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Día Internacional en Defensa de las Semillas

dw.com dw.com 17/04/2014 Pablo Kummetz
© 2014 DW.DE, Deutsche Welle

El 17 de abril fue proclamado Día Internacional en Defensa de las Semillas Campesinas por La Vía Campesina, una coalición internacional de 148 organizaciones que defienden una agricultura familiar y sostenible.

La Vía Campesina es un movimiento internacional que coordina las actividades de organizaciones de campesinos, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, comunidades indígenas, trabajadores agrícolas emigrantes, jóvenes y jornaleros sin tierra de unos 70 países. Su portavoz es José Bové. Esta coalición lanzó el concepto de soberanía alimentaria como el derecho de los pueblos a definir sus políticas agropecuarias y de producir alimentos a nivel local.

Una marcha de campesinos desde Grecia a Francia, intercambio gratuito de semillas en diversas plazas europeas, una cita de jardineros en Berlín… Múltiples son los eventos en torno al 17 de abril, fecha en la cual en 1996 murieron campesinos sin tierra en Brasil a manos policiales al servicio del agronegocio.

Con todo esto, sus organizadores quieren llamar a la acción y a la concientización de la situación de la producción agrícola en estos momentos.

“En muchos países del hemisferio sur, también en el continente americano, se están modificando las leyes de semillas para adecuarlas a las necesidades de la industria semillera y asemejarlas a los esquemas legislativos europeos y norteamericanos”, afirma por ejemplo la Red Semillas Libre de Chile.

¿Adecuándose a Europa y Estados Unidos?

Las nuevas normas sobre el comercio de semillas y sobre los derechos de propiedad intelectual son vistas por diversas redes de agricultores, tanto europeos como americanos, como un camino amenazante.

En la privatización y estandarización de las simientes a favor de una agricultura industrial, las redes de (pequeños) productores ven desaparecer la base de su subsistencia, la pérdida de sus cultivos tradicionales y de biodiversidad. En la imposición de utilización de semillas registradas o patentadas temen el incremento de la dependencia, la introducción silenciosa de los cultivos genéticamente manipulados.

Al fin del camino, en su opinión, está todo lo contrario de la seguridad alimentaria por la que se aboga oficialmente.

Situación en Europa

Por lo que respecta a Europa, en marzo en 2014, el Parlamento Europeo rechazó una propuesta de la Comisión Europea para el registro obligatorio de todas las simientes a nivel de todos los países de la UE. Si bien oficialmente lo que se pretende es mejorar la comercialización de las simientes, agricultores y jardineros europeos ven en ello el fin de su libertad de gestión.

Por lo pronto, en cada país europeo la situación es diferente: “en Austria se usa la directiva europea voluntariamente; en Francia –gran exportador de semillas- no es posible comercializar simientes no industriales y se criminaliza a organizaciones campesinas que defienden simientes tradicionales. En Letonia se ha encarcelado a gente por comercializar semillas no industriales”, explica Nicholas Bell del Foro Cívico Europeo.

Esta organización no gubernamental ha apoyado las luchas de los campesinos colombianos para no perder el control sobre sus simientes. Según Bell, “aunque la lucha no ha terminado en Europa, la discusión se debe más a lo que se quiere imponer al resto del mundo, en forma de socios comerciales en todos los continentes, que a lo que van a lograr imponer aquí mismo”.

Respuesta parlamentaria bicontinental

En cualquier caso, la preocupación es latente. Y ha sido recogida por parlamentarios de la Unión Europea y América Latina, reunidos en la Asamblea Eurolat.

“La privatización de las semillas, a través de mecanismos de certificación, es una amenaza de desaparición de las semillas tradicionales, criminaliza a los campesinos impidiéndoles reproducir prácticas milenarias y además atenta contra la soberanía y la seguridad alimentaria”, dice la resolución conjunta.

En ella se pide tanto a la UE como a los gobiernos de América Latina a “concentrar esfuerzos en la búsqueda de soluciones de desarrollo rural, adaptadas a las necesidades locales con el objetivo de alcanzar la seguridad alimentaria de cada país”.

Y aunque el documento no pasa de ser una recomendación, el solo hecho de que se haya formulado lo ven organizaciones de la sociedad civil (Aprodev, Alop, Grupo Sur, CIFCA, Oidhaco) como un logro en sus esfuerzos por llevar las preocupaciones campesinas latinoamericanas a Bruselas.

Como fuere, y por lo pronto, redes de agricultores llaman esta semana a la acción en forma de jornadas de información acerca de huertos urbanos y custodia de variedades locales en Madrid, a conferencias sobre bioculturas en Chile, a la plantación de variedades tradicionales de papas en terrenos baldíos en Bélgica.

Autor: Pablo Kummetz

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