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De Neymar, el guaraná y los indígenas brasileños

El Mundo El Mundo 18/06/2014 YASMINA JIMÉNEZ

Durante un mes estuvo Neymar riéndose de los amigos que querían viajar a Brasil y no sabían pedir guaraná. Ese fue el tiempo que duró en las televisiones brasileñas el en el que el futbolista enseñaba a pedir la bebida en portugués con expresiones absurdas. Casi todo el mundo reconoce al jugador del Barça, pero menos son los que saben que el guaraná es un estimulante natural que los brasileños le deben a los indígenas que lo llevan preparando desde hace siglos. Los blancos tuvieron conocimiento de la bebida por primera vez en 1669 cuando entraron en contacto con el pueblo sateré mawé. No era gaseosa, como la que hace Guaraná Antártica, patrocinadora del Mundial y de la selección brasileña, pero siempre se usó como fuente de energía extra, en el caso de los indígenas, para cazar.

Grande es el legado que han transmitido los pueblos originarios a los brasileños, como el nombre del estadio Maracanã o el de Manaos, y muy poco lo que han recibido ellos a cambio, además de destrucción de sus territorios y muerte. Ahora, los pocos que quedan -unos 900.000: el 0,4% de la población brasileña- también quieren aprovechar el Mundial para recordar que el estado tiene una cuenta pendiente con ellos: el verdadero reconocimiento de sus tierras.

Directamente afectados por el torneo -cuando se iniciaron las obras de reconstrucción del Maracanã se expulsó a un grupo de 70 indígenas que ocupaba una mansión abandonada del siglo XIX y que había sido el primer instituto de investigación cultural indígena de Brasil en 1910- decidieron unirse antes del Mundial a las manifestaciones que sacuden el país para reclamar al Gobierno de Dilma Rousseff que solucione los problemas internos antes de invertir fortunas en fútbol.

No es que no protestaran antes, lo llevan haciendo desde hace mucho tiempo, pero ahora es el momento para dar visibilidad a su realidad sangrante. Como explica el Nixiwaka Yawanawá, indígena brasileño que trabaja con la organización , "las protestas vienen sucediendo desde hace años y van a continuar por muchos años más hasta que seamos oídos. Pero por el evento de la Copa del Mundo los ojos internacionales están puestos en Brasil. Es una oportunidad única de mostrarle al mundo nuestra situación a través de las movilizaciones contra la violación de nuestros derechos".

Con su propio cuerpo

Durante la se mostró a los indígenas como parte de la diversidad cultural del país. En la aldea Tekoá Mirim -a 70 kilómetros de la ciudad más rica de Brasil, São Paulo- unos 60 guaraníes muestran otra cara de estos pueblos, que nada tiene que ver con la imagen que se vendió al mundo entero el día 12. Luis Karaí explica las necesidades de su comunidad: "La lucha por el respeto de nuestros derechos se siguen centrando en tres puntos importantes: demarcación de tierras, educación y sanidad. Para tener un pedazo de tierra para sobrevivir, muchos de los nuestros han tenido que pagar con su propio cuerpo".

Sólo hace cuatro años que llegaron, tras ser acorralados y finalmente expulsados de donde vivían antes, y comenzaron a construir una tekoá mirim (aldea pequeña en guaraní) con cuatro casas de madera mal aisladas. Ninguno de los derechos indígenas que recoge la Constitución brasileña se cumple aquí. La pobreza se ceba con todos, pero especialmente con los niños más pequeños, que se pasean sucios y curiosos entre las casas destartaladas. La asistente social Rosana Marques, que dedica su tiempo libre a intentar ayudar a esta comunidad, se siente desesperada por lo poco que han avanzado en estos años. "Siento vergüenza, vergüenza por este estado que es capaz de tenerlos así. Aunque pese a todos los problemas, cuando ves a estos niños, sus caras, sus sonrisas... es como un puñetazo a la cara del gobierno", explica emocionada mientras conduce su coche hacia el asentamiento guaraní.

