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De Biasi, el centurión sonriente del Alavés

Logotipo de El Mundo El Mundo 03/10/2017 JOSEAN IZARRA

Gianni De Biasi (Sarmede, 1956) guiña el ojo en sus ruedas de prensa a los periodistas cuando la pregunta supone desvelar su estrategia. A cambio contesta sonriente sin dar ni una pista y busca otra mirada para dar paso al siguiente. Quince años de futbolista profesional en todas las ligas del Calcio más otros 11 años en los banquillos más difíciles del fútbol profesional transalpino han esculpido a un entrenador rocoso. Un centurión curtido en batallas imposibles. Misiones casi suicidas, como la que le encargó Urbano Cairo para salvar al Torino a falta de tres meses de competición, revivir a un Módena moribundo o al Udinese cuando agonizaba en los últimos puestos de la tabla. De Biasi, encaramado sobre uno de los marcadores de la ciudad deportiva del Alavés, lo vio claro. Sólo con orden podía salvar a un equipo malato.

Un conjunto enfermo -el técnico italiano salpica con palabras en su idioma un español perfecto- que se despidió el pasado 27 de mayo con la convicción de haber encontrado un asiento propio entre los grandes. Subcampeón de la Copa, equipo revelación y el laboratorio ideal para el crecimiento de valores de futuro, como Theo Hernández y Marcos Llorente (ambos, ahora, en el banquillo de Zidane). Un proyecto deportivo sólido capitaneado por Josean Querejeta.

Pero seis derrotas con un sólo gol a favor hundieron al Alavés de Luis Zubeldia (Santa Rosa, 1981) en el pozo de la Liga. De Biasi, mientras tanto, esperaba su turno después de haber adelantado su despedida de la selección albanesa, donde fue elevado a héroe tras llevarla a una Eurocopa por primera vez en su historia. Pero en junio se despidió de Tirana con el objetivo de volver a la pelea en un banquillo de Italia.

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«Me gusta tener dudas, quien trabaja con hombres las tiene», reconocía antes de su primer partido con el Alavés, finiquitado con triunfo en el feudo del Levante (0-2). Confesión sincera o ardid de veterano, De Biasi ocultó sus bazas hasta el último momento en el regreso al Ciudad de Valencia, a dónde llegó en octubre de 2007 para relevar a Abel Resino pero donde sólo permaneció siete meses cuando el club se deshacía y Urbano Cairo le reclamó para salvar al Toro.

«El Levante tiene ahora lo que fue el Alavés en la temporada pasada», advirtió en los prolegómenos de su retorno a los banquillos españoles y bromeó, con otro guiño cómplice, sobre la oportunidad de regresar con un «regalo» con el que compensar su ingrata experiencia anterior en Valencia. No hizo falta. En cinco sesiones dejó claro ante la plantilla que cada uno de ellos debía trabajar por su compañero. «No todos lo han entendido todavía, pero lo harán con el tiempo», advirtió antes del partido del sábado. Dos fijos de Zubeldia (Sobrino y Burgui) vieron el partido por la tele desde Vitoria. De Biasi, que por error se tomó, la víspera al partido, una de las bebidas isotónicas con fecha caducada que se publicitan en sus comparecencias, marcó su impronta. Dos goles y tres puntos que devuelven a la competición al equipo vitoriano.

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