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De héroe a villano: cómo WikiLeaks está cavando su propia tumba

El Confidencial El Confidencial 25/08/2016 Rocío P. Benavente

La primera vez que la mayoría de los ciudadanos oímos hablar de WikiLeaks fue pocos días después del 28 de noviembre de 2010. Aunque la organización fundada por Julian Assange llevaba en marcha ya tres años, ese fue el día en que saltó a la actualidad con la filtación a varios diarios internacionales (en España a El País) de cientos de miles de documentos que recogían las comunicaciones del Departamento de Estado estadounidense con sus embajadas de todo el mundo. Lo que recogían esos 'cables' eran detalles diplomáticos y militares hasta el momento secretos de cómo se relaciona EEUU con el resto del mundo. 

Registros médicos publicados por WikiLeaks (AP) © Proporcionado por El Confidencial Registros médicos publicados por WikiLeaks (AP)

Desde entonces, WikiLeaks ha ocupado titulares de forma periódica, ya sea por nuevas filtraciones de documentos opacos, por los problemas legales de su fundador o por sus críticas y rifirrafes con distintas personalidades. Esta semana, volvía a tener sobre sí todos los focos tras descubrir la agencia AP que la organización había publicado información personal y privada de decenas de personas en Arabia Saudí, entre otras sobre menores enfermos, víctimas de abusos y pacientes con enfermedades mentales.

En un caso revelado por AP, se publicaron los nombres de dos adolescentes víctimas de violación. En otra, el nombre de un ciudadano saudí acusado de ser gay. Nombres, direcciones, detalles personales, números de teléfono de decenas de personas anónimas cuya vida se ha visto afectada, si no puesta en peligro, por las informaciones publicadas. Lo mismo ocurrió hace un mes cuando publicó miles de emails del gobierno turco que permitía identificar a muchos ciudadanos de a pie con sus nombres, direcciones y números de teléfono. 

La agencia de inteligencia del pueblo

Esto ha causado que WikiLeaks, en otro momento considerada defensora radical de los derechos civiles a través de la transparencia absoluta, haya sido criticada por poner en riesgo uno de esos derechos, el de la privacidad de ciudadanos de a pie cuya información personal no tiene interés público. ¿Cómo ha pasado WikiLeaks de ser el defensor de la transparencia a estar en el foco de la polémica?

"Lo primero que hay que dejar claro es que WikiLeaks no son un medio de comunicación. No son periodistas, son activistas", explica Borja Bergareche, periodista y autor de 'WikiLeaks Confidencial'. Cuenta que nacieron con el objetivo de convertirse en la agencia de inteligencia del pueblo y querían conseguirlo a través de la transparencia total con todas las consecuencias. Pretendían cambiar el mundo publicando lo que los poderosos no querían ver publicado. "Cuando en sacaron a la luz el vídeo de un helicóptero estadounidense disparando a periodistas en Bagdad en 2007, Assange y sus compañeros esperaban que fuese suficiente para detener la guerra. No fue así".

Un matrimonio de conveniencia con la prensa

Necesitaban mayor alcance, y así se forjó un agitado pero fructífero matrimonio de conveniencia entre WikiLeaks y los medios de comunicación, en este caso con The Guardian, The New York Times, Le Monde, El País y Der Spiegel, con los que trabajaron en la filtración de los documentos del Departamento de Estado. El primero traía un material informativo de muchísimo interés al que los periodistas no habrían podido acceder de otra forma, y los segundos aportaban su experiencia en el tratamiento de la información y su impacto en millones de lectores de todo el mundo. 

"Assange aceptó el trato a regañadientes porque la lentitud de los procesos periodísticos le impacientaba. No quería esperar a revisar y decidir qué información se publicaba y cuál no. WikiLeaks siempre ha creído en publicarlo todo, a granel, y que las consecuencias vengan después", explica Bergareche. La colaboración con los periódicos se rompió y WikiLeaks, que ya se había hecho un nombre a nivel internacional, volvió a publicar los documentos que conseguía por su cuenta. 

