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Cristina Pedroche: "No quiero al PP y no me caen bien los que siguen votándole"

El Mundo El Mundo 03/04/2016

© EL Mundo Paseo por Vallecas con una chica de estatura media, actitud discreta y ropa de batalla: sudadera, vaqueros rotos y zapatillas de deporte. Camina y habla tranquila, no llama la atención. Corrijo: no hace nada por llamar la atención. Pero da igual. De repente me encuentro en medio de un huracán. Los conductores frenan para saludarla, los chavales desenfundan los móviles y los hombres la piropean con llamativo respeto: más López Vázquez sumiso («un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo») que machistas de andamio. Las señoras la adoran. Una sale de la frutería para interceptarla, ofendida como una madre: «No se puede ser más guapa ni más simpática. Y que te llamen gorda... Imbéciles. Eres nuestro orgullo». Cristina Pedroche sonríe, da las gracias y avanza como si la vida transcurriese con normalidad a su alrededor. Pero no es así. Hace meses que dejó de ser la chica de la sudadera y se convirtió en un acontecimiento. El fenómeno Pedroche. La diva de la clase obrera. La reina del barrio.

Te quieren...

Yo soy vallecana y presumo de ello. Ahora vivo en Méndez Álvaro (otra zona del sur de Madrid menos popular), pero sigo viniendo todos los días. Soy de barrio y siempre lo voy a ser. Conozco el tópico: los de la tele son todos unos pijos con mucho dinero que viven en La Moraleja. Pues no. Mi sitio es éste, mi gente es ésta.

¿Es siempre así?

Cada minuto te para alguien. Aquí juego en casa, pero me pasa mucho y cuanto más, mejor. Recibir cariño es una maravilla y la gente es muy educada. Sólo se pone chulita en Twitter porque es gratis. Si costase cinco céntimos insultar por tuit, desaparecerían los insultos. Porque tú vienes aquí ahora y me dices a la cara 'eres una zorra' y no te vas de gratis. Que soy de Vallecas...

Se te llena la boca al hablar de tu barrio.

Es que se resalta mucho que sea de Vallecas como si fuera algo extraño. ¿Perdón? En el barrio hay mucha gente que estudia, trabaja y tiene éxito. El éxito es relativo. A lo mejor parece que lo tengo yo por salir en la tele y es este pescadero el que lo revienta. Y olé por él.

Le deseo lo mejor al pescadero, pero estoy razonablemente seguro de que Pedroche tiene más éxito. Repasemos. A sus 27 años, es estrella de Zapeando y este mes estrena la segunda temporada del concurso Pekín express. Es la española más seguida en Twitter (2,2 millones) y también supera el millón de followers en Instagram. Los paparazzi la persiguen para desesperación de su marido, el superchef Dabiz (no es una errata) Muñoz, y las marcas la adoran: su caché por aparecer en un photocall ronda los 30.000 euros y es el nuevo rostro publicitario de las joyas Morellato en sustitución de Irina Shayk. Casi nada.Un destino inesperado para la niña que quería ser abogada porque le encantaba la serie Ally McBeal y acabó dos carreras: Administración y Dirección de Empresas y Turismo. «Siempre he sido muy empollona y muy repelente», confiesa. 

Puedes ver:

La DGT regaña a Cristina Pedroche (Fuente, Dailymotion)

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¿Cómo acabaste en un mundo tan diferente a tus estudios?

© El Mundo Soy de familia humilde y, si quería vaqueros, mi madre sólo me compraba unos porque no llegábamos a más. Si quería otros, de 20 euros del Bershka, no te creas, tenía que trabajar. Así que con 16 años empecé a hacerme fotos para catálogos y me creía la reina cuando un mes bueno sacaba 600 euros. Y en los malos, ponía copas. Estudiaba y por las noches, camarera. En vez de salir, que nunca me ha gustado, trabajaba.

Pero de ahí hasta la tele hay mucha distancia.

Se fue liando la cosa. Yo era feliz así, pero de los catálogos pasé a los anuncios y cuando me quise dar cuenta estaba metida en la interpretación. Hice castings para series, cursos de actuación y vocalización... Aunque, al final, lo mejor para mi carrera fue viciarme a la consola.

Ése es un giro argumental inesperado...

