Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Cuatro meses de intrigas

La Vanguardia La Vanguardia 01/05/2016 Enric Juliana

© La Vanguardia

El “caso España” es objeto de viva atención internacional. El quinto país más poblado de la Unión Europea se halla abocado a dos elecciones generales en seis meses. Más de medio año de interinidad–como mínimo–, con espeso juego táctico, reuniones públicas y secretas, vetos cruzados y maniobras ciegas. Un empate catastrófico. A continuación, un mosaico de los momentos más importantes de estos últimos cuatro meses, después de haber recabado información a dirigentes de los principales partidos directamente implicados en la gestión de la interinidad.

LA NOCHE DEL 20-D

En la era de la información acelerada una campaña electoral jamás concluye el día de los comicios. El pugna no acaba hasta que no ha sedimentado la comprensión social de los resultados. Por ello, son muy importantes las palabras y los gestos de la noche electoral. La noche del 20 de diciembre del 2015 fue un buen ejemplo de ello. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias salieron a la palestra para adelantar posiciones. Mariano Rajoy se mantuvo a la expectativa. Y Albert Rivera no pudo esconder una cierta frustración: esperaba unos resultados mejores.

Consciente de que pronto iba recibir noticias desagradables desde Sevilla, Sánchez optó por el ataque como mejor defensa. El secretario general socialista sorprendió a todos con un discurso vigoroso en el que se ofrecía como futuro presidente del Gobierno. José Luis Rodríguez Zapatero, que nunca ha escondido su escasa sintonía con el actual líder de su partido, no salía de su asombro: con sólo 90 diputados, Sánchez se postulaba para presidir el Gobierno. Lejos de lamentar el resultado –el peor de la historia del PSOE desde 1977–, Sánchez salía corriendo hacia el centro del tablero. El mensaje era claro: “No me voy a rendir fácilmente”. Las baronías del partido tomaron nota. Al cabo de unas horas, Susana Díaz lanzaba la señal de ataque desde Sevilla, secundada de inmediato por los principales dirigentes territoriales del partido, con las significativas excepciones de Catalunya, País Vasco y Galicia. El secretario general era cuestionado y se le anunciaban severas líneas rojas.

Pablo Iglesias también salió al ataque. Podemos celebró su magnífico resultado –cinco millones de votos y 69 diputados– en la plaza situada frente al Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Lejos de limitarse a festejar el resultado, Iglesias hizo un canto a la pluralidad nacional de España, afirmando que el reconocimiento explícito de la misma sería una de las líneas irrenunciables de su estrategia negociadora. Por primera vez desde 1977, un partido de ámbito español se expresaba en estos términos tras conocer el veredicto de las urnas. Mensaje: “No vamos a ser una fuerza auxiliar del PSOE. No vamos a comportarnos como una fuerza subalterna”.

Como vemos, Sánchez e Iglesias emitieron la noche del 20 de diciembre las claves básicas de lo que iba a suceder durante les cuatro meses siguientes. Sánchez quería consolidarse como secretario general del PSOE. Iglesias no quería convertirse en mayordomo de los socialistas.

© La Vanguardia

EL COMITÉ FEDERAL

Pese a su valiente paso adelante, Sánchez no pudo evitar una auténtica avalancha de críticas y desconsideraciones desde el interior de su partido. Una semana después de las elecciones –momento en el que la sociedad comienza a fijar la fotografía de las mismas–, el PSOE parecía el gran perdedor del 20-D. Sánchez, sin embargo, se mantuvo firme en su posición. Y no quiso efectuar ningún gesto que pudiese ser interpretado en signo contrario. Así las cosas, el día 18 de enero, el secretario general socialista canceló a última hora una cena concertada con Mariano Rajoy. Una cena en secreto, con riesgo de filtración. Habría sido el primer encuentro entre ambos después del bronco debate cara a cara durante la campaña. Rajoy tomó nota del desplante y se negó a dar la mano a Sánchez semanas después, cuando ambos se reunieron oficialmente en dependencias del Congreso.

