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Cuando Pelé se santiguaba por el 'top less'

El Mundo El Mundo 18/06/2014 ORFEO SUÁREZ
© Proporcionado por elmundo.es

Cuando Pelé llegó a Suecia, en 1958, para disputar su primer Mundial, todo fue un 'shock' para aquel adolescente del interior, criado en una familia religiosa. Le preocupaban dos cosas: ¿Por qué el resto de selecciones apenas tenía jugadores negros y por qué las mujeres se quitaban la parte de arriba de sus bikinis para tomar el sol? En Brasil, todavía hoy, es una prohibición no escrita.

"Me tapaba los ojos cuando las veía, cerca de la concentración en las que estábamos, junto a un lago. Si intentaba abrir los ojos, a continuación, de inmediato, me santiguaba", me explicó Pelé, en una de sus visitas a Madrid. Atendía a responsables de agencias de viajes españolas que lo habían contratado para viajar en un crucero. Era el reclamo, la atracción. Después de firmar autógrafos y hacerse fotografías, me dijo, sonriente: "No sé porque Dios me ama tanto". No era Dios.

Ese pretendido amor en Brasil es también cólera, porque Pelé representa, a su vez, el talento y el servilismo. En este país que hoy se divide entre el fútbol y las reivindicaciones, no se lo perdonan. En el metro que regresaba de Maracaná tras el debut de Argentina, jóvenes brasileños mostraban la mano abierta a los seguidores albiceleste, en señal de los cinco títulos de Brasil, y realizaban el gesto de esnifar coca, en referencia a Maradona. Para contrarrestarlo, los argentinos aludían a Pelé en posición de genuflexión.

"El cambio cultural era tremendo. Pasé de estar en el interior de Brasil a una de las sociedades más avanzadas del mundo. No entendía nada. Recuerdo que le decía a Didí si es que los negros no le gustábamos al resto de los países, porque ningún otro equipo, salvo Brasil, tenía jugadores de color. La otra cosa que me llamó la atención fue la libertad de las mujeres suecas. ¡Menuda sorpresa! Estábamos concentrados cerca de un lago en el que iban a tomar el sol en 'top less'. Al pasar por delante, me tapaba los ojos... Te lo juro. Yo, un niño creyente, me los tapaba porque Dios me iba a castigar... Fue mi primera escuela de la vida", continuaba Pelé en aquella mañana de promoción comercial, rodeado de ejecutivos a los que no había visto jamás. Esa ha sido su vida desde entonces, incluso también en su país, en Brasil, donde es paseado por la FIFA, de estadio en estadio.

En su autobiografía, Pelé reconoce que en Suecia tuvo un romance con una joven llamada Ilena. Algunos medios de comunicación locales dieron cuenta del nacimiento de varios niños mulatos un año después del primer Mundial que ganó Brasil. Pero para el adolescente Pelé era más difícil adaptarse al out que a los partidos, en los que se sintió siempre arropado por los veteranos. "La responsabilidad dentro del campo era la más sencilla. Jugaba como un niño en un sueño, liberado. Era a los veteranos, Didí o Nilton Santos, a quienes correspondía el peso, la presión", añadía.

La irrupción en Suecia

Pelé generaba dudas en el entorno del cuerpo técnico, pero Didí, Santos y Gilmar convencieron al técnico Feola y el joven futbolista del Santos logró un tanto capital ante País de Gales, en la fase de grupos. A continuación, un 'hat trick' contra la Francia de Just Fontaine y dos tantos más en la final contra los anfitriones, el primero de antología: paró con el pecho, dejó botar el balón para esperar la entrada de Gustavsson, al que hizo un sombrero, y marcó de volea. Didí, el hombre de la 'folha seca', fue designado mejor jugador del Mundial, pero el planeta acababa de hacer dos descubrimientos: Pelé y Garrincha. «Éramos inocentes, demasiado jóvenes», decía Pelé, entristecido por el malogrado compañero, víctima de una vida que, quizá, interpretó de la misma forma que su posición: extremo.

«El primer Mundial -proseguía en aquella conversación ahora recuperada- fue muy importante, porque a la gente en Brasil le faltaba confianza, después de los fracasos del 50 y el 54. Pero, sin duda, lo mejor de mi vida llegó en el 70, en México. Brasil estuvo invicta todos los partidos de la fase de clasificación y yo disputé todos los encuentros», al contrario de lo que había ocurrido en el 62, en Chile, con un título que no sintió de la misma forma por su lesión. «En el 70, sabía que me despedía del fútbol".

Pelé continúa santigüandose, incluso más que antes, dice. "Lo único en lo que he acabado por encontrar explicaciones es en Dios. ¡Pero nunca le pedí ganar un partido!", se reía. Ha visto mucho top less desde 1958, aunque no en las playas de su país. En Río de Janeiro, un paraíso del culto al cuerpo, puede observarse el tanga más minúsculo, pero no una mujer con el pecho descubierto. El pasado año, hubo una protesta de un colectivo feminista en la playa de Copacabana, que pidió el derecho a esta práctica. Las manifestantes, en top less, acabaron lamentablemente señaladas, como atracciones de feria. Aquel día en Madrid, Pelé me pareció lo mismo. Una leyenda no es tal sin su dignidad.

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