Ya. Fui a un casting que buscaba una chica deportista aficionada a los videojuegos. Y allí chicas había muchas, pero que controlasen de jugar al FIFA ya menos. Y como yo era bastante friki, les expliqué para qué servía cada botón del mando y me dieron el trabajo: presentar los juegos de EA Sports en internet. Lo hacía con Paula Prendes y cuando la fichó Globomedia, me vieron también en los vídeos y me llamaron para el casting de Sé lo que hicisteis... (SLQH). Tenía 21 años y ahí empezó todo.

El programa buscaba una sustituta para Pilar Rubio, que fichó como estrella por Telecinco.

Se presentaron 700 candidatas y ganaste tú, que no tenías ninguna experiencia en tele. Fue casualidad. Cuando me llamaron pensé que me querían para ser azafata de las chicas que iban al casting, porque también hacía ese tipo de curros. Yo no quería que me comparasen con Pilar Rubio, que es el super top de tía, pero gané. No era la favorita de nadie excepto de Bropi (creador de SLQH y actual director de Programas de Globomedia), que me dijo «no eres la mejor, pero lo serás». Y yo, que soy muy cabezona, pensé: «Hostia puta, tiene razón». Empecé el 8 de enero de 2010 y... aquí estamos.

En efecto, aquí estamos, paralizando un barrio. Y sorprende un poco, porque el éxito de Pedroche no se corresponde con el de sus programas. La audiencia de SLQH, emblema de La Sexta desde 2006, comenzó a desplomarse al poco de llegar ella y se canceló al año y medio. De ahí pasó a Otra Movida, que sólo duró once meses (agosto 2011-junio 2012). Y luego, la época oscura: año y medio fuera de la tele. Hasta que Zapeando, éste sí un éxito, llegó al rescate en diciembre de 2013. Pero su estreno en solitario al frente de Pekín Express 2015 fue tibio (2 millones de espectadores y 13'6% de share) y Atresmedia decidió que este año pasase de Antena 3 a la hermana pequeña, La Sexta.

¿Está tu fama personal por encima de tu éxito profesional?

© El Mundo No sé, el tiempo que estuve sin hacer tele fue cuando llegué al millón de seguidores en Twitter, cuando más publicidad hacía... Sólo salía en la radio (Yu y Anda ya, en Los 40), pero descubrí que a la gente le gusta que cuente mi vida y ver que soy normal, que he ido a entrenar, que me duele la tripa porque estoy con la regla... Lo cuento todo, no tengo filtro. Hoy he dicho que ayer no fui al programa porque estaba con diarrea. ¿Cuál es el problema? Todo el mundo tiene diarreas. He intentado ser más refinada, pero no sé fingir ser la persona que no soy. Eso es un fiasco y una mierda. Soy como soy y a la gente le gusta.

Pero la audiencia no termina de respaldar esa popularidad.

A mí la audiencia... No conozco a nadie que tenga audímetro. Yo me quedo con lo que veo. Cuando salgo a la calle y la gente me pregunta, cuando las marcas quieren estar ahí... Eso es que un programa funcione, no la audiencia. Pekín express ganó dinero, por eso renovamos. Es así de simple. No necesitas cinco millones de espectadores para que un programa lo reviente. Con Pekín reventábamos Twitter. Y eso me dice más que la audiencia.

Donde coincidieron Twitter y la audiencia fue en tus dos campanadas de Nocheviejas, cuando tus transparencias se convirtieron en el nuevo debate sobre el estado de la nación.

El peor fue el primer vestido. Porque la gente consideraba que en las campanadas había que estar encorsetada... Pues no. Quería divertirme. Mucha gente se escandalizó y dijo que era machista. Y yo odio que me digan lo que tengo que hacer, así que ¿no querías transparencias? Pues toma dos tazas. Sólo tengo que dar explicaciones a mi madre, a la que le gustó mucho más el del segundo año, y a mis jefes, que entienden el personaje que soy: una tía que hace lo que quiere y se lo pasa de puta madre.

En la época en la que no te salía nada en la tele, ¿pensaste en dejarlo y dedicarte a lo que habías estudiado?

Me planteé hacer un máster, pero no estaba segura de querer llevar por ahí mi vida profesional y, mientras lo decidía, me llamó Zapeando.