El papel de los periodistas: filtro o censura

Pero la vía abierta ya no podía volver a cerrarse. Los medios que colaboraron con WikiLeaks en aquel momento, y muchos otros que llegaron después, habían entendido la importancia de las filtraciones, las bases de datos y los documentos clasificados como fuente de información. "Los cables de WikiLeaks nos hicieron despertar, ellos fueron los primeros en entender el poder de las filtraciones. Hoy muchos grandes medios tienen un buzón cifrado para que cualquiera les envíe documentos. Eso no existía antes de WikiLeaks", comenta Mar Cabra, miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. 

Sin embargo, ahora son los periodistas y no los activistas los que manejan los documentos, sometiendo su publicación a rigurosos procesos de análisis y filtrado o 'curación'. Cabra explica el procedimiento que siguieron ante los papeles de Panamá, la mayor filtración de documentos hasta la fecha que gestionó la organización a la que ella pertenece (y en cuya investigación participó este periódico). "Recibimos una cantidad ingente de documentos y nos preguntamos si había que publicarlo todo o no. Había documentos personales, pasaportes, direcciones... No todo tiene interés informativo".

En este caso, trabajaron durante un año con los documentos antes de publicar la información, trabajando con cientos de periodistas de medios de todo el mundo. "Para evitar sesgos o censuras arbitrarias o interesadas intentamos que el grupo de periodistas sea lo más grande e inclusivo posible, de forma que si alguno no quiere publicar algo, otro estará encantado de hacerlo". 

Responsabilidad e interpretación

Los periodistas y el consorcio se hacen responsables de la información que se publica, igual que lo hace Fíltrala, otra organización europea que trabaja con documentos de este tipo. Ellos también trabajan mano a mano con periodistas y medios de comunicación (están detrás de los 'papeles de la Castellana' que publicaron Eldiario y La Marea), y asumen la responsabilidad legal de la información que publican. "En cierto modo, es una forma de censura, pero ese es nuestro trabajo: decidir qué es interesante o qué no. Nuestra apuesta es publicar todo lo posible, pero hay que tener en cuenta la línea de la protección de datos y dónde está la justificación para saltársela", explica Stéphane Grueso, portavoz de Filtrala en España. 

Esta política va en contra de lo que defiende WikiLeaks, que criticó duramente el tratamiento de los 'papeles de Panamá' por "establecer un estándar peligroso y cortoplacista en el que todo está censurado por defecto". 

Tanto Cabra como Grueso defienden otra razón para la intenvención de periodistas en estos casos, y es la de ayudar a entender qué significan los documentos, más allá de los datos en bruto que estos puedan contener. "Recibimos millones de documentos y necesitamos semanas solo para entender qué significaban. Si los hubiésemos publicados sin más, las historias en ellos habrían tenido mucha menos repercusión porque habrían sido muy difíciles de entender", concluye Cabra. 

"Son fanáticos de la información"

Bergareche cree que no puede entenderse la evolución de WikiLeaks sin conocer la personalidad de Julian Assange, su fundador, un hombre "carismático y paranoico" que a día de hoy lleva cuatro años recluido en la embajada de Ecuador en Londres para huir de dos órdenes de arresto por agresiones sexuales. Ya en 2010, Assange declaró que "no podemos estar sentados sobre material como este durante tres años con una persona revisándolo todo, línea a línea, para redactarlo".

Su oposición incluso a un mínimo cribado antes de publicar los documentos a los que accede le ha valido críticas incluso de otros defensores de la transparencia gubernamental. Edward Snowden, que hizo públicos millones de documentos clasificados como 'top secret' por la NSA estadounidense, señalaba este mismo verano que "la democratización de la información nunca ha sido más vital, y WikiLeaks ha ayudado, pero su hostilidad a incluso la más modesta 'curación' es un error". 

Algo que, al menos en la ocasión de los documentos saudíes, no parece haberse cumplido. "No se han molestado en borrar información personal delicada, pero siempre han tenido una consideración fanática de la información, y esto entra dentro de ese patrón", asegura Bergareche, que si bien reconoce su legado (les considera los pioneros del periodismo de datos), desconfía de su visión. "Lo hemos podido ver con las filtraciones saudíes y turcas: la transparencia total que defiende WikiLeaks nos llevaría a un mundo distópico, no utópico". 

Julian Assange. (EC) © Externa Julian Assange. (EC)
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