Acosada por Susana Díaz y por los principales barones del partido, la estrategia de Sánchez podía ser derrotada en la reunión del comité federal del PSOE prevista para el 30 de enero. Todo pendía de un hilo y un pronunciamiento negativo de Felipe González podía colocarle definitivamente a los pies de los caballos. González, sin embargo, no bajó el pulgar. Tampoco lo levantó. En una entrevista de tres páginas en el diario El País, el expresidente del Gobierno, erigido en emperador emérito de la socialdemocracia española, indicaba el camino con un aserto casi oriental: “El PP debería dejar gobernar al PSOE y el PSOE debería dejar gobernar al PP”. Mensaje: “Pruébalo con Ciudadanos; nada con Podemos”. Con ese aviso público, Sánchez logró sortear el comité federal del 30 de enero. Las líneas rojas quedaron trazadas: “Ningún pacto con Podemos, sin renuncia del referéndum catalán; ninguna negociación con los independentistas catalanes”.

Ilustraciones: Oriol Malet © La Vanguardia Ilustraciones: Oriol Malet

LA VICEPRESIDENCIA DE IGLESIAS

El Rey comenzó la primera ronda de consultas el día 18 de enero, el día que Rajoy y Sánchez tenían que haber cenado. La primera sorpresa la dio Podemos. Inmediatamente después de entrevistarse con el jefe del Estado, Iglesias compareció con su plana mayor para efectuar un ofrecimiento al PSOE: gobierno de coalición paritario, vicepresidencia para Iglesias con competencia, entre otras materias, sobre los servicios de inteligencia y RTVE, creación de un ministerio de la Plurinacionalidad (que asumiría el catalán Xavier Domènech), más las carteras de Defensa, Justicia. Educación e Interior. Todo ello en el cabezal de un programa orientado a la rectificación de la política económica. Sánchez se enteró de la propuesta después de entrevistarse con Felipe VI. Los socialistas no daban crédito. Los veteranos del PSOE se subían por las paredes. ¡“Es una provocación!”. Iglesias parecía tener tres ideas fijas: atraer constantemente la atención de los medios, marcar el ritmo y levantar el listón a Sánchez. “Queríamos romper la presión del PSOE, que ya daba por hecho nuestro apoyo sin apenas contrapartidas. Quisimos subrayar de manera bien visible que no nos consideramos una fuerza subalterna”, sostiene ahora Iglesias.

OPERACIÓN CONSEJO DE ESTADO

Rajoy tomó nota de la sorprendente comparecencia de Podemos y quiso interpretarla como señal de que el acuerdo PSOE-Podemos era posible y quizá estaba más avanzado de los que parecía. En aquel momento acabó de tomar una decisión que venía madurando desde hacia unos días: renunciar a la investidura si el Rey se la proponía. No quería ser el primero en intentarlo. No quería quemarse, para después dejar el campo despejado a Sánchez. El PP estaba inquieto y unos días antes había filtrado, intencionadamente, un mensaje extraño: “Tememos que el Rey no quiera dar el encargo a Rajoy porque nadie tiene los números claros”. Moncloa y Génova comenzaban a dibujar un escenario: la imposibilidad del encargo, el estancamiento de la situación , la anomalía constitucional –sin encargo no se podía poner en marcha el plazo de 60 días– y la necesidad de buscar una salida jurídica a tan insólita situación. Moncloa comenzó a trabajar en el siguiente plan: solicitar un informe al Consejo de Estado que pudiese autorizar al Rey a disolver las Cortes previa votación del Senado (con mayoría absoluta del PP). Con esta idea en el cajón, Rajoy declinó el encargo y colocó a Felipe VI ante una de las situaciones más difíciles de su reinado. El riesgo de adentrarse en un pantano. La neutralidad política del Jefe del Estado podía verse cuestionada. Sánchez levantó la mano y dijo: “Estoy disponible”. El día 3 de febrero recibía el encargo. El reloj constitucional se ponía en marcha. El Rey evitaba ceder la iniciativa a la Brigada Aranzadi. El enfado del PP fue mayúsculo. Y de alguna manera aún perdura.

