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Cuando dejan de contarse los muertos

EL PAÍS EL PAÍS 12/06/2014 Yolanda Monge
Vigilia por las víctimas de un tiroteo en un colegio de Oregon © STEVE DIPAOLA Vigilia por las víctimas de un tiroteo en un colegio de Oregon

Cuando ya no había ruido de sirenas, cuando las ambulancias se llevaron a las últimas víctimas y la policía reportaba que el perpetrador del último tiroteo en un centro educativo había fallecido en el asalto, compareció el Gobernador del Estado. También hizo sus declaraciones ante la prensa el alcalde de la ciudad. La directora del instituto se sumó a las voces de indignación. El primero dijo que se trataba de “una violencia sin sentido”. El alcalde elogió la rápida respuesta de las fuerzas del orden y la directora confesó que siempre deseó acabar su carrera sin tener que declarar en su currículum haber sufrido un tiroteo en el colegio.

Acabados los tiros en Troutdale (Portland, Oregon), comenzó la catarata de ira habitual. Barack Obama hacia oír su voz para decir que Estados Unidos era “el único país desarrollado de la tierra donde sucedían estas cosas”. “Ahora además sucede una vez a la semana y es una historia de un día”, declaró el presidente. “No existe otro lugar como este”, insistió el mandatario. “Hace un par de décadas, Australia tuvo un tiroteo de masas similar al sucedido en Columbine [15 muertos] o Newtown [27, 28 si se cuenta a la madre del asesino] y dijo que se acabó, esto no va a volver a suceder. Y lo que hizo fue imponer leyes muy restrictivas sobre las armas”, relató Obama, que finalizó diciendo que aquel país no ha vuelto a sufrir nunca un acto de violencia similar.

Desde la masacre de Newtown en diciembre de 2012, con 26 féretros, de ellos 20 de niños, en Estados Unidos se han producido más de 70 incidentes con armas en colegios, según Everytown For Gun Safety, grupo que reclama políticas que limiten la violencia de las armas. En este año se han producido 37 tiroteos en colegios. En resumen y haciendo una media, desde Newtown se habría producido un tiroteo cada semana.

Sumado a lo que sucede en los colegios, cada año unos 2.000 adolescentes y niños se suicidan con un arma en su casa, según datos de la Campaña Brady para Prevenir la Violencia. “De media, en EE UU mueren cada día por heridas de bala 86 personas”, asegura el grupo antes citado.

Pero una vez que se acaba el recuento de muertos, incluso antes de que los cadáveres reciban sepultura, el tiroteo es historia, una mera fecha y cifra que apuntar a una larga lista de lo que ya es una tragedia norteamericana que se cobra más muertes que en todas las guerras en las que se ha visto envuelto.

Tras Newtown se creyó que el impacto emocional de ver 20 ataudes blancos marcaría un antes y un después; que las lágrimas de un presidente cotizarían en el mercado del sentido común; que la guerra que inició Obama concluiría con una victoria y que no ganarían los de siempre en esta lacra social que son las armas.

Pero cuando las voces alzadas se silencian, cuando los legisladores inician los trámites legislativos para dictar leyes que controlen la venta de armas, cuando los cuerpos ya están fríos, la rabia y las buenas intenciones se chocan, una vez más, contra el poderoso lobby que controla ese negocio, uno de los que más dinero suma para las campañas políticas y que más capacidad de presión tiene sobre los miembros del Congreso, representantes y senadores.

Que Adam Lanza pudiera matar a 20 niños en cinco minutos fue posible porque tenía en su poder armas lo suficientemente potentes como para poder consumar semejante matanza. Lo que a partir de Newtown buscó el presidente fue algo sencillo: prohibir las llamadas armas de asalto (los rifles automáticos y semiautomáticos que usan los soldados en el campo de batalla); limitar a 10 las balas de los cargadores a la venta –que hoy son de más de 30- y comprobar la identidad y los antecedentes de todos los compradores de armas sin excepción.

No lo logró. El Senado acabó rechazando su plan. De nada valió que Obama dijera que aquel día habia sido un día de vergüenza para Washington. “Hace unos meses, tras la tragedia de Newtown, este país adoptó el compromiso de luchar contra la violencia armada. Hace unos minutos, una minoría de senadores ha decidido que proteger a las familias y a los niños no merece la pena", dijo entonces Obama.

Dieciocho meses después, el martes por la mañana, un adolescente mataba a un estudiante en los vestuarios del instituto Reynolds de Troutdale. También hería a un profesor de gimnasia que estaba en ese momento en el lugar y que fue quien dio la voz de alarma. Todo apunta a que el tirador se suicidó después. En esos 18 meses, más de 40 personas han muerto en colegios víctimas de las armas de fuego. El martes, cuando la policía evacuaba el instituto se encontró con otro estudiante armado. Y no estaba relacionado con el incidente.

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