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Damián Díaz: "Me machacaron para que fuera una señorita, pero sentía que era un chico"

La Vanguardia La Vanguardia 20/05/2014 Judith Martínez

En términos publicitarios se diría que el término trans* es el paraguas que engloba a todas aquellas personas que no se identifican con el género asignado al nacer. Pero hay matices. Damián se considera un FTM (female to male), es decir una mujer que transitó a hombre. Sin embargo, la aceptación de la nueva condición de este psicólogo nacido en Venezuela y de nacionalidad norteamericana aún no le ha permitido disponer de identidad legal, algo que espera conseguir próximamente.

-¿Es difícil separar la orientación sexual de la de género?

Para las personas trans* la diferencia  está bastante clara, pero para la gente en general aún es bastante confuso. La orientación sexual es aquello que me atrae, independientemente de cual sea mi identidad de género. En este sentido, hay personas trans heterosexuales, homosexuales, bisexuales, pansexuales, etc.

-¿Pansexuales?

Se trata de una orientación sexual basada en la atracción estética, romántica o sexual, independientemente del sexo o el género de la persona. La atracción tiene que ver con el interior de la misma, al margen de su  sexualidad.

-¿Cuál es su caso?

Yo prefiero no hablar de mi orientación sexual, ya que puede crear confusión,  prefiero hablar sólo de mi identidad de género.

-¿Cómo fue su infancia?

Bastante confusa.  Me sentía perdido, y a la vez incapaz de comentárselo a alguien. Jugaba con mis primos, que me trataban como a uno más. Para mis amigos era su pana (colega). Pero hacia los siete años me empezaron a obligar a comportarme como una chica. Si no lo hacía, me regañaban, reprochaban mi comportamiento. Y en la escuela tuve mucho bullying.

-¿Se sentía rechazado?

Sí, no había un espacio en el que me sintiera aceptado, tal como soy. Me sentía rechazado por mi familia y por la sociedad. En el primer caso, especialmente por el segundo marido de mi madre. Aceptaba que fuese lesbiana, siempre y cuando fuese femenina. Me hacía sentir muy mal. Pero cuando él no estaba en casa, me ponía su ropa.

-¡Una buena venganza!

Cuando me comportaba de manera femenina, me premiaban, “qué guapa estás con este vestido”, “el pelo largo te sienta divino”… Pero yo sentía que llevaba un disfraz. Para que me piropeaban, debía actuar. Me esforzaba en estudiar el género femenino para sobrevivir en mi entorno. Modificaba mi conducta natural por aceptación, de esa manera no me insultaban.

-Debió pasar un infierno…

Cambié un infierno por otro: la aceptación del entorno a cambio de la no aceptación por mí mismo. Y para sobrevivir guardé mis sentimientos en un cajón. Sentía que para que me quisieran, tenía que hacer lo que me decían.   Los mensajes eran muy claros, “nadie te va a querer si eres así…” Me machacaron mucho con la idea de ser y comportarse como una señorita.

-¿Cómo fue la adolescencia?

Al ver que no me desarrollaba como una niña normal me llevaron a endocrinos. Tanto los médicos como mis padres decidieron que lo mejor que podían hacer era buscar normalizar mi desarrollo. Para ello me dieron hormonas femeninas. Y entonces mi pecho creció… Y yo  no me sentía bien. No me exploraba. No observaba mi desnudez delante del espejo. Hasta los 19 años no tuve mi primera experiencia sexual, y no fue positiva.    

-¿Cómo lo superó?

Tuve depresión. A menudo tenía ganas de morirme. Pero la danza fue mi salvación. Gracias a ella, pude explorar roles más masculinos. Me cobijé en ella porque me permitía experimentar, así como expresarme con total libertad. Bailando sentía que de alguna manera mi cuerpo sí era mío, y podía hacer con él lo que yo quería.

-¿Y cómo llevaba las relaciones?

Empecé a sentir la necesidad de relacionarme. Quería empezar a explorar, pero no sabía cómo. Todas las personas de mi entorno ya estaban disfrutando de sus cuerpos y yo no.

-No encontraba personas como usted…

Así fue. Y me declaré bisexual. Esa condición daba mayor flexibilidad a mi soledad, a mi silencio. Hasta el día que conocí a un transexual masculino y me dije. “Esto es lo que soy”. Saber que existía esa posibilidad me abrió la vida.

