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Cuentos para niños inadaptados

EL PAÍS EL PAÍS 14/06/2014 Clara Morales Fernández
Ilustración de Sylvia Vivanco Extramiana para el cuento '¡Adiós, Martínez!', de Almudena Grandes. © Proporcionado por ElPais Ilustración de Sylvia Vivanco Extramiana para el cuento '¡Adiós, Martínez!', de Almudena Grandes.

“Este es un cuento dedicado a todos los niños que no han hecho nunca de angelito en la función del colegio”. La frase, pronunciada por la novelista Almudena Grandes (Madrid, 1960) ante una veintena de suscriptores de EL PAÍS y sus retoños, llega más a los padres que a los niños. Parecen sentirse reconocidos en esa reivindicación de la diferencia que es ¡Adiós, Martínez!, el cuento infantil escrito por la autora para la colección Mi primer..., distribuida con este diario por 6,95 euros hasta el próximo 6 de julio. “Yo siempre hacía de árbol, y eso matiza tu opinión sobre el mundo”. Los adultos asienten. No hay angelitos en la sala.

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La historia de Casilda y Martín es el primer acercamiento de Grandes a la literatura infantil. Aunque experimentada en contar historias a sus tres hijos —incluído un “cuento chino, porque todo pasa en China” que ha sido un éxito en su casa—, nunca había abandonado la oralidad. Hasta que Arturo Pérez-Reverte se empeñó en que fuera uno de los autores de la colección que coordina para Alfaguara. La madrileña pasó así a formar parte de una banda integrada por Mario Vargas Llosa, Javier Marías, Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Luis Mateo Díez, Enrique Vila-Matas y el propio Reverte. El suyo, editado en 2013, es el quinto título del compendio y el primero en pasar el test del cuentacuentos.

Almudena Grandes lee con parsimonia, mostrando las ilustraciones de Sylvia Vivanco Extramiana . “¿Veis lo bien que se lo pasan?”, pregunta la autora, y le responde un coro de balbuceos y síes infantiles. Otras explicaciones van para los padres, que siguen la lectura incluso con más atención que los pequeños: “Yo no quería hacer un cuento de niños felices, sonrosados. Acabé haciendo algo parecido a mis libros para adultos, sobre personajes inadaptados: una gorda y un desastre social que se tiene que inventar un amigo invisible”. Pero la suya no es una historia triste, porque la vida enseña que “todo mejora”.

Es una historia similar a las de mis libros para adultos, de personajes inadaptados

Grandes asegura estar muy orgullosa del resultado, y no descarta volver al mundo de la literatura infantil aunque su voz camine ahora por otros derroteros. Una lectora en miniatura se le acerca, exigente: “¡Lee otro!”. “No tengo más, voy a tener que escribir uno solo para poder leértelo”. Y a la pequeña no parece disgustarle la idea.

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