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Cuando la pelota vuela a 300 km/h: "A la mínima te quedas sin dientes"

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 ALBERTO LAMBEA

En el casino de Dania Beach, cerca de Miami, hay varias mesas de póker. Una sala con moqueta roja cuenta con 900 máquinas tragaperras. También se juega a la ruleta, al blackjack, hay conciertos y monólogos. Todo muy yanqui. Pero en el mismo recinto, un frontón de 54 metros de largo aloja cuatro días a la semana un deporte donde compiten Erik, Ibon, Andoni o Gotzon. No son, evidentemente, americanos, sino vascos que juegan al jai alai. Los clientes apuestan en sus partidos como hacen con las carreras de caballos y ellos trabajan a sueldo de la compañía que explota el casino.

El jai alai -fiesta alegre en euskera- o cesta punta fue uno de los juegos más populares de pelota vasca y ahora es un deporte casi marginal, pero vivió su edad de oro en los años 70 y 80 en Estados Unidos. Exportado por emigrantes del País Vasco y llevado a otros continentes por empresarios en busca de hacer negocio, llegó a ser tan conocido como el béisbol, más que el baloncesto.

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Las apuestas eran una mina de oro en decenas de frontones repartidos por el país. Pero surgieron otros deportes para apostar, la lotería, internet, y poco a poco perdió popularidad. Hoy, apenas se mantiene vivo en el Dania Beach y el Casino Miami. Allí compitió durante la mayor parte de su carrera quien todavía es el mejor jugador del mundo de cesta punta. Es Iñaki Osa Goikoetxea, guipuzcoano de 37 años, 1,93 metros y 100 kilos. Sólo así se explica que la bola pueda viajar a una velocidad cercana a los 300 kilómetros por hora, un récord en deportes de pelota. "Es muy peligroso, al mínimo descuido te quedas sin dientes, cabeza o rodilla. Es difícil verla, pero vas leyendo la postura del contrario y te imaginas dónde va", dice Goikoetxea. Da la mano con fuerza y enseña unas nociones básicas.

Un deporte olímpico en París

"El jai alai es una especie de squash en una cancha más grande. Se trata de lanzar la pelota hacia la pared frontal y cogerla con una cesta antes del segundo bote. Se juega por parejas, con un delantero [como él] y un zaguero, o en individuales". En su pueblo, Zumaia, empezó todo con siete años. "Mis hermanos jugaban, me dejaron la cesta y hasta ahora. Soy profesional desde 1996, en Italia. No pensaba que fuera a seguir más, pero fue una especie de trampolín, como competir en segunda división. Después, me fui a Estados Unidos con 17 años". Surge otra duda: ¿Por qué hay que irse si aquí somos tan buenos? "Quieren tener a los mejores, ahora hay cuadros de 36 pelotaris y antes de 60 o 70. Estás todo el año en activo y cobras más, pero en España jugando durante cuatro o cinco meses también se puede vivir de ello, aunque peor".

Inventado en el País Vasco, es popular también en el sur de Francia, México y Cuba. Fue olímpico en los Juegos de París de 1900 y hoy es conocido como el deporte de pelota más rápido del mundo. De la cesta a la pared de granito en décimas de segundo. La exigencia física es máxima,. "Hay muchas lesiones de cintura, rodillas, brazo". Lo mueve y suena un chasquido que pone los pelos de punta. Sólo en directo puede uno ser consciente de lo espectacular del deporte, en la humedad de la cancha y escuchando los zambombazos de la pelota contra el muro.

Goiko es también el jugador de cesta punta más mediático. Patrocinado ahora por Red Bull, fue imagen de un anuncio de Loewe en 2014. Lo ha ganado todo: mundiales individuales, por parejas, y los torneos más prestigiosos del planeta. Ha ganado tanto que hasta olvida algún trofeo. Después de 18 años haciendo las Américas, volvió a casa en 2015.

Su último título lo levantó el sábado en el Torneo Internacional Villa de Madrid formando pareja con Jonathan Etxebarrieta, uno de los muchos que emigraron a Dania Beach. Un nuevo repunte del jai alai en España permite soñar con que algún día los buenos no tengan que irse a EEUU y puedan competir por ganar premios fuera del negocio de las apuestas. No es un deporte barato: la cesta de Goikoetxea cuesta 600 euros, el casco 250 y la pelota 100. «No tengo envidia de otros deportes, yo tengo suerte de poder vivir de esto y haberme dedicado durante 20 años. ¿Podría estar mejor? Sí, y peor», dice. «A este deporte le falta que los medios le deis más importancia, eso aumentaría la expectación. Que hasta mi madre lo pudiera seguir por la tele».

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