Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Crónica FIB 2016

Notodo Notodo 19/07/2016 Alan Queipo
Imagen principal del artículo "Crónica FIB 2016" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Crónica FIB 2016"

Texto: Alan Queipo
(LEE LA OTRA PARTE DE LA CRÓNICA FIBER)
Los nombres de la confirmación
Cada año hay una serie de nombres que, tras pasar en el FIB, sea por eso o no, sus carreras se acaban disparando hacia niveles implanteables antes de sus directos en Benicàssim: hemos visto cómo en los últimos siete u ocho años directos de bandas como Foals, The Temper Trap, Mumford & Sons, Ed Sheeran, Amy Winehouse o Tom Odell, y este año hay varios que podrán decir lo mismo.

Sin lugar a duda los casos más sonados serán los de The 1975 y Catfish and the Bottlemen, auténticos tapados para el público español pero grupos que cosechan toneles de fans en el Reino Unido; y quienes a pesar de haber ofrecido directos más bien sosos, han disparado el fenómeno fan en el recinto: unos, con un pop alternativo de melodías finas y pegadizas, dependiendo de los ritos mojabragas de su líder Adam Hann; y los otros, tirando de ramalazos post-punk y de indie-pop oscuro, como la enésima versión de unos Editors o Interpol para radiofórmulas.

Pero no fueron los únicos. Y es que si el año pasado Florence + the Machine ofrecieron el mejor directo del festival, este año otra ambición pelirroja dejó un directo repletos de clásicos instantáneos (y también de momentos con exceso de azúcar): hablamos de Jess Glynne, la gran diva dance-pop y r&b-housero de esta edición, un género a explotar entre el público fiber, dispuesto a cantar hits como panes como le sucedió a la británica, aún a pesar de actuar en el segundo escenario y con la solana cayendo.

También fue la constatación del buen estado de forma de dos nombres que llevamos años repitiendo, pero que se dejan ver más bien poco por nuestros lares. Por un lado, unos Biffy Clyro que sumaron ramalazos hard-rock universitario a un cartel que apenas encontraba homólogos rockeros pesados en Muse; por otro, un Jamie XX efectista, con un escenario abarrotado de público (¿el directo con más asistencia de la historia del segundo escenario?) y una sesión demasiado suave y distante, sobre todo si la comparamos con lo que el británico muestra en sus Boiler Rooms.

Crossover fiber
Lo dijo el director de Maraworld y del festival en la rueda de prensa, y llevaba razón: la palabra crossover es a la que el FIB se ata para seguir conectando el público británico (al menos hasta que no se ponga en práctica el Bréxit, luego ya veremos) y el español; o en donde pueden convivir en una franja de una hora una misa metalera, un concierto de indie-pop épico y una sesión bakalaera.

En esa materia, la presencia este año de artistas fundamentales para entender la unión de géneros, de tribus urbanas y de públicos fue capital: gracias a Muse pudimos ver melenudos con camisetas de Dream Theater o Blind Guardian; gracias a Hinds pudimos ver a españoles y guiris coreando (y berreando, como por momentos suenan las madrileñas) en sus dos conciertos (uno secreto bajo el nombre de Las Weers el jueves, otro en el escenario principal el viernes) algunos de los grandes hits de la banda; gracias a Kendrick Lamar, Rejjie Snow o Skepta soñamos con un festival en el que el hip-hop sea el nuevo indie; gracias a divas como Jess Glynne soñamos con que la radiofórmula dance pueda darnos futuras cabezas de cartel (ojalá Beyoncé, Rihanna, Britney, Lady Gaga, Madonna, Katy Perry…).

Del mismo modo, también aportan su grano de arena las honorables alianzas nacionales que tres símbolos de la difusión de la música de club y los nombres estatales del circuito alternativo, como son la emisora Radio 3 y los clubes Ochoymedio y Razzmatazz, consiguieron unir fuerzas para sacar adelante uno de los escenarios más vistosos de esta edición, y que pese a ser considerado como “el cuarto” y a tener algunos problemas de sonido (a veces se hacía bola) dejó grandes directos y demostró ser una prueba más de ese crossover al que hacíamos referencia.

Cuando el segundo (escenario) es el primero
Es una buena noticia que, a pesar de la grandeza y capacidad que puede aglutinar el escenario principal, en ocasiones sean los escenarios alternativos los que le coman la tostada a los que se menean en las grandes dimensiones.

Este año hemos visto cómo Jamie XX o The 1975 le comían la tostada en cantidad de público a los directos de Biffly Clyro y The Maccabees, respectivamente; pero también hemos visto cómo los directos de Teleman y las Hinds (en modo sorpresa ON) en el escenario de Radio 3; o directos como los de Rejjie Snow, Dorian, Bloc Party y Zahara no sólo no envidiaban nada al Las Palmas Stage, sino que daba la sensación de estar viendo algunos de los conciertos más masivos en esos momentos.

En el caso de los nacionales Zahara y Dorian, ambos conciertos confirmaron sus propuestas como dos de las posible conquistas de grandes recintos en el circuito indie mainstream próximamente: sus repertorio, sólidos y coreables, ya suenan a clásicos y a básicos dentro del circuito, y a pesar del punto ñoño o moñas que tienen canciones de ambos proyectos (aún a pesar de la distancia entre sus sonidos: el de ella en un registro de rock-pop de autor con puntos gravitantes gracias a la guitarra de Manuel Cabezalí; el de los barceloneses en un tono synth-pop negro y épico, cargado de hits) consiguieron ser dos de los puntos altos en lo que a conciertos estatales se refiere.

