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Contémonos: elecciones el 26 de noviembre y que sean definitivas

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 02/10/2017
En Diagonal 1-O © Image LaVanguardia.com En Diagonal 1-O

Lea la versión en catalán de este artículo

Era difícil prever un escenario diferente al que se ha visto en la jornada del 1-O. Quizás lo más sorprendente es que el Govern de Puigdemont haya logrado llevar su órdago al Estado hasta el final y haya podido organizar una jornada de votación que, con todas las dificultades del mundo, ha permitido a miles de catalanes ejercer su derecho al voto. Pese a los miles de policías actuando en Catalunya o la labor de investigación de los servicios de información, las urnas han llegado a los colegios electorales y han obligado a las fuerzas de orden público a una actuación represiva absolutamente injustificable.

Después del fracaso continuado en su estrategia para frenar la deriva independentista en Catalunya, el Gobierno de Rajoy tenía dos opciones: permitir la celebración del referéndum y minimizar después su legitimidad, o intentar abortarlo por la fuerza sin importarle las consecuencias. El camino escogido se puede ver en los noticiarios, webs y diarios de todo el mundo, y es un nuevo error de Rajoy. Otro más.

En estas circunstancias, apelar ahora a buscar el diálogo entre Rajoy y Puigdemont es un chiste. Y sus caminos ya no se van a encontrar porque ahora ya no hay un problema, sino dos. El problema catalán seguirá su evolución, pero ahora existe otro que ya es de todo el Estado español. Va a ser difícil que Rajoy pueda seguir gobernando España como si tal cosa, con un PNV que no puede seguir haciendo de muleta de los populares, y un PSOE que debería dar un paso al frente. Ayer la socialista Núria Parlon, del núcleo influyente de Pedro Sánchez, ya pidió públicamente la dimisión de Rajoy.

Puigdemont, Junqueras, ANC y Òmnium deben sopesar bien los siguientes pasos a dar. La inclusión de las entidades cívicas al mismo nivel que los líderes de Junts pel Sí no es casual, ya que su protagonismo en esta crisis es cada vez mayor y su opinión se ha de tener en cuenta. Sin ellos, el Govern no habría podido organizar la jornada de este domingo, burlando todo el operativo policial que presumía que no habría urnas, ni papeletas.

A la hora de escribir esta crónica, las partes afectadas empiezan a estudiar el siguiente paso. La opción de la declaración unilateral de independencia (DUI) parece difícil que se pueda plantear porque el 1-O no ha servido para aclarar el apoyo real con que cuenta la independencia. La tentación de seguir la huida hacia delante y optar por la unilateralidad podría acarrear la inmediata suspensión de la autonomía y llevar el conflicto a un problema de orden público.

La otra opción que crece entre los sectores independentistas más moderados es la de convocar urgentemente elecciones. Si Puigdemont lo hace el martes, con la ley electoral en la mano se podría votar el 26 de noviembre. Con el clima actual de malestar contra el Gobierno de Rajoy y las imágenes de cargas de la policía de ayer, el apoyo al independentismo puede ser muy mayoritario. Está por ver si todas las partes afectadas compran esta opción y se reedita un nuevo Junts pel Sí con mayor carga simbólica que el anterior. No obstante, tampoco se descarta que ERC y PDeCAT acudan por separado a estos comicios. Lo que se quiere es lograr el mayor número de escaños posibles a favor de la independencia, sean juntos o separados. Esta fórmula daría un relativo respiro a la vida política catalana hasta las elecciones, aunque atreverse a escribir esto es desmesurado ya que el proceso seguirá con música de viento de actuaciones de la Fiscalía, del Constitucional o del TSJC contra los responsables del Govern.

Ahora bien, el 26-N, si los independentistas ganan, ya no habría más vueltas: el futuro Ejecutivo negociaría la independencia. Para evitarlo, el Gobierno de España tendría que hacer un reset total que hoy parece que ni puede, ni quiere hacer, y buscar fórmulas más imaginativas que enviar a jueces y policías. ¿Cuáles? Una consulta pactada con una pregunta diferente a independencia sí o no, una consulta que afecte a toda España o una reforma constitucional que hoy no parece creíble. Cualquier alternativa debería pasar por las urnas. Lo pensábamos antes del 1-O, pero después de esta jornada, se hace absolutamente imprescindible.

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