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Conde-Pumpido III, un abogado estrella con pies de barro

ABC ABC 01/03/2016 Javier Chicote

Cándido Conde-Pumpido, este lunes junto a su despacho © Diario ABC Cándido Conde-Pumpido, este lunes junto a su despacho Ejercer la abogacía con el mismo nombre y apellido de un fiscal general del Estado -su padre- y de un teniente fiscal del Tribunal Supremo -su abuelo- tiene grandes ventajas y algún que otro inconveniente. Cándido Conde-Pumpido Varela, o Cándido III, se ha labrado a sus 36 años una carrera de abogado mediático que puede estallar en mil pedazos por sus relaciones más que peligrosas con la mafia de prostíbulos a la que ha prestado sus servicios de «abogado blanqueador».

El joven letrado saltó a la fama cuando se encargó de la defensa del juez Elpidio Silva, acusado y condenado por prevaricar en la instrucción a la que sometió al expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa. En plena sala y ante las cámaras de televisión, Silva lo ninguneó y lo humilló abiertamente, hasta que Cándido III dejó su defensa. Esta popularidad le permitó dedicarse también al tertulianismo en programas de radio y televisión. Con buena planta, trajes caros y repeinado, la imagen es muy importante para él. Quizá demasiado para una profesión en la que hay que lucirse buceando en sumarios y ante jueces y fiscales, no bajo los focos.

Dio entrevistas en las que dejó frases como «ya me piropean y me paran por la calle», al tiempo que hablaba de su Jaguar de alto caballaje y de su motocicleta de 500 centímetros cúbicos. Abrió un despacho, Conde-Pumpido & De Porras, en una de las mejores calles de Madrid y en el que trabajan 20 personas. Todo un éxito para un joven letrado, pero con pies de barro.

Pensó que no le pasaría nada cuando usó una empresa de su propiedad, dedicada al diseño de interiores, para cobrar los pagos con tarjeta de los clientes del mayor burdel de Madrid. También debió pensar que no le pasaría nada por sacar del banco más de medio millón de euros billete sobre billete para dárselos a la trama criminal de trata de blancas que trataba de seguir con el negocio tras una enorme operación policial. ¿No le suena eso del Sepblac?

Nadie debería cometer estos presuntos delitos, y si eres hijo del exfiscal general de Estado, mejor mostrar un plus de pulcritud, por eso de no manchar el apellido. Ayer, después de que ABC destapara el caso, posó para nuestro fotógrafo haciendo gestos grotescos. No sabemos si por despreocupación o por todo lo contrario.

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