la vida con traducciones y con algunas lecciones en entidades que, como Aula Nueva, funcionaban al margen del régimen. Con Ortega, fundó en 1948 el Instituto de Humanidades, pero su maestro clausuró la iniciativa sólo dos cursos después porque se dio cuenta de las dificultades que su labor encontraba.

El éxito de algunos de los primeros libros de Marías, Historia de la Filosofía (1941) e Introducción a la filosofía (1947), junto a su vinculación discipular a la figura de Ortega, lo convirtieron en una referencia internacional. A partir de finales de los cincuenta, su labor como intelectual fue intensa y eficaz en la prensa, tanto por la crítica —no siempre velada— al régimen como por la construcción del ambiente intelectual y político, de consenso, que hizo posible la transición a la democracia, en la que también desempeñó un papel destacado como senador real y orientador de algunos de los principales debates, por ejemplo, el de la configuración territorial del Estado a partir de las ideas autonomistas de Ortega.

Algunas de sus obras, El método histórico de las generaciones (1949), La estructura social (1955) y Antropología metafísica. La estructura empírica de la vida humana (1970), marcaron el tono y el nivel de su filosofía, siempre sobre la base orteguiana. Su catolicismo acendrado y una visión política conservadora, junto a su enfoque clásico de la filosofía, hicieron que buena parte de los miembros de las generaciones nacidas a la vida pública durante el franquismo y la Transición se alejasen de su magisterio al tiempo que llegaban los merecidos reconocimientos institucionales.

Javier Zamora Bonilla es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense de Madrid, y director del Centro de Estudios Orteguianos de la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón.

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