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Consejos para que la frustración no te pase factura

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 ISABEL SERRANO

Daniel Larussso quiere aprender kárate para ser un chico fuerte; su anciano maestro, el Señor Miyagi, comienza sus clases con instrucciones precisas: "Lavar coche, pintar valla". Los repetitivos movimientos domésticos que tanto enfadan al chico son la base de los efectivos bloqueos de kárate posteriores. Hablamos de la película Karate Kid, como habrá adivinado. Sin embargo, el auténtico secreto del maestro Miyagi es otro; con esas labores está aprendiendo una habilidad imprescindible para alcanzar sus sueños: la tolerancia a la frustración, la capacidad de manejar el malestar que produce que las cosas no vayan como uno desea. Cuando anhelamos algo solemos albergar expectativas ilusorias. Pronto la realidad se impone y entre nuestra ficción y los límites que proceden del mundo se instala una desagradable sensación: la frustración.

Cuando las cosas no van como uno espera, si se desea superar un reto y no lo consigue, si alguien no se comporta como debería y se recibe un no por respuesta la frustración se dispara. En estas circunstancias, los rumiadores mastican su contrariedad hacia adentro agrandando el problema y los explosivos vuelcan su molestia hacia afuera hasta convertirse en el problema de otro. En general, como señala el psicólogo Aaron Beck, las personas con tendencias depresivas viven la frustración como una pérdida, con lágrimas de tristeza al no conseguir lo anhelado; los ansiosos creen que el objetivo malogrado supone una amenaza y se preguntan "¿ahora qué va a pasar?"; para los irritables la frustración se viste de enfado por lo que creen una agresión, una injusticia o mala fe del prójimo.

En muchas ocasiones el origen del problema se sitúa en la infancia porque los padres no saben decir que no o poner normas. A estos niños se les ve venir enseguida, hay que hacerles mucho caso, son impulsivos, no son de consuelo fácil y a la mínima explotan con una gran pataleta. Un adulto también es fácil de identificar, se molesta por todo, los contratiempos le ponen nervioso y tienden a rendirse ante la contrariedad. Lo peor es cuando se vuelven exigentes y convierten su deseo en tu obligación. Como expresa el psicólogo cognitivo Albert Ellis: "La persona más perturbada exige, insiste u ordena dogmáticamente que sus deseos se satisfagan y se pone muy angustiada u hostil cuando no quedan satisfechos".

MANEJAR LA SITUACIÓN

Con alta tolerancia a la frustración vivirás los inconvenientes como molestos, pero en breve, estarás generando nuevas estrategias o buscando nuevos horizontes. Estas personas tienen un cerebro diferente: pon tu mano en la frente encima de las cejas, detrás está tu córtex prefrontal, la parte del cerebro que controla tus impulsos ¡lo quiero ya! Con buena tolerancia a la frustración esta zona cerebral está bien estimulada para frenar el impulso. Si no es así, baje la mano y comencemos el entrenamiento, la tolerancia a la frustración se puede desarrollar.

Cambia creencias. Pensar "el mundo no debería ser así" (debería ser como yo quiero) aumenta la frustración. Exponte a situaciones que te impacientan: ponte en la fila larga del supermercado y piensa "esperar no es lo es lo mejor, pero puedo aprovechar para llamar a un amigo".

Aprende a pedir no a exigir. Quien exige no acepta el no. Aprende a pedir en tres fases. Pide primero cosas que sabes que obtendrás un sí, después pide algo en el que podrás obtener tanto no como sí, finalmente, pide aquello que sabes que llevará un no por respuesta.

Autorregulación. Cuenta hasta 10, sirve para interrumpir el proceso de ira en aumento. Sé tu mejor entrenador y dedícate frases como "tranquilo, espera, paso a paso, puedes esperar" mientras respiras con el abdomen, lenta y profundamente.

Desarrolla la perseverancia. Significa pensar que nada es imposible con el esfuerzo propio y el autocontrol. Cambia la actitud hacia tus metas y pregúntate: "¿qué pasa si no consigo las cosas como las he planeado?". "¿Qué podría hacer?".

Juego de hoy no mañana sí. Evita satisfacer en exceso los deseos de tu hijo y entrénale en la frustración. Entra en alguna tienda de juguetes y practica: hoy sólo miramos y no compramos. Es mejor empezar desde muy pequeños.

Experimento

© Proporcionado por elmundo.es

Walter Mischel, de la universidad de Columbia, ideó un experimento que consistía en juntar en una habitación a niños de entre cuatro y seis años. El experimentador les dejaba una golosina delante y les indicaba que tenía que ausentarse de la habitación 15 minutos. Ellos tenían dos opciones, comerse la golosina en el momento o esperar a que volviese, con lo que recibirían dos golosinas. Unos niños se comieron el dulce y otros aguantaron y obtuvieron su recompensa. Mischel siguió la evolución de esos niños hasta la edad adulta y comprobó que los que esperaron tenían mejor salud mental, mayor rendimiento académico y mejor futuro profesional. Además, disfrutaban de relaciones sociales más sólidas. Las 11 creencias irracionales. El psicólogo Albert Ellis estudió las creencias que crean malestar:1. Tengo que ser amado y aprobado por los demás.2. Debo ser infalible en cualquier actividad.3. Debo culpar y castigar a quien me daña.4. Es horrible que las cosas no salgan como quiero.5. Las desgracias se originan por causas externas y no puedo hacer nada.6. Es más fácil evitar los problemas que enfrentarse a ellos.7. Si algo es amenazante debo preocuparme.8. Mi pasado determina mi presente y poco se puede hacer.9. Es horrible que las personas no se comporten como deberían.10. Puedo alcanzar la felicidad disfrutando de mí mismo sin comprometerme.11. Todo tiene que estar ordenado y yo debo estar seguro para sentirme bien.12. Debo ocuparme de los problemas de los demás para sentir que valgo.

Isabel Serrano es psicóloga de www.enpositivosi.com

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