© La Vanguardia

EL PACTO DE ‘EL ABRAZO’

Con el mensaje de González y las lineas rojas del comité federal en el zurrón, Sánchez se puso manos a la obra, con la siguiente orientación táctica: pactar con Ciudadanos, tantear al pragmático PNV, trabajarse el apoyo de Izquierda Unida y de Compromís –ambos grupos con deseos de subrayar su propio perfil ante Podemos– y una vez cerrado el cerco, exigir el apoyo de Podemos. El secretario general socialista organizó un potente equipo negociador: Antonio Hernando, Meritxell Batet, José Enrique Serrano, J o, Rodolfo Aresy María Luisa Carcedo. La negociación con Ciudadanos se encarriló bien desde el principio. “Pronto nos dimos cuenta que podíamos fiarnos de Sánchez”, cuentan los negociadores de Albert Rivera. En el tramo final, Ciudadanos puso una condición en mayúsculas: el acuerdo debía ser firmado por todo lo alto. Máxima intensidad escenográfica. Los socialistas aceptaron. Sánchez necesitaba someter un acuerdo a la votación de la militancia, para reafirmarse ante el comité federal, y creía tener bien engarzadas las conversaciones con PNV, Compromís e Izquierda Unida, a cuyo principal dirigente, Alberto Garzón, no cesaba de mimar. Si lograba abrochar aquel collar de perlas, podía tener asegurados 143 diputados. Joan Carles Girauta, de Ciudadanos, propuso que el acuerdo fuese presentado ante la prensa ante el célebre cuadro El abrazo de Juan Genovés, antiguo militante del Partido Comunista de España. Un obra de 1976 que reivindicaba la amnistía de los presos políticos, convertida después en icono de la transición. Durante años guardado en los sótanos del Reina Sofía, El abrazo se exhibe ahora en el Congreso. Girauta acertó. El impacto de la escena fue enorme. Podemos reaccionó suspendiendo inmediatamente sus contactos con el PSOE y logró arrastrar consigo a Compromís e Izquierda Unida. El PNV se ponía de perfil. Sánchez lograba el apoyo de la militancia socialista, pero el cerco a Podemos se rompía.

LA FALLIDA INVESTIDURA

Tras la ruptura del flanco izquierdo, el debate de investidura comenzaba el día 1 de marzo, con escasas posibilidades de éxito. Iglesias lo puso más difícil con una doble alusión a la “cal viva” en tiempos de Felipe González (referencia al GAL). La primera mención figuraba escrita en su discurso, la segunda fue improvisada en una réplica. “La segunda mención fue un error”, reconoce ahora Iglesias. La televisión captó la cara de asombro de Íñigo Errejón. Asombro y disgusto. La procesión en Podemos ya iba por dentro. Pedro Sánchez perdió la investidura. 131 votos a favor y 219 en contra.

LA CRISIS DE PODEMOS

El día 14 de marzo, diez días después de la fallida investidura, estalla la crisis en Podemos. A raíz de un conflicto en la organización territorial de Madrid, Iglesias toma la decisión de destituir al secretario de organización del partido, Sergio Pascual , dirigente afín a Íñigo Errejón. La presión sobre Podemos va en aumento e Iglesias decide cortar por lo sano cuando ve documentos internos del partido filtrados en la prensa. En vez de enrocarse con su círculo de confianza, propone como nuevo responsable de organización a Pablo Echenique, competidor de la línea oficial en el congreso fundacional del partido. El nombramiento es aprobado por unanimidad, pero Errejón no oculta su enfado. En Podemos se abre una brecha y el PSOE cree poder aprovecharla.

REUNIONES DISCRETAS

Sánchez intenta mantener una reunión a solas con Errejón, para explorar su disposición al pacto. El número dos de Podemos, que ha establecido una relación cordial con Antonio Hernando, del equipo negociador socialista, decide no dar el paso e informa de ello a Iglesias. En Podemos hay fisura, pero no ruptura. Los socialistas ya habían mantenido tres reuniones discretas con sus competidores de izquierda, a las que había acudido Errejón, flanqueado por Irene Montero y Nacho Álvarez, responsable de Economía. Por parte socialista habían participado Hernando, el jefe de gabinete de Sánchez, J u, Rodolfo Ares y Jordi Sevilla. Reuniones en las que se constató la dificultad del acuerdo. Sánchez también tanteó a los soberanistas catalanes. Contactos discretos con Francesc Homs en Madrid. Reunión oficial con Carles Puigdemont en el Palau de la Generalitat. Y reunión secreta con Oriol Junqueras, después de ver a Puigdemont y sin informar a este. (Tampoco le informó Junqueras). Sánchez sondeó la abstención de los dos partidos soberanistas catalanes si lograba cerrar un acuerdo con Podemos. No le dijeron que no, pero tampoco que sí. Con distintas tonalidades e intensidades, CDC y ERC planteaban la cuestión del referéndum. CDC aceptaba discutir sobre la modalidad jurídica del mismo, sobre la pregunta y sobre la tramitación política del resultado. ERC no se veía votando junto al PP contra un acuerdo de las izquierdas. Sánchez también consultó a otras instancias, formalmente ajenas a la política, y supo que el pacto con Podemos era línea roja. El mensaje de Felipe González (la entrevista de tres páginas en El País) seguía vigente.

