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Cristiano sigue en alarmante baja forma y Benítez amaga pero no se atreve a sentarle

El Confidencial El Confidencial 07/10/2015 José Manuel García
Cristiano Ronaldo junto a Tiago durante el último derbi disputado en el Vicente Calderón. © EFE Cristiano Ronaldo junto a Tiago durante el último derbi disputado en el Vicente Calderón.

Dicen los especialistas que Cristiano Ronaldo suele perder unos tres kilos de peso después de jugar un partido. El pasado domingo, tras la finalización del derbi madrileño, con gesto serio, el portugués saludó a los seguidores blancos que aplaudían apiñados desde una de las esquinas del Vicente Calderón. Llevaba los labios apretados por la tensión y no podía disimular el enfado. Una jornada más, segunda consecutiva en Liga, sigue con la pólvora mojada. Dicen en el Real Madrid que no hay alarma pero todos miran si está encendida la luz roja.

Cristiano Ronaldo, que ha pulverizado todos los registros de goles con el Real Madrid y lucirá para siempre junto a los grandes mitos del Bernabéu, no carbura. No le hizo gracia el cambio de entrenador; nunca le gustó Rafa Benítez y sus experimentos, y ahora, transcurridos unos meses, la herida sangra. “El experimento del '9' le repatea las tripas”, aseguran en su entorno, convencidos como están que lo mejor para la megaestrella es que se desenvuelva por el campo a su libre albedrío, sin etiquetas; como hacía Carlo Ancelotti: el italiano le daba la camiseta y una palmadita en la espalda. Ni una palabra, solo un guiño. El técnico siempre dijo que con jugadores muy especiales las palabras sobran, que estos ya hablan en el campo.

Pero el 'modelo Ancelotti' fue quemado en una pira por Florentino Pérez; ahora su sustituto, Rafa Benítez, pone fichas en el tablero y dibuja jugadas y nombres sobre una pizarra gigante: Bale, sobre Benzema; Bale y Benzema sobre Cristiano Ronaldo. Y éste sobre todos. Pero ni Bale ha arrancado conforme a lo previsto, ni Cristiano esboza una sonrisa en forma de goles. El único que ha dado un paso al frente es Benzema, el que siempre termina el partido desde el banco. Cristiano Ronaldo, se encuentre o no en medio de una tempestad de fallos, es inamovible. Y así lo seguirá siendo.

Cristiano Ronaldo no pudo con Juanfran en el último derbi. © EFE Cristiano Ronaldo no pudo con Juanfran en el último derbi.

Falta de solidaridad

La otra noche, en la 'SER' y en la 'Cope', Rafa Benítez sacaba pecho con una frase que sonaba a bravata de taberna del Oeste: “No me temblaría el pulso para sentar a Cristiano Ronaldo”. Los asistentes contuvieron la risa, porque saben que reemplazar al crack portugués significaría abrir con dinamita la caja de los truenos, y nadie, al menos Rafa Benítez, quiere la guerra. Justo ese es el problema, que hay humo en la cocina y alguien está fumando: sobre la pizarra del entrenador más táctico de Europa, las estrellas hacen la guerra por su cuenta. Sobre todo la principal: Cristiano Ronaldo.

Contra el Atlético, CR7 realizó cinco remates con marchamo de peligro sobre la portería de Oblak. Cuatro de estos remates (incluyendo un libre directo) salieron lejos de los palos y solo una vez el balón resultó blocado por el arquero esloveno: el misil de Cristiano le llegó manso al cuerpo. En las demás ocasiones, los compañeros en mejor situación se quedaron esperando un pase que jamás les llegó. No lo dicen en voz alta porque nadie quiere añadir pimienta a la situación, pero sobre la cancha comienzan a ser visibles los gestos (braceos, miradas…) de desaprobación por la falta de solidaridad del portugués con el equipo.

Benzema puso en marcha el marcador en el Vicente Calderón. © EFE Benzema puso en marcha el marcador en el Vicente Calderón.

El condenado Isco

Es cierto que Rafa Benítez le ha pedido a los suyos un mayor protagonismo en ataque, como se vio con Isco en los tres avances que realizó contra el Málaga que culminaron en tres disparos a puerta. Frente al Atlético Isco se olvidó el guión y se limitó a servir en corto sobre un bosque de piernas rojiblancas o, desde la banda derecha, realizar cambios de juego hacia la izquierda. Isco basculó buscando la complicidad de Modric o Toni Kroos, pero encontró muy poco a Cristiano. Al final fue reemplazado por Bale. Al malagueño no le hizo falta ver el cartel con su número. Isco sabe de primera mano que será una de las piezas condenadas al banquillo en cuanto se recupere James Rodríguez.

Karim Benzema, el máximo goleador del equipo, tuerce el gesto cuando le cambian. El domingo, cuando llegó a la altura del técnico, musitó entre dientes un “siempre me toca a mí” que lo vio todo el mundo. Estaba siendo el argumento más afilado del equipo en ataque, mientras que en el campo Cristiano arrastraba su tristeza. Rafa Benítez no prevé mover un pelo de su flequillo por más que amenace hacerlo. Florentino Pérez, que respalda al entrenador, no vería con buenos ojos una nueva tormenta. Benítez se tendrá que buscar la vida para tapar los agujeros que existen en el equipo. Pero con CR7 en el campo. El técnico quiere revoluciones con gaseosa.

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