Ahora han montado una escuela en el pueblo y dos adolescentes de la comunidad imparten clases al resto de menores. La educación es otra forma de seguir con la lucha, según asegura Karaí: "Ya no existe el que esclavizó o mató al indio, sólo sus descendientes. Hoy, lo que nos está matando es el bolígrafo y el indio se está preparando para luchar también con el bolígrafo".

La organización defensora de los indígenas Survival informa que "cuando los primeros colonizadores europeos llegaron en el año 1500, lo que ahora es Brasil lo habitaban unos 11 millones de indígenas de alrededor de 2.000 tribus diferentes. Durante el primer siglo de contacto el 90% resultó aniquilado, principalmente a causa de las enfermedades portadas por los colonizadores, como la gripe, el sarampión o la varicela. En los siglos siguientes, miles más murieron esclavizados en las plantaciones de caña de azúcar y caucho".

© Proporcionado por elmundo.es

La FIFA ni siquiera reconoce que los indígenas ya estuvieran allí cuando llegaron los europeos. En su página oficial cuenta que "se considera al portugués Pedro Álvares Cabral como el descubridor de Brasil". El líder indígena yanomami Davi Kopenawa se indigna y recuerda a los europeos que la tierra siempre estuvo ahí: "Hoy los blancos gritan: 'nosotros descubrimos la tierra de Brasil'. Esto no es más que una mentira. Existe desde la época en que Omame, el creador, nos creó a nosotros y lo demás. Nuestros antepasados han conocido esta tierra desde siempre. [...] Yo no digo que he descubierto esta tierra porque mis ojos posen la vista sobre ella, y que por tanto la poseo. Siempre ha estado ahí, antes de todos los tiempos. Yo no digo 'he descubierto el cielo'. Tampoco grito '¡He descubierto los peces y he descubierto los animales!'. Siempre han estado ahí desde el principio de los tiempos."

Su felicidad

Los indígenas brasileños se enfrentan a varios problemas, pero la raíz de todos ellos se encuentra en la tierra. Actualmente en Brasil viven . "El Gobierno ha reconocido 690 territorios para sus habitantes indígenas, que abarcan aproximadamente el 13% de la superficie del país. Casi toda esta reserva territorial (el 98,5%) se ubica en la Amazonia. Pero, aunque aproximadamente la mitad de los indígenas de Brasil viven fuera de la Amazonia, estas tribus solo ocupan el 1,5% del total del territorio reservado para los indígenas en el país", según Survival. Cuando no es el monocultivo, es la minería; cuando no, los grandes terratenientes... los intereses en sus tierras son demasiados para cederlas a sus verdaderos dueños.

Tratados de pobres y primitivos se desprecia el conocimiento de los nativos, porque no saben leer nuestros idiomas o viven sin electricidad y lejos de las ciudades, pero los yanomamis defienden que su "sabiduría no es inútil, es la sabiduría de la Tierra, y es de vital importancia para que la humanidad pueda seguir existiendo".

"No nos vamos a rendir, vamos a seguir luchando", afirma el guaraní Luis Karaí. Vestido con la camiseta del Corinthians, su equipo de fútbol, asevera -más con tristeza que con rabia- antes de despedirse: "Soy brasileño, seguidor de la selección de mi país, pero esta vez espero que pierda, porque el gobierno puso mucho dinero en eso y se olvidó de todo lo demás. No merece ganar".

La clave para comprender la lucha de estos pueblos pasa por su forma de entender el mundo. El Libro 'Somos uno', publicado por Survival, lo resume así: "La tierra para los pueblos indígenas no es meramente un paisaje bonito o un lugar para escaparse el fin de semana. Es su despensa, su guía, su felicidad: su fuente de vida". Lo que para otros, sin duda, viene siendo el fútbol.

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