Donde tú no querías trabajar...

Cierto. Entré en el programa 21. Había visto los 20 anteriores y no entendía nada. Veía Zapeando y pensaba: «¿Qué cojones es esto?». Y cuando me llamaron dije que yo no iba allí. Pero Globomedia me insistió y, joder, es mi casa. Fui y me lo pasé muy bien, mucho mejor que viéndolo. Y el programa ha mejorado muchísimo. Ahora soy feliz allí.

Cristina asegura que es como es por respeto a sus orígenes. Que no ha cambiado nada y ése es su secreto. La sensación, como espectador y entrevistador, es que no miente. En el rodaje de Zapeando pasa algo más de tiempo que sus compañeros en maquillaje, peluquería y vestuario, pero no muestra tics de estrella. Ya en plató, es ágil en la improvisación y en todo momento parece divertirse de verdad.Miki Nadal, compañero desde su debut en SLQH y su amigo más antiguo en este negocio, respalda la teoría de la naturalidad: «El fenómeno Cristina Pedroche está basado en la realidad, lo que se ve es lo que hay.

Ésa es la base de su éxito. Es frescura pura y una gran currante. Siempre ha sido así y siempre lo será». Otro que ha trabajado con ella desde el principio es Carlos Herrero, ahora director de Zapeando y entonces de SLQH. Su diagnóstico coincide: «Es muy inteligente y conoce muy bien las claves del negocio. No se las da de estrella, pero siempre ha sido muy clara: si algo no le gusta, lo va a decir. Desde el principio ha reclamado protagonismo y ha sabido hacerse hueco». Frank Blanco, presentador del programa, remata: «Ha madurado, pero mantiene la esencia de una chica normal. Es un regalo tener en la mesa a alguien así. No se toma nada a mal y tiene mucho sentido del humor. Es una gran improvisadora. Cuando grita, llora o sale corriendo, es todo natural».

Ante tanto elogio, busco una mirada más neutra: Ana Pastor, en cierto sentido el otro extremo del espectro televisivo, la periodista de manual frente a la presentadora chistosa. Trabajan en el mismo edificio y se conocen bien: «Es estupenda. Nos damos un aire y bromeamos con que somos hermanas; ella más joven y más guapa, claro. Lo que define a Cristina es que es de verdad. Toma sus decisiones y le da igual lo que digan. Elige su vestido de Nochevieja porque le gusta y punto, la critique quien la critique. Eso es una mujer fuerte».Vale, me rindo. 

Naturalidad, verdad, frescura, improvisación...

© EL Mundo Son palabras que todo el mundo repite al hablar de ti. ¿De verdad no hay nada de impostura en Cristina Pedroche? Yo no sabía nada cuando empecé en la tele. El primer día estaba perdidísima y cuando me senté y vi letras subiendo en la pantalla, el teleprompter, nadie me había enseñado a usarlo. Leía como tonta: «Sí, Pa-tri, he ve-ni-do a-tra-ve-san-do el des-cam-pa-do». Y entre paréntesis ponía risas y yo «ja ja ja». Todo antinatural. Fatal. Hasta que decidí que ni soy perfecta ni lo voy a ser y que para qué fingir que estoy siempre guapa y con las piernas bien cruzadas. 

Y funcionó.

En la tele no se veía entonces ni una chica normal. Porque Patricia Conde era superdivertida, pero con muchísima clase. Y de repente llega una niña de Vallecas, a la que le da igual todo, y a la gente le gusta. Pensaba que con la edad se aburrirían, pero me siguen comprando. ¡Llevan diciendo que soy la chica de moda desde que empecé!

¿Cómo asimilaste un salto a la fama tan repentino?

He estado en el punto de mira desde el principio por ser la sustituta de Pilar Rubio. El primer día que salí en TV ya tenía paparazzi detrás. Mi madre y yo nos los encontramos en el portal de casa y pensamos que se había mudado algún famoso al edificio. Hasta que empezaron a disparar... Al principio es raro, te hacen daño, como si te estuvieran robando una parte tuya. Pero luego piensas: ¿cuál es el problema? ¿Tengo algo que esconder?

¿Tienes la sensación de que has tenido que dar más explicaciones sobre tu valía profesional por ser mujer, joven y guapa?