LA REUNIÓN DE LOS 18

Bajo estas coordenadas tiene lugar, el día 7 de abril, la primera y única reunión negociadora entre PSOE, Ciudadanos y Podemos. Dieciocho personas alrededor de una mesa. Un formato difícil. La delegación de Podemos aparece encabezada por Iglesias y una propuesta de 20 puntos. No hay versiones del todo coincidentes sobre el desarrollo de la reunión, pero de los fragmentos recogidos se deduce que Ciudadanos y Podemos se vetaron mutuamente. “Preguntamos a Podemos si su propuesta implicaba un gobierno de coalición sin Ciudadanos. Iglesias y Errejón se miraron, hubo un instante de silencio y Carolina Bescansa respondió: ‘Sí’. En aquel momento, los socialistas, fieles a lo pactado, dijeron que en esos términos no había posibilidad de acuerdo”. Esa es la versión de Ciudadanos. Versión de Podemos: “Desde el primer momento, la delegación de Ciudadanos dejó claro que no preveía un pacto con Podemos. Lo preguntamos de manera explícita y su respuesta fue negativa, ante la visible incomodidad de alguno de los negociadores socialistas, como Rodolfo Ares.” Podemos sale de la reunión dispuesto a un nuevo golpe de efecto. Errejón llama al socialista Hernando y le informa que suspenden la conferencia de prensa. Se pronunciarán al día siguiente después de haber reunido a su comisión ejecutiva, con invitados de en Comú Podem y las Mareas gallegas. La ejecutiva decide dar por concluida la negociación y someter a consulta de los afiliados la propuesta de pacto de izquierdas, sin Ciudadanos. Participan 150.000 personas y el 82% apoya a la dirección. La partida puede darse por terminada e Iglesias comienza a trabajar en pos de una alianza electoral con Izquierda Unida, que no acaba de gustar a Errejón.

© La Vanguardia

LA MANIOBRA VALENCIANA

Cuando todo parece perdido, los valencianos de Compromís sorprenden, el lunes 25 de abril, con una propuesta de última hora para un pacto de izquierdas, sobre una base programática en la que no aparece el referéndum de Catalunya. La paternidad de la iniciativa se la reparten los diputados Joan Baldoví e Ignasi Candela. Mónica Oltra, vicepresidenta del gobierno valenciano y principal figura de Compromís, es informada la noche anterior y da su acuerdo. Podemos no sabe nada. Y mucho menos, En Comú Podem. (Dato relevante, puesto que en el documento no figura el referéndum catalán). Tercera ronda de consultas. Baldoví comunica su propuesta al Rey. El PSOE reacciona rápidamente y dice aceptarla, con dos condiciones tajantes: no romper con Ciudadanos, gobierno socialista con independientes, sin carteras para Podemos, Compromís e IU. Después de hablar con Iglesias, Mónica Oltra desestima la contraoferta socialista y da por cerrada, rápidamente, la tentativa. Aquella mañana, Oltra se había entrevistado en Valencia con Errejón. Los dos sectores de Podemos sostienen que el número dos del partido no sabía nada de la maniobra valenciana. El definitivo final de partida.

Pasado mañana, martes 3 de mayo, el Rey disolverá las Cortes y firmará la convocatoria de elecciones para el 26 de junio.

MÁS EN MSN

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la sesión plenaria en la que se celebra la segunda votación de la investidura. El nuevo ‘no’ a la coalición PSOE-C’s, en imágenes

Volver a reproducir vídeo

Los partidos políticos no se ponen de acuerdo sobre los gastos de la nueva campaña

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de La Vanguardia

image beaconimage beaconimage beacon