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Cortina de humo

EL PAÍS EL PAÍS 18/06/2014 Susana Fortes

A veces se preocupa una por cuestiones intrascendentes como el hambre, las desigualdades económicas o la vacuna contra la malaria y se acaba olvidando de lo verdaderamente importante que son las primarias del PSOE. Estas cosas pasan.

Cualquiera sabe que en momentos de grandes tribulaciones individuales o colectivas no es fácil distinguir la oración principal de la subordinada. Es conocido el caso del enfermo aquejado de una grave dolencia que se empeña en que el doctor le trate un esguince de tobillo. Los psicólogos lo atribuyen a un mecanismo de defensa.

Pero no parece demasiado honesto que los oportunistas se aprovechen de ese desconcierto para arrimar el ascua a su sardina. Platón ya criticaba a los sofistas por su tendencia a proponer falsos dilemas que desviaban la atención de la cuestión de fondo. Esto se da mucho en todos los órdenes de la vida, sobre todo a la hora de plantar un árbol, escribir un libro o hacer un referéndum.

A estas alturas del siglo XXI nadie en su sano juicio puede dudar que la República sea en sí misma una forma de gobierno mucho más razonable que una monarquía hereditaria de origen medieval. Tampoco creo que ningún demócrata cuestione que un asunto de semejante calado pueda ser decidido sin recurrir a la consulta popular.

Pero ante las manifestaciones a las que asistimos con entusiasmo estos días cualquier republicano de corazón tiene que hacerse una pregunta ineludible: ¿Dónde está Azaña? O dicho de otra manera, ¿Hay alguien entre los políticos que nos rodean que pueda presidir esa República con un mínimo de dignidad? A mi no se me ocurre. Por eso regreso a casa silbando el himno de batalla de las Brigadas Internacionales para darme valor.

Otra cuestión que me inquieta es que algunos monárquicos convencidos empiecen a mostrarse partidarios de un referéndum inmediato. De hecho, no sería descartable que se convocara a iniciativa de la propia casa real con las espaldas cubiertas por las encuestas del CIS. Lo que demuestra que en las grandes citas de la Historia el que no corre, vuela.

Cuando en 1873, después de la abdicación de Amadeo de Saboya, se planteó en el Congreso una votación entre Monarquía o República, muchos monárquicos se abstuvieron o votaron contra sí mismos con la convicción de que una República precipitada estaría inevitablemente condenada al fracaso. De este modo, luego vendrían ellos a salvar el momento con la Restauración borbónica como así ocurrió en menos de un año de la mano de Cánovas del Castillo. 1-0 en el marcador.

Me pregunto si ceder terreno al adversario puede ser en ocasiones una buena táctica defensiva. Tenemos un 30% de pobreza infantil, una casta política envilecida, con más de 100 cargos públicos imputados sólo en la Comunidad Valenciana, una sanidad devastada, una clase media desaparecida en combate, un país con seis millones de parados, cada uno con una familia detrás intentando salir adelante. Esto es una guerra entre ricos y pobres y la vamos perdiendo por goleada.

Es normal que estemos preocupados por el Congreso del Partido Socialista. Al fin y al cabo, cualquiera puede resolver las menudencias que nos afectan, pero sólo unos pocos son capaces de solucionar las grandes cuestiones que atañen al bipartidismo… Total que a ver si un día de estos nos hacemos mirar lo del tobillo.

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