Me da mucha rabia que te señalen con el dedo por tener éxito. Cuando una persona está triste, el resto de la gente la quiere. Pero cuando está enamorada y feliz, es en plan «bah, es todo de mentira, ya verás qué hostia te vas a dar». ¿Pero cómo puedes ser tan triste? Con los estudios igual, todo el día a vueltas con las dos carreras. La gente es muy tonta. Juzgar por eso es... Y luego, lo de las tetas.

¿Lo de las tetas?

Me dicen: «Estás en la televisión por las tetas». ¿En serio? Todo el que tenga ojos en la cara sabe que hay tetas mucho más gordas que las mías. ¿Y por qué no están esas chicas en la tele? Porque es todo, es el conjunto. Claro que me gusta ponerme mis escotes y sentirme femenina y guapa. ¿Cuál es el problema? Pero mira cómo voy hoy: ancha, con los vaqueros rotos... Otro rollo. Ser femenina es ser una tía que se guste y se quiera. Hay que tener un poquito de ego. Si no te quieres tú, ¿quién cojones te va a querer? Yo me quiero. Y ojalá me quisiera más para que no me afectasen nunca las tonterías que me dicen.

¿Cómo llevan tus padres todo lo que se mueve alrededor de su hija?

Flipan todo el rato, pero les tengo prohibidísimo que lean nada. Que sean felices, que vean que me va muy bien todo... No les gusta que digan chorradas sobre su hija, pero han entendido que cuanto más arriba estés, más sombras tienes. Mi madre, en el fondo, querría que se acabase esto y volviese a estudiar. Ahora está más tranquila porque me ve genial con Dabiz, pero antes estuve tres años muy sola.

¿Existe la famosa soledad de la cima?

Sí, fue todo rápido y confuso. Tenía tanto agobio de lunes a viernes que los fines de semana no me apetecía hacer nada. Ni salir ni ver a gente. Me quedaba en casa jugando a la Play, viendo series y partidos de fútbol. Fue una época muy jodida. No me apetecía ser simpática porque estaba siendo simpática todo el rato.

¿Lo has superado completamente?

No. Sigue habiendo días en los que me odio, en los que no quiero ni hablarme. Pero he aprendido a vivir y me pasa menos. Antes no sabía disfrutar del momento.

¿Cómo saliste del bache?

Me di cuenta de que, en este mundo en el que me muevo, no quiero tener mucha gente a mí alrededor. Al principio te rodeas de personas nuevas, el móvil te revienta, todo el mundo quiere salir contigo, qué guay... Es mentira todo. Todo superficial. Sólo quiero gente buena a mi lado. Gente de verdad, sin postureo. Quiero pocos, pero buenos.

Al acabar Zapeando, vamos en mi coche hasta Vallecas. Pedroche, aplastada contra la sillita de mi hija mientras el fotógrafo le dispara a 20 centímetros, no pone ni una mala cara. Se ríe cuando me disculpo por el escaso glamour: «Recuerda de dónde vengo». Es imposible olvidarlo. Cristina es torrencial. Habla sin parar y a toda velocidad, encadenando ideas sin relación aparente y salpicando su discurso de gestos, bailes, chistes, imitaciones y un sinfín de palabrotas. La modelo de joyas habla como cualquiera de mis amigas tomando unas cervezas.

El barrio, ya saben.Su teléfono no para de sonar. Productores, agentes, publicistas... Gestiona todos sus asuntos con calma, pero hay una llamada que la altera. El dueño de una gran empresa quiere llevar a su hija a DiverXO, el restaurante de Muñoz en el que no hay mesa hasta septiembre, y pretende que Pedroche le haga hueco. La chica de Vallecas (en comunión con el chico de La Elipa) hace acto de presencia y lo fulmina sin titubear. «No colamos a nadie. Ir a DiverXO es como ir al teatro.

El ticket cuesta 60 euros para todo el mundo y a Dabiz le da igual si esos 60 euros son del tío más rico del mundo o de un obrero. Es más, mejor lo segundo porque así sabemos que de verdad va para disfrutar de la comida y no para contarlo», explica.

Con tanto compromiso publicitario y siendo un rostro de la tele 'mainstream', ¿no te planteas moderar tu discurso para ahorrarte problemas?

