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David Cronenberg

Notodo Notodo 24/02/2016 José Angel Sanz
Imagen principal del artículo "David Cronenberg" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "David Cronenberg"

La primera novela de David Cronenberg. Solo esas seis palabras bastarán para disparar filias y fobias y encender a fans y detractores. En pocas trayectorias cinematográficas se puede rastrear el sello personal de un director de cine como en el caso del cineasta canadiense. Una carrera de más de cuatro décadas en la que caben títulos como Videodrome (1983), La mosca (1986), Crash (1996), eXistenZ (1999) o la más reciente Maps to the Stars (2014) deja claras las coordenadas sobre las que se mueve su arte; la exploración de la enfermedad y la neurosis, las modificaciones corporales y las mutaciones o las nuevas tecnologías. Angustia y vísceras. Locura. Mucha sangre.

Una pareja de fotoperiodistas se relacionan a distancia (ella en París y él en Budapest) gracias a las nuevas tecnologías. Ella trabaja en la reconstrucción de la truculenta historia de una relación entre dos filósofos que acaba con la muerte de la mujer, obsesionada con que su pecho está repleto de insectos, y el posterior acto de canibalismo de su marido. Él se dedica a contemplar la operación, fuera de la ley, de un cirujano demente dispuesto a llevar a cabo una tumorectomía múltiple de yodo radiactivo en el cuerpo de una paciente no menos excéntrica.

La patología, la deformidad, los personajes estrambóticos y al borde de la locura. Cronenberg en altas dosis de concentración. El Cronenberg de Scanners (1981), no el de Una historia de violencia (2005), para entendernos. Ese que es capaz de revolvernos el estómago al mismo tiempo que nos obliga a estrujarnos las neuronas. Con los ojos mediocerrados para no vomitar y la imperiosa necesidad de saber en que acaba todo.

¿Hay un Cronenberg escritor en sus películas? La respuesta era hasta ahora que sí, a tenor de la importancia de los guiones en cada una de las muescas de su filmografía. Después de Consumidos es aún más palpable que la trayectoria del cineasta podía haber tomado derroteros literarios. Su morboso universo se mantiene en permanente expansión, capaz de entremezclar filosofía, apocalipsis neuronal y acción con suma gracia. O con pringosa sanguinolencia. En su caso, es equivalente.

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