Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Conxita Herrero

Notodo Notodo 13/07/2016 Marco Ascione
Imagen principal del artículo "Conxita Herrero" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Conxita Herrero"

Hay pocas cosas que me produzcan terror y congojo en esta vida. Una es el sofoco del verano, totalmente inaguantable para mí y la otra es esa sensación de sentir que nunca vas a hacer nada importante en la vida cuando gente más joven que tú se ha planteado comerse el mundo y lo está consiguiendo. Por desgracia para mí se han dado las dos cosas a la vez: estamos en pleno mes de julio y Conxita Herrero ha conquista el planeta con Gran bola de helado.

El libro de Conxita se aleja de sus orígenes fanzineros para adentrarse en un mundo mágico y fantabuloso de edición cuidada hasta el más mínimo detalle de la mano de Apa-Apa. Tremebundo aplauso para los chicos de Barcelona que se coronan con este trabajo. Dentro de Gran bola de helado encontramos diecisiete historias a todo color sobre la vida moderna, sus emociones y los escenarios típicos de esta: parques, bares, habitaciones y pisos compartidos entre amigos. Ojo, no estamos ante el enésimo y soporífero slice of life al uso, Conxita rompe cualquier tópico tanto en lo gráfico como en lo narrativo para crear algo totalmente suyo y único hasta la fecha.


Hay momentos en los que uno lee Gran bola de helado y se siente identificado con los personajes de Herrero: mujeres y hombres sin facciones reconocibles, cual máscaras, interpretando un papel que todos hemos vivido en algún momento de nuestras vidas. Al deshumanizar a sus personajes los hace mucho más cercanos al lector y este termina por identificarse con cada uno de ellos. Citas que van mal, discusiones absurdas entre amigos, momento incómodos a cascoporro, quedadas con colegas, horas desperdiciadas delante del ordenador y, evidentemente, visiones fantasmagóricas del más allá. La vida misma, socios.

Luego, hay otros momentos en los que te pierdes en la lectura y no entiendes muy bien donde estás, pero te da igual. ¿Por qué? Fácil. El dibujo de Herrero es una puta locura, una bomba de hidrógeno de colores que te estalla en la cara página por página. Las líneas rectas y claras, que recuerdan en cierta manera a Yuichi Yokoyama, son usadas por Herrero para deforma el mundo, reinventar las perspectiva y bombardear los límites de los escorzos. Gran bola de helado descompone la realidad en formas simples y colores duros y potentes. Y aun así, el mundo que se nos propone Herrero es un lugar reconocible, en el que nos sentimos cómodos y reconocemos como nuestro.

Personalmente me quedo con El sur de California, donde la típica energúmena te recuerda lo jodida que está tu vida en ese momento; El cojín, un relato duro sobre citas fatídicas; Hablar contigo, probablemente la historia de mi vida –o de los que me han tenido que aguantar–; y El juego, una locura de colores y perspectivas que debería exponerse en cualquier museo. O en cualquier heladería.






Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Notodo

image beaconimage beaconimage beacon