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Cuando Bódalo era John Wayne

ABC ABC 03/04/2016 Javier López

Antes de ser el hombre tranquilo, Andrés Bódalo fue John Wayne. Su elección en mayo de 2015 como concejal de la marca blanca de Podemos en el Ayuntamiento de Jaén atemperó su carácter hasta el punto de que, desde entonces, es un ejemplo de civismo político. Tanto que, a su lado, Albert Rivera parece Stalin. Hasta ese momento, sin embargo, este dirigente jornalero recién encarcelado por agresión protagonizó episodios de violencia que padecieron víctimas variopintas: unos comerciantes, unos policías, un concejal, un ultra.

El 20 de junio de 2002 es una fecha vigente en la memoria de Juan Antonio y Eva, propietarios de la heladería Los Valencianos, de Úbeda. Fue una jornada de huelga general y de pánico colectivo para los empresarios que optaron por abrir sus negocios. Constituidos en piquete informativo, dos centenares de jornaleros provenientes de Jódar, entre los que encontraba Bódalo, forzaron el cierre de establecimientos de la ciudad renacentista.

Golpearon a una embarazada

Los piqueteros llevaron el paro a extremos delirantes. Al respecto, un vecino de Úbeda recuerda que incluso atacaron a clientes. Aunque la huelga no era de hambre, a un parroquiano que salía de desayunar de una cafetería le propinaron un puñetazo en la cara mientras le llamaban fascista.

El mayor episodio de violencia, empero, lo sufrió Eva, que estaba embarazada de seis meses, a la que golpearon y arrojaron al suelo. Después, rompieron mobiliario interior y causaron destrozos en la terraza de su heladería, cuyo luminoso fue pulverizado con una vara. La cámara de seguridad de un establecimiento adyacente grabó los hechos, en los que participó Bódalo, quien, junto a otros siete compañeros, aceptó 2 años de prisión por delitos de coacciones, amenazas, daños y vulneración del derecho de los trabajadores. Además, el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) pagó 18.000 euros en concepto de indemnización.

Juan Antonio Jiménez recuerda la agresión al detalle: «A mi mujer, embarazada, la sacaron en volandas por la ventana y la tiraron al suelo. No olvidaré nunca la cara de pánico de un hijo mío, que entonces tenía dos años. Como pude, le dije a una chica que se lo llevara de allí, mientras una jauría de personas me golpeaba. Me zarandearon, me pegaron… Pasé mucho miedo mientras se ensañaban así con nosotros. Ninguna persona está preparada para algo así».

Bódalo era uno de los que irrumpió en la heladería: «Lo tenía a medio metro. Animaba a los otros a que nos pegaran. No es una buena persona, es un sinvergüenza muy gordo», asegura este comerciante, que mantuvo abierta la heladería durante la huelga para ejercer su derecho al trabajo. La vulneración del mismo y los destrozos motivaron una condena para el dirigente jornalero, quien entonces no entró en prisión. El hecho de que ahora haya ingresado en la cárcel no le produce a este comerciante especial contento, pero lo considera prudente: «No es que me sienta satisfecho, es que ese hombre es un peligro público».

El caso del concejal del PSOE

Tampoco protesta por el encarcelamiento de Bódalo el ex concejal socialista Juan Ibarra, al que, según la sentencia de la Audiencia de Jaén, el dirigente Podemos, agredió en el transcurso de una concentración jornalera ante el Ayuntamiento de Jódar, lo que ha motivado tres años y medio de cárcel para el candidato de la formación morada. Ibarra no sonríe por la suerte del dirigente del Sindicato Andaluz de Trabajadores, según aclara José Luis Hidalgo, alcalde del municipio, pero considera que era preciso impartir justicia. Y también que Bódalo le debe una disculpa.

Más que nada porque lo mal que se lo hizo pasar el 16 de septiembre de 2012, fecha en la que un grupo de personas concentradas ante el Ayuntamiento, gobernado por el PSOE, se abalanzó hacia el edil socialista cuando se disponía a entrar en el consistorio. Tres de ellas le golpearon con tal saña que tardó cuatro días en recuperarse de las heridas. «Justo después de la agresión intentó quitarle importancia, pero le temblaban la voz y las manos», recuerda el alcalde, quien, como hizo Ibarra en el juicio, señala a Bódalo como uno de los agresores.

Hidalgo asegura que la tensión acumulada por su primer teniente de alcalde tras meses de continuo acoso jornalero al equipo de gobierno y la paliza posterior aceleraron la retirada de la vida política de Ibarra, de 41 años de edad, quien, casado y con 2 hijas, regenta hoy un comercio en su municipio. «De vez en cuando nos echa una mano, pero ya no quiere saber nada de la actividad pública», resalta el alcalde.

Sí siguen en la brecha, en cambio, los policías nacionales a los que el 2 de agosto de 2005 Bódalo propinó manotazos y patadas, además de un surtido de insultos de dos rombos, cuando intentaba desalojarlo de las dependencias de la consejería de agricultura, lo que también le valió una condena de la Audiencia de Sevilla.

Otro juez le condenó asimismo a pagar una multa de 120 euros y a indemnizar con 600 a un joven de Jaén, al que agredió en transcurso de una pelea entre ultras de izquierdas y de derechas que tuvo lugar el 23 de abril de 2014, cuando los segundos intentaron boicotear la presentación de un libro del diputado de Amaiur Sabino Cuadra. El acto, organizado por el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) junto a otras organizaciones, acabó a golpes.

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