© EL Mundo Sé que no debería decir cosas como la de las perlas [la semana previa, Cristina generó revuelo al declarar: «Soy de Vallecas, ¿esperas que me ponga perlas y vote al PP?»], pero...

¿Pero?

Hostia, es que es la verdad. PP: pendientes de perla. Eso es así de toda la vida. Cuando era pequeña, me daba tanta rabia la gente que iba con pendientes de perla... Es que son pijas malas. Y aquí en Vallecas había gente como mi tía que, de repente, se ponía perlas y yo pensaba: «Algo escondes». Que a lo mejor es una chorrada y ser del PP es más llevar el pelo así o el foulard asá. Pero hoy he visto a Rita Barberá con las perlas y yo, cuando pienso en una señora del PP, pienso en Rita Barberá. No me gustan las perlas y ya está. No pasa nada.

Creo que queda claro.No piensas amansarte.

No, yo soy así. Soy de Vallecas y voto a Alberto Garzón. ¿Qué esperan que vote? ¿Por qué esperan que luche? (Pone tono repipi) «Es que los de izquierdas no podéis tener pisos». No, perdona, yo quiero ganar el dinero que gano porque me lo trabajo. Y mis impuestos quiero que vayan a sanidad pública, educación pública... No a que se blanquee dinero y me roben. No quiero PP, lo siento, no lo quiero. No puedo callarme y decir «cada uno que vote lo que quiera, eso es libertad». Que sí, que de puta madre, que olé por las personas que siguen votando al PP aunque les roben, pero a mí no me caen bien.

¿Cómo esperas que se resuelva el caos político que vivimos en España?

Ahora ya sólo hablamos de que no tenemos presidente y de qué pactos de mierda se pueden hacer. ¿Qué pasa con los sirios? Ya no están de moda. Nos hemos olvidado de esas refugiadas que están dando a luz en el barro y se las están comiendo las putas serpientes. Y los medios hablando de la última tontería que dice la Pedroche porque da más visitas. Es muy triste.

¿Qué solución propones tú?

Que nos olvidemos de España, de Vallecas, de Madrid, de Cataluña y de toda esa mierda. Que busquemos el bien general y nos olvidemos de machismo, feminismo y su puta madre. Que nos olvidemos de esas tonterías. Intentemos ser buenas personas olvidándonos del género; que a mí me da igual si es hombre, mujer o perro. Hay que ser buena persona y ya está. Eso es lo que pretendo.

Estamos hablando en el gimnasio donde Pedroche entrena a diario y el resto de clientes no ha puesto problema para apartarse y dejarnos hueco. La conocen, preguntan por sus padres y le vacilan cuando hacemos fotos. Su estallido de conciencia social despierta miradas de orgullo y algún «así se habla». Es una de las suyas. Pero aunque no puedes sacar Vallecas de Pedroche, Pedroche sí ha salido de Vallecas. Ahora es global y en expansión constante.

¿Cuál será el próximo movimiento? «Nunca hubiera dicho que iba a tener la vida que tengo, así que pienso a corto plazo. Ahora no podría estar en otro sitio mejor que Atresmedia y nunca me iría a otra cadena por dinero; por un proyecto mejor que los actuales, quizás. Pero no tengo prisa, estoy contenta con lo que hago. Además, Dabiz es un genio y yo voy detrás con la lengua fuera. No para. Es lo que nos hace felices y algún día acabaré sólo estando con Dabiz y sus cosas».

No te imagino de pinche de cocina, la verdad.

Nunca se sabe. Este boom también ha tenido cosas malas, momentos de bajón, pero he aprendido a relativizar. Los dramas son otra cosa: que mi padre esté en paro, que un familiar esté enfermo... El resto de agobios son gilipolleces. La vida es demasiado corta para estar agobiándonos con mierdas y suficientemente larga para poder hacer lo que nos dé la gana y disfrutar. Así que ya veremos.

Sospecho que aún quedan capítulos por escribir del fenómeno Pedroche.

Sólo quiero ser feliz y lo que vaya viniendo, vendrá. Y de lo malo aprenderé. Yo me caigo muchas veces, pero tengo fuerzas y ganas para levantarme rápido. Ésa es la actitud para comerte el mundo.

Ya te lo estás comiendo...

Y lo que me queda.

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