¿Qué fue del indie-rock?
Bien, gracias. Y es que tras al menos una década dependiendo de la llamada ola de indie-rock británico de principios de siglo XX, este año no fueron los atractivos centrales los grupos de aquella generación. Apenas podemos decir que directos como los de The Vaccines, The Maccabees, The 1975, Teleman, Catfish & the Bottlemen o Walking On Cars fueron de los pocos nombres entroncados en esa generación.

De lo más destacado fueron los efectistas directos de The Vaccines y The Maccabees, y los históricos momentos de Kele Okereke y sus Bloc Party desglosando himnos omo Banquet, Helicopter o Hunting for Witches. Daba la sensación que, al menos en el caso de estos tres grupos, ya han dado el máximo que podían dar en sus carreras (aunque el tiempo dirá…), pero que las rentas de sus clásicos son una marca de agua en los directos del FIB, y la presencia de grupos de esta generación no debería perderse de cara a futuras ediciones.

Sorpresa, sorpresa
Además de la sorpresa que supuso encontrarnos con un directo como el de Young Fathers, para nosotros lo mejor de esta edición, las cuatro grandes sorpresas con las que hemos dado esta edición han sido Reykjavíkurdaetur, Kero Kero Bonito, Teleman y los estatales Kid Simius y Baywaves.

Las primeras, un colectivo islandés de quince jóvenes y esbeltas mujeres que practican hip-hop feminista. La poderosa imagen de quince muchachas contoneándose en bikini por el escenario con proclamas propias de FEMEN o las Pussy Riot consiguieron llevar a otra dimensión una dudosa crítica: la frontera entre la crítica irónica y la falta de credibilidad es muy fina, casi tanto como su calidad como MCs. Aún así, quienes hemos podido ver uno de los directos más diferentes de esta edición a buen seguro lo destacaremos entre algunas de las noticias más brillantes de esta edición.

Algo similar sucedió con Kero Kero Bonito: ritmos tropicales pasados por el filtro j-pop y electro-8bit. Curiosa las caras de todos los que allí nos encontramos, como si estuviéramos buscando pokemons, entre un personal que se entregó al baile y el hedonismo bizarro.

Con los londinenses Teleman, unos grandes desconocidos en territorio patrio, a pesar de contar ya con dos álbumes en el mercado, en este primer lustro de vida no se habían dejado ver por estos lares. Y la reformación de buena parte de los que un día formaron parte de Pete & the Pirates demostró ser uno cruentos herederos del sonido indie pop hooligan, con momentos finos y momentos más rockeros. Abarrotaron su escenario y se erigieron como los próximos The Wave Pictures.

De los estatales, tanto el garage-rock de los explosivos Baywaves como la electrónica caleidoscópica del granadino-berlinés Kid Simius o la propuesta neo-croonerista de Lois Brea (líder de Trajano!) pusieron un punto entre exótico e internacional en tres nombres que deberían emprender un asalto al mundo de la magnitud de algunos de los artistas nacionales con mayor aceptación fuera de nuestras fronteras.

El año del bakalao
A pesar de la fuerte presencia prácticamente desde sus inicios de propuestas de electrónica a partir de la madrugada, este año ha sido especialmente importante.

No sólo porque grupos como The Chemical Brothers, Skepta, Massive Attack, Disclosure o Major Lazer capitanearon esta edición, sino porque la presencia de propuestas internacionales como las de los mandangueros y especialmente brutos Louisahhh!!!, Hannah Wants o Ryan Hemsworth se mezclaron con otras algo más oscuras como la de DJ Shadow o con algunos de los grandes talentos estatales, en plena escalada y conquista internacional, como es el caso de BeGun o John Talabot (sin olvidarnos de capos de la selección de hits como MAADRAASSOO y Amable, indispensables para acabar las jornadas).

Tres grandes noticias
Algunas de las mejores nuevas-cosas de esta edición han sido, por un lado, la posesión de un nuevo paradigma de concierto: el bolo sorpresa. En este caso fueron las Hinds las que se disfrazaron en la programación de unas virtuales Weers (¿un guiño a su época como Deers?) para sorprender a propios y extraños, abarrotando el escenario de Radio 3. Quizá es una materia que deberían plantearse explotar más desde el festival.

No es que tuviera el instinto paternal desarrollado, pero la gran presencia de público infantil en algunos conciertos es una gran noticia: que este festival, tildado por mucha gente como un evento destroyer, comience a encontrar en el público familiar una baza a explotar, ya sea para ver a Muse como para darse un garbeo por los escenarios, es una excelente noticia y una muestra más de que queda mucho FIB por delante.

Y la otra gran noticia ha sido la presencia de J&B ataviando no sólo uno de los cuatro escenarios, sino creando una playa virtual con otro escenario alternativo, dedicado a la música electrónica y por donde pasaron nuevos talentos pinchadiscos sobre todo estatales, además de tener la sensación de estar en un chiringuito para descansar y desfasar a la vez.
(LEE LA OTRA PARTE DE LA CRÓNICA FIBER)

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Notodo

image beaconimage beaconimage beacon