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De Hitler a 'CSI': secretos científicos de crímenes reales (e imaginarios)

El Confidencial El Confidencial 15/06/2016 S. Ferrer

Película de animación de Anastasia © Proporcionado por El Confidencial Película de animación de Anastasia No existe el crimen perfecto. Al menos, no el que pueda escapar a los avances científicos y tecnológicos de las últimas décadas. Ya sea a través de la ficción de 'CSI' o de casos reales como el de Asunta, la ciencia forense nos atrapa con morbosa curiosidad. Atraparnos es también lo que pretende el bioquímico JM Mulet con su último libro, 'La ciencia en la sombra' (Destino, 2016), en el que analiza los crímenes más célebres de la historia y el cine bajo la lupa de la química, la biología y la antropología.

Nos reunimos con Mulet en la cafetería de un hotel, aprovechando su visita por Madrid, para hablar de estos 'casos y cosas' que tanto nos fascinan y de cómo los investigadores trabajan para desvelar la verdad y acallar rumores y teorías de la conspiración. En su libro, el investigador entremezcla la rigurosidad con, por qué no, una buena dosis de humor negro, tan necesaria para los profesionales que conviven con estas imágenes.¿Qué puede decirnos la ciencia sobre la muerte? Según el escritor, y siempre y cuando sepamos seguir las pistas, casi todo.

Esto no siempre fue así. La ciencia forense es muy reciente: el primer laboratorio moderno de esta especializad se inauguró en Lyon (Francia) en 1910. La primera persona condenada por culpa de una huella dactilar entró en la cárcel hace un siglo en Argentina. El primer condenado por un asesinato gracias a una prueba de ADN lleva preso desde 1986. "Todo es nuevo pero ha ido muy rápido: hoy podemos resolver crímenes que hace cincuenta años ni imaginábamos", señala Mulet en referencia al famoso Jack el Destripador. El asesino de Whitechapel no se habría ido de rositas de haber existido la biología molecular por aquel entonces. Otras dudas históricas, en cambio, sí han podido quedar resueltas gracias a la genética.

Hitler y los Romanov

En 1918, la familia del zar de Rusia era fusilada. Las leyendas nacidas de ese día aseguraban que Anastasia Romanov había sobrevivido. "Desde entonces unas treinta personas han declarado ser la princesa", comenta Mulet. Las películas alimentaron esta teoría hasta que, en 2007, el análisis de ADN de los restos encontrados en una fosa común zanjaban la cuestión: ningún miembro de la familia real rusa sobrevivió a esa mañana de 1918.

Algo similar ocurrió con Hitler, del que algunos aseguran que sobrevivió a la guerra mientras que otros afirman que un fragmento de su cráneo terminó en un museo moscovita. Ni una cosa ni la otra: "La calavera expuesta era de una mujer. Estamos bastante seguros de que sus restos fueron llevados a Alemania del Este en los 70, pulverizados y tirados al río para que no quedara rastro de él", explica Mulet.

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El ADN extraño de Asunta

Breaking Bad © Proporcionado por El Confidencial Breaking Bad Las pruebas de ADN tienen un margen de error muy bajo pero, según aclara Mulet, pueden fallar si se contamina la muestra en el laboratorio. Es lo que sucedió al comienzo del caso de Asunta Basterra: "Primero fue acusada una persona que ni había estado en Galicia", explica el investigador. ¿Qué había pasado?

Según explica en su libro, este primer acusado estaba siendo investigado por un delito de violación, y había una prueba de ADN suya en el mismo laboratorio... que contaminó la de Asunta. Esta persona llegó a ser detenida y encarcelada antes de que el error se subsanase.

Otro error conocido es el del primer informe del caso de José Bretón, que ahora cumple condena por el asesinato de sus hijos. Al principio, los huesos encontrados en la hoguera se atribuyeron a animales, hasta que un antropólogo forense vio las imágenes por la televisión y dijo que eran de niño. Como en el caso de Asunta, un error humano "grave e imperdonable" puede empañar hasta la metodología científica más rigurosa.

El niño de Somosierra y 'Breaking Bad'

En la serie 'Breaking Bad' los protagonistas usan ácido fluorhídrico para deshacerse de los cadáveres que dejan a su paso. Pero este químico es caro, difícil de conseguir y además resulta incapaz de disolver un cuerpo humano. La alternativa real más utilizada a lo largo de la historia ha sido el famoso ácido sulfúrico.

"Es una forma clásica y muy efectiva, pero necesitas unos cincuenta litros y no siempre funciona", comenta Mulet. Las ventajas: deshace la materia orgánica hasta el punto de poder tirar un cadáver por el desagüe. Ejemplos reales no faltan: John George Haigh, más conocido como 'el asesino del baño de ácido', seducía a viudas para matarlas y robarles. Este inglés eliminaba las pruebas con ácido sulfúrico. ¿El problema? Que este compuesto químico no pudo disolver los empastes y cálculos biliares de una de sus víctimas. Una vez la identificación tuvo éxito, Haigh terminó en la horca.

Más misterioso es el caso del niño de Somosierra, que ha alimentado todo tipo de teorías. En 1986, Juan Pedro Martínez y sus padres viajaban a bordo de un camión que, tras sufrir un accidente... sólo dejó dos cadáveres. ¿Dónde estaba el pequeño Juan? Desde secuestros a alienígenas, en internet pueden leerse todo tipo de teorías.

Mulet explica el final más razonable de la historia: "El padre transportaba una cuba de 10.000 litros de ácido en el camión, y hablamos de un niño de nueve años". En otras palabras, el cuerpo del pequeño debió caer en la parte de la calzada que quedó inundada por el ácido, un río corrosivo que no dejó ni rastro del cadáver. "Me inclino a pensar que se deshizo, es lo más plausible, no es tan fácil esconder a un niño...".

Hígado mentiroso, polen chivato

© Externa La ciencia puede obtener información de un cadáver de muchas fuentes. La forma más conocida para saber la hora de la muerte es medir la temperatura del hígado, un método que Mulet descarta por poco fiable: "Tiene muchos errores, es más seguro ver el contenido de potasio del líquido del interior del ojo". El método hepático funciona, pero depende de demasiados factores como la temperatura ambiente y la ropa del cuerpo.

Por otra parte, el ADN no es el único 'chivato' capaz de revelar a un asesino. Un criminal puede ser localizado de la forma más insospechada y Mulet pone el ejemplo más extraño: el polen. "Si el sospechoso tiene polen que concuerda con la escena donde se cometió el asesinato puede servir para implicarle".

CSI contra el Mentalista

Mulet no olvida los mejores casos de ficción, de los que podemos aprender mucho. En su opinión, la mejor serie desde un punto de vista científico es 'CSI': "Cometen fallos pero se basan en casos reales y tienen un buen equipo de asesores". Como puntos negativos, destaca que los protagonistas ni siquiera sepan coger una pipeta de laboratorio correctamente. Pero lo importante para el bioquímico es que la serie de Grissom y compañía "se basa en las pruebas, los análisis y la ciencia".

Al otro lado del ring se encuentran 'Castle' y 'El mentalista'. "No cogen huellas ni hacen análisis de ADN. No hace falta ciencia con el mentalista, él lo hace todo", critica Mulet. Aunque el autor tiene claro el valor de series como 'CSI': "Han despertado intereses y vocaciones. La aportación más interesante que ha hecho es que explica cómo se usa la ciencia para resolver crímenes".

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