-¿A qué edad sucedió?

Tenía 26 años. ¡Toda una vida sin referentes! Hasta entonces me sentí como un bicho raro. Durante un tiempo, viví en una identidad lésbica, primero femenina y luego masculina, en la que tampoco me identificaba.

-¿Cómo está siendo el tránsito?

En primer lugar, fui a Buenos Aires,  pues sabía que estando en Miami bajo la mirada de familia y amigos no podría hacerlo. Durante unos meses estuve yendo a un psicólogo, que me ayudó a reafirmar mi decisión. Viví esa etapa al 100% como Damián por primera vez. Y entonces  decidí venir a vivir a Europa.

-¿Por qué no se quedó en EEUU?

Porque ahí es más complicado y costoso. Una vez en España, y tras una espera de dos años, logré que me derivaran al endocrino de la seguridad social. Y empecé a tomar hormonas masculinas.

-Momento crucial.

Empecé a sentirme mejor inmediatamente, sabiendo que estaba en camino de convertirme en el hombre que soy, que mi apariencia empezaría a parecerse a como yo me veo y me siento. Noté más energía, un bienestar corporal que nunca había sentido. Me creció pelo en la cara, en el cuerpo, me cambió la voz un poco, así como la distribución de la grasa y la musculatura.

-¿Qué opinan sus padres?

Mi madre me apoya. Mi padre aún no lo sabe. Cuando llegue el momento se lo contaré.

-¿Qué papel tiene el psiquiatra en estos casos?

Aunque el transexualismo no es una patología en sí misma, sí que es cierto que puede implicar otros desórdenes, como la depresión. Aunque su papel a veces es importante, no lo fue en mi caso. 

-¿Cómo superó la depresión?

Lo que más me ayudó fueron los grupos de apoyo. Conocer a muchas otras personas como yo me ayudó a superar la depresión y la disforia (el no sentirse a gusto con el cuerpo)

-¿Piensa que la ignorancia crea rechazo?

Me gustaría que las madres y padres de personas como yo leyesen esta entrevista y pensasen “esto es lo que le pasa a mi hijo o hija”. Por otro lado, los profesionales de la salud y la educación deberían leer e informarse para que puedan ayudar a personas que (como me pasó a mi) están perdidas, sin referentes.

-Luchar para crear referentes.

Damián Díaz: 'Me machacaron para que fuera una señorita, pero sentía que era un chico' © LaVanguardia.com Damián Díaz: 'Me machacaron para que fuera una señorita, pero sentía que era un chico'

Para que no haya niños que sufran la angustia que sufrí yo, la inseguridad que provoca sentirse diferente. Sí, me gustaría que hubiese más información sobre este tema, pues hay mucha confusión.  

-¿Qué hubiese cambiado en su caso?

Aparte de evitar el rechazo familiar, probablemente el endocrino no me hubiese dado las hormonas (estrógenos) y ahora no tendría que someterme a una ginecomastia.

-El proceso de transformación es duro…

Pienso que si hubiese tenido la oportunidad de transitar antes de la pubertad,  mi familia me hubiese aceptado y mi vida hubiese sido mucho menos dura.

-¿Cuándo se operará?

Pronto. Cuando termine de ahorrar el dinero. En este sentido, recalcar la importancia de un buen equipo médico, profesional y respetuoso con personas de nuestra condición. Hay poca especialización y cuesta encontrarlos.

-¿No ha optado por la vía pública?

Hay una lista de espera interminable. Y esperar, sin saber cuánto tiempo, sintiéndote así, es muy desesperante.

-¿Reasignación de género?

Erróneo. Se trata de una reafirmación de género.

-¿Y una vez operado, qué espera?

La operación me dará libertad para hacer actividades que he dejado de hacer, como la danza, la natación e ir al gimnasio. Por primera vez podré hacerlo con comodidad. También espero que me vean como a un hombre y no como un caso psiquiátrico. Que me quieran como tal. Y que no me vean como la mujer que aparentaba ser.

-¿Alguna reivindicación más?

Sobre todo que no intenten “normalizar” a las  personas que se sienten diferentes, sin saber antes cuáles son sus sentimientos y deseos. Y más oportunidades para las personas trans. Vivimos en una sociedad en la que la transfobia aún está presente, y muchas personas no consiguen ser tratadas con respeto en el sistema educativo, en el trabajo, y